La Membresia es Importante

El año de 2004 invité a algunos pastores en Guatemala a unirse a la Iglesia Metodista Libre. Después de algunas reuniones le di a cada uno de ellos una copia del “Libro de Disciplina” y les pedí que la leyeran para ver si estaban de acuerdo con los Artículos de Religión, la Historia y Política, y el Pacto de Membresía.

Cuando nos volvimos a reunir más tarde, me dijeron, “Este libro es nuestro libro; esta iglesia es nuestra iglesia,” y decidieron unirse al movimiento Metodista Libre. Así se inició el peregrinaje Metodista Libre en Guatemala.

En 1997, la Iglesia Metodista Libre — USA cambió su Pacto de Membresía, de una lista de obligaciones y prohibiciones a una serie de principios basados en metas y expectativas. Incluye nuestra relación con Dios, nuestra relación con nosotros mismos y con otros, nuestra relación con las instituciones de Dios, y nuestra relación con la iglesia. La idea es crear un compromiso más profundo con Jesucristo por medio de experimentar la gracia y la verdad dentro de una comunidad de fe.

El preámbulo del Pacto de Membresía dice: “Los miembros de la Iglesia Metodista Libre aceptan los principios del Pacto de Membresía para que su vida madure en Cristo. Juntos se comprometen a obedecer las enseñanzas de la Escritura. Además, reciben la sabiduría de la iglesia como una pauta para sus vidas.   Bajo la dirección de las Escrituras y la sabiduría de la iglesia, le dan la bienvenida a la obra del Espíritu para que sus vidas lleguen a ser como la de Cristo.”

No todos estuvieron de acuerdo con este cambio. Recuerdo haber mostrado esto a un ministro Metodista Libre jubilado cuya respuesta fue: “Bueno, ¡por allí se fue la Iglesia Metodista Libre!” Sus gestos y su tono de voz revelaban que no se sentía feliz.

La idea anterior de la Iglesia Metodista Libre acerca de la membresía era seguir algunas reglas bien definidas de conducta cristiana que mantenían la disciplina de la iglesia y un testimonio santo, ayudaban a guiar a los miembros a la piedad. Los líderes llamaban a estas reglas “prudenciales.” Las personas eran enseñadas a que si guardaban estas reglas estaban viviendo una vida santa. Por muchos años, todos sabían lo que se debía hacer para ser un miembro, pero la membresía dividía a las personas en lugar de unirlas.

Las modificaciones habían remplazado a la transformación; la ley había remplazado a la gracia. Los cursos de membresía fueron diseñados para lograr conductas sociales aceptables, pero la enseñanza no prevenía contra el legalismo, enfrentar al pecado era tener la actitud de decir “yo soy más santo que tú.” Algunas personas decidieron no unirse a la Iglesia Metodista Libre debido a lo que consideraban la hipocresía de algunos de sus miembros.

Mi propio proceso de llegar a ser un Metodista Libre hizo a muchos fruncir el ceño y generar afirmaciones como ésta: “Tú no puedes ser un Metodista Libre porque eres demasiado carismático. … Demasiado católico. … Demasiado distinto” Alguien inclusive me dijo  que yo era un Metodista Unido renegado y que nunca llegaría a ser un verdadero Metodista Libre, no obstante, me uní a la iglesia.

El Pacto de Membresía de la Iglesia Metodista Libre es uno de los mejores documentos que han aparecido en nuestra iglesia. Se trata de relaciones de pacto (Éxodo 20–23), conexiones con el reino (Efesios 4–5), orden en la comunidad (1 Corintios 12–14), y santidad de vida (1 Pedro 1–2). Es una confesión de fe de que los Metodistas Libres serán como Cristo en todo lo que dicen y hacen. Es una guía para el peregrinaje cristiano basado en los principios wesleyanos de gracia, santidad y seguridad.

