La Lucha en el Cambio

La creación del mundo y todas sus criaturas requirieron cambio, mucho cambio. Dios vio belleza, propósito y posibilidad en traer algo nuevo y diferente.

Pero nosotros tendemos a resistir, algunas veces con un resultado destructivo. Tendemos a querer aferrarnos a lo que conocemos, lo familiar, lo que es común y se siente fácil. Nos gusta lo predecible, siempre comprando palomitas de maíz en el cine o esa misma marca de calcetines. El reto con esto es que estamos aquí para crecer y glorificar. No estamos aquí para permanecer sólo como somos.

He recorrido el mismo camino a mi trabajo por 12 años – las mismas calles, doy la vuelta en las mismas esquinas, me paro en los mismos semáforos. Es fácil para mí ensimismarme y solamente usar el músculo de la memoria. La semana pasada, una obra de construcción me llevó tres cuadras más lejos hacia el oeste – no era un gran problema pero sí una pequeña irritación. Me doy tiempo extra para manejar al trabajo así que sabía que todo iba a estar bien. De todas maneras llegaría a tiempo, y mañana regresaría a mi vieja ruta. Pero manejando sobre esta calle diferente, solamente tres cuadras a mayor distancia, me di cuenta que las luces de los semáforos cambian más rápidamente que en mi camino rutinario. No permanecía sentada por el mismo tiempo en cada luz, y no me perdía en mí misma. Me mantuve presente viendo tiendas nuevas, nuevos rostros y un tipo de árbol – el cuál no estaba en mi ruta usual –cubierