La Mentalidad Misional No Es Fácil

La idea de una familia verdaderamente misional es difícil de que nos penetre en la mente.

Solamente cuando ponemos a Cristo en el centro de nuestras vidas podemos esperar realizar el trabajo terrenal al que Él nos llama.

Los padres pueden animar a sus hijos, exponerlos a las enseñanzas de Jesús y llevar vidas de excelente testimonio cristiano, pero no pueden garantizar que sus hijos aceptarán sentarse a la mesa con Cristo.

En ningún lugar esta incertidumbre se refleja mejor que en el material guardado en colecciones religiosas. Al igual que algunos diarios y cartas detallan historias inspiradoras de cristianos de la tercera y cuarta generación, otros documentan la triste aunque familiar historia de hijos amargados por los sacrificios demandados de ellos por sus padres cristianos. Algunos hijos nunca abrazan la fe de sus padres.

En “Santos Populistas: B.T. y Ellen Roberts y los Primeros Metodistas Libres,” Howard Snyder escribe, “Parece que en sus últimos años George (Roberts, uno de los cuatro hijos de B.T. y Ellen) se hizo miembro de la iglesia episcopal; no es seguro si alguna vez entró a una fe cristiana vital.” En una carta a su esposa, George escribió una vez: “Me temo que nunca me convertiré en cristiano.”

Las diferentes interpretaciones de las Escrituras añaden a las complejidades. ¿Cómo deciden los padres dueños de dos carreras profesionales bajo cuál yugo enganchar sus ministerios individuales? Una vez escuché a un congregante regañar a la esposa de un pastor por no ser más la “ayuda idónea” para su esposo. La joven madre de dos niños, también médico, respondió que, como su esposo, ella también tendría què dar cuenta a Jesús por lo que ella hubiera hecho de su vida.

La familia misional demanda un delicado balance, el cual parece estar más allá de mi alcance. Yo encuentro mi consuelo en las “olas retrocediendo” de San Agustín o la mirada de Moisés a la Tierra Prometida. Tener una familia misional puede parecer imposible de alcanzar, pero vale la pena intentarlo.

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