La Marca del Amor

El mundo nunca ha estado más orientado al consumidor o al manejo de marcas como lo está en la actualidad. Si comienzo a nombrar marcas, es probable que algún tipo de jingle publicitario vendría a mi mente desde uno de papas fritas al de suavizantes de telas, o seguros para casas. Mientras compramos, buscamos logotipos reconocidos en los electrodomésticos, fotografías en las tazas de café e insignias en los automóviles.

Una marca es la calidad que esperamos cuando abrimos una lata, cortamos un envase de plástico, pedimos otra taza de café caliente, o presionamos el acelerador. Creo que si Dios tuviera una marca para nosotros, sería la del amor. Juan 13:35 dice que con el amor es cómo el mundo sabrá que somos discípulos de Jesús.

El amor es un trabajo interno. El Apóstol Pablo vivió un tiempo una vida marcada por el legalismo. Él quizá tenía una marca con buena vista exterior, pero como una Oreo sin relleno, carecía de lo bueno—lo vital, definitivamente, la sustancia interna que Dios desea. Conocemos su historia. Pablo encontró a Jesús en el camino a Damasco. Pablo, un hombre quien celosamente llevó la justicia como un sistema de leyes y requerimientos, más tarde explicó que incluso los más extremos actos de justicia no significan nada sin amor. (1 Corintios 13)

Más profundamente que cualquier tatuaje, el ser entero de Pablo estaba estampado con la marca del amor salvífico de Cristo. Imagino a Pablo, el dotado autor, intentando varias aproximaciones para explicar este amor y, finalmente, en gozosa desesperación, garabateó en su pergamino que el amor de Dios  “excede a todo conocimiento” (Efesios 2:19). ¿Cómo describirías tu un amor que pone al revés tu punto de vista acerca del mundo?

Pablo no pudo guardárselo para sí. Oró para que fuésemos capaces de captar “cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo” y fuésemos “llenos de la plenitud de Dios” (Efesios 3:18-19). En Filipenses 1:9-11 Pablo oró para que nuestro amor “desborde cada vez más” y que nosotros “sigamos creciendo en conocimiento y entendimiento” de manera que  “entendamos lo que realmente importa” y “llevemos una vida pura e intachable hasta el día que Cristo vuelva”, que seamos “llenos del fruto” de nuestra “salvación —es decir, el carácter justo que Jesucristo produce en nuestra vida—“ (NTV).  ¿Por qué era el amor tan importante para Pablo? Él entendió la importancia de una calidad consistente en el interior.

Los metales preciosos son grabados con un sello que indica su pureza. Nuestro amor por Dios se profundiza. Su autenticidad es probada cuando interactuamos con otros. Mientras crecemos en el refinador proceso de la gracia y la misericordia, nuestras respuestas muestran que Dios nos está haciendo santos. Más y más, nosotros mostramos que “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7).

La forma en la que los de afuera de la iglesia conocen el amor de Dios es ver como actuamos cuando somos desafiados en maneras como nunca antes. Pablo indica que el amor nos toma donde el carácter es probado, y nosotros escogemos “el camino más excelente” (1 Corintios 12:31). En estos lugares de decisión, la marca de Dios se profundiza.

Para mi, uno de estos lugares es interactuar con personas de religiones no ortodoxas—algunas de las cuales yo había visto anteriormente como “enemigos”. Me he sentido inadecuado. Ahora entiendo porque Jesús dijo que oráramos por nuestros “enemigos” (Mateo 5:44). Orar personalmente involucra nuestros corazones. Muestra cómo Dios nos ayuda a hacer a un lado nuestros prejuicios para ver que nuestros “enemigos” son personas a las que Cristo alcanza a amar a través de nosotros.

Si, como decía Martin Luther King Jr.: “el amor es la única fuerza capaz de transformar a un enemigo en un amigo” (fmchr.ch/mkingjr), entonces orar es la fuerza que lo hace posible. Orar invita a Jesús a nuestra necesidad de cambio de corazón. Cuando oramos, la marca de Jesús se hace más y más profunda en nuestras vidas, sellándonos indeleblemente. Cuando nosotros, como Pablo, “seguimos adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús nos alcanzó” (Filipenses 3:12), tenemos fe de que Dios es capaz de hacer “muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros,” (Efesios 3:20). Y más y más, cuando el mundo que nos observa abre nuestras vidas para ver lo que hay dentro, verán la marca del amor de Cristo, la marca de la manufactura de Dios en nosotros (Efesios 2:10).

Tammy Bovee es graduada de la Universidad Spring Arbor, compositora de cantos y escritora independiente para periódicos y revistas. Actualmente escribe un libro en el que comparte invaluables lecciones de lo que Dios les ha enseñado, a través de su matrimonio, a ella y a su esposo, Jeff Bovee, graduado del Colegio Greenville.

PARA DISCUSIÓN:

1. ¿Qué papel tiene la cruz de Cristo al poner nuestras vidas la marca del amor? (Lucas 9:23)

2. ¿Cómo comunicamos la marca de Cristo a aquellos que nos rodean?

3. ¿Quiénes son nuestros “enemigos” y cómo podemos comprometernos a orar por ellos e ir a donde Jesús nos guíe?

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