Perspectiva Historica
En un mundo perfecto, la membresía sería el resultado de la formación espiritual y la obediencia, pero la historia ha conformado nuestra manera de pensar y reaccionar con relación a la membresía. La iglesia del Nuevo Testamento heredó algunas características de la fe judía. En el concilio de Jerusalén en Hechos 15, estas características fueron redactadas para animar a los cristianos gentiles a crecer en la gracia de Dios.

La Didaché (un escrito primitivo cristiano conocido algunas veces como “Las Enseñanzas de los 12 Apóstoles”) nos dice cómo la iglesia del primer siglo usaba el catecismo para preparar a los nuevos cristianos para la membresía por medio del bautismo, la comunión, la oración y ayuno. Los cristianos de los siglos segundo y tercero sabían que unirse a una iglesia significaba persecución, tortura, e incluso la muerte. A menudo la membresía llevaba al martirio.

Cuando el cristianismo se volvió la religión oficial del Imperio Romano en el siglo cuarto, la membresía cambió de ser una comunidad cerrada a una institución abierta y a la moda. Las personas se unían a la iglesia porque era lo del momento. A través de toda la Edad Media, se usaba la confirmación como la puerta de entrada a la membresía de la iglesia, cosa que los líderes supervisaban de manera muy estricta.

La Reforma Protestante puso un desafío a la manera en cómo la iglesia estaba organizada y volvió a poner el énfasis en la justificación por la fe, el resultado fue una iglesia nueva por grupos que se formaban con membresía por medio de la cual se distinguía entre doctrinas, comunidades y naciones. Juan Wesley, el fundador del movimiento Metodista del siglo 19, insistía en un discipulado de pactos por medio de la santidad, y animó a sus miembros a desarrollar un carácter de Cristo por medio de la santidad. En el siglo 19, se fundó la Iglesia Metodista Libre cuando los derechos de B. T. Roberts y sus simpatizantes fueron violados en un esfuerzo por obstaculizar su desafío al statu quo de la Iglesia Metodista Episcopal.

La primera generación de Metodistas Libres predicaba la santidad escritural y declaraba la libertad de adoración, libertad de la esclavitud, y libertad para que todos pudieran servir en el ministerio. Desafortunadamente, la segunda generación de Metodistas Libres a principios del siglo 20 enfatizó una santidad exterior y utilizó la membresía para crear una cultura de los que estaban adentro, y de los que estaban afuera. En 1985, el Obispo Donald N. Bastian resumió las convicciones básicas del Metodismo Libre y ayudó al lanzamiento de la Visión de un Nuevo Día, que enfatizaba “una comunidad sana de genta santa multiplicando discípulos, líderes, grupos e iglesias.”

 

Jeffrey P. Johnson es el director ejecutivo de Ministerios de Varones Internacional (mmifm.org), el Superintendente de la Conferencia Mid America, es miembro de la Junta Administrativa de la Iglesia Metodista Libre – USA.

Cimientos Solidos
La Iglesia Metodista Libre no es el único grupo que lucha con la historia de la membresía y la manera en cómo las personas son invitadas a un pacto de membresía, pero hemos recorrido un largo camino. Para que una persona parta de la conversión al discipulado, y eventualmente al ministerio, debe fundar su fe en un cimiento sólido.

El Pacto de Membresía de la Iglesia Metodista Libre les proporciona el espacio donde el amor y la fe pueden venir juntos por medio de la gracia de Dios. Les da libertad a aquellos que creen, y expectativas para aquellos que son santificados. No está exento de riesgos, pero es Dios, el evangelio y la gracia.

Juan Wesley siempre procuró maneras de invitar a otros al peregrinaje de la fe. En “El Carácter de un Metodista,” escribió:
Por opiniones o condiciones, no destruyamos la obra de Dios. ¿Amas y sirves a Dios? Es suficiente, Te doy mi mano derecha de la comunión. Si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna … misericordia, peleemos juntos por la fe del Evangelio; siendo dignos de la vocación con que fuisteis llamados; con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándonos los unos a los otros en amor, procurando la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; recordando que hay un cuerpo y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación ”un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y Padre de todos, y en todos.”

 

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