La Misericordia y la Accesibilidad de Jesús

Lucas 18:35-42 nos cuenta la historia de un ciego que se sentó al lado del camino cuando una multitud pasa por allí. Él tiene curiosidad por la razón de aquella conmoción y le dicen que Jesús de Nazaret pasará por alli. Él clama a Jesús pidiendo misericordia pero inmediatamente es reprendido y se le manda callar por los que dirigen la marcha. En su desesperación, él clama aún con más fuerza: “Hijo de David,
ten misericordia de mí!”. Jesús le responde y le restaura la vista.

En julio de 2005, yo estaba en la unidad de cuidados intensivos de un hospital en el estado de Colorado clamando esta misma súplica. A diferencia de aquel hombre ciego, nadie me podía escuchar porque yo tenía un tubo para respirar insertado en mi garganta, y no podía emitir ningún sonido audible. Sin embargo, yo sabía y creía con todas las fibras de mi ser que el mismo Jesús me habia escuchado y tenía misericordia de mí.

Mi esposo Aarón y yo habíamos participado en una trágica volcadura de automóvil en aquel verano. Viajábamos por una carretera de dos carriles en nuestro convertible rentado con la capota recogida. Aarón se vio forzado a realizar una maniobra peligrosa para evitar impactarse contra un camión que se había detenido frente a nosotros. Nuestro automovil se fue dando tumbos a través de un sembrado,cayó en una zanja que nos lanzó al aire, nuestro auto cayó con las ruedas hacia arriba en el otro lado del camino,ambos atrapados en su interior.

Yo quedé colgada del cinturón de seguridad, mi cabeza presionada contra el suelo, mi barbilla pegada al pecho, bloqueando mis vías respiratorias. Recuerdo haber visto mis piernas y tenía la idea de que habían sido arrancadas, pues no las sentía. Al darme cuenta de lo que habia sucedido, le dije a Aarón: “Me rompí el cuello”.

Mi cuello se había roto, mi espina dorsal estaba hecha pedazos, lo que me dejó paralizada de mis hombros para abajo. ¡Había quedado cuadrapléjica!.

Por casi seis meses estuve en un hospital de rehabilitación, tratando de aprender las habilidades necesarias para reincorporarme al mundo “real” como una persona diferente, en una silla de ruedas, muchas puertas anchas, ahora me parecían angostas, las cuestas eran más inclinadas, las personas, más altas, los bordos eran más altos, los escalones, las escaleras, por todas partes había barreras.

Atenciones Incómodas
Frecuentemente las personas que tratan de ser gentiles y amables terminan sonrojándose conmigo al ser yo la receptora de tanta atención y curiosidad. Cualquier sentido de anonimato e independencia habían desaparecido. Como una persona independiente e introvertida a quien no le agrada ser el centro de atención, este cambio fue traumático. Así como hay consecuencias físicas y emocionales al convertirnos en personas diferentes a los demás, también hay consecuencias sociales.

Me di cuenta que las demás personas se sentían incómodas conmigo, sólo por el hecho de que yo me sentía incómoda al ser confinada a una silla de ruedas. Siendo yo una pastora, esto era extremadamente difícil. Yo era de fácil palabra hacia los demás, y era considerada una persona agra-dable en el trato. Pero ahora la gente no sabía como actuar u orientarse físicamente a mi alrededor. Ya no podía estrechar las manos como antes.

El respaldo de la silla para mi cabeza me hacía imposible poder dar abrazos, así que muchas personas me daban palmaditas en la cabeza, o me daban un beso en la mejilla. En lugar de ponerme en frente de mí para sostener una conversación, se ponían a un costado, o ligeramente atrás de mí. Debido a que el volumen de mi voz se vio afectado por mi parálisis, y por tener qué permanecer sentada, estaba por debajo de los demás, casi no podían escuchar mi voz.

Accesibilidad Inclusiva
La iglesia de la que yo formaba parte de su personal, y a la que aún asisto estaba remodelando la fachada del santuario cuando sucedió nuestro accidente. Cuando vimos que mi situación sería permanente, se incluyó una rampa en el diseño para que yo pudiera tener acceso a la plataforma cuando me tocara hablar. Me emocioné tanto por la sensibilidad de aquel gesto. Me hizo pensar en dos cosas: (1) Estas personas siguen pensando que yo tenía algo qué decir a pesar de mi condición física. (2) Ellos me querían incluir en el ministerio. Me dieron accesibilidad e inclusión.

En Lucas 14:12-14, Jesús dijo: “Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos, a su vez te inviten y así seas recompensado. Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos”.

Realmente yo solo puedo hablar de mí misma ya que hay una gran cantidad de diferentes clases de incapacidades. Pero como pastora que ha estado del lado con las personas “normales” en el ministerio, y también del otro lado del ministerio, he observado que a menudo la iglesia no invita a “los pobres, a los inválidos y a los ciegos” como Jesús lo mandó.

Es posible que se haya programado una oración especial o un servicio de sanidad, estas personas deben ser invitadas. Pero incluir a los discapacitados — simplemente para compartir en su pere-grinaje de fe e involucrarse en las vidas de los demás — no es algo común en muchas iglesias.

La mayoría de las iglesias hacen el intento de proporcionar accesibilidad física. Instalan rampas, Se amplían los cubículos para los baños y se marcan espacios para aparcamiento. Sin embargo, como las iglesias están exentas de cumplir con los estándares del Acta Estadounidense de Invalidez (ADA, por sus siglas en inglés), muchas iglesias dejan totalmente de construir iglesias accesibles. Muchos otros edificios necesitan elevadores. Algunas rampas son demasiado inclinadas, las puertas son muy angostas. Los dinteles de las puertas son demasiado altos. No hay indicadores para invidentes. Muchos santuarios tienen secciones para sillas de ruedas, pero usualmente se encuentran en la parte posterior, de modo que la vista se bloquea cuando la congregación se pone de pie. Hacer un santuario totalmente accesible puede resultar muy costoso, pero Jesús dijo: “Aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos”.

El mejoramiento de la eccesibilidad por medio de la remoción de obstáculos e incluyendo a los pobres, los inválidos, los cojos y los ciegos es un tema que vemos a través de todo el ministerio de Jesús. Zaqueo era demasiado bajo de estatura, de modo que resolvió el problema de la barrera de la muchedumbre subiéndose a un arbol; la mujer con flujo de sangre resolvió su problema acercándose entre la multitud y tocando el borde del manto de Jesús; los amigos del hombre paralítico resolvieron la barrera de la muchedumbre haciendo un orificio en el techo.

Cuando nosotros hacemos las iglesias más accesibles, en un sentido, estamos haciendo a Dios accesible. Nuestros hermanos y hermanas descapacitados ya tienen suficientes barreras qué vencer en vida diaria. ¿Por qué no hacer de nuestras iglesias lugares libres de barreras incluyendo y valorando a todas las personas?

 

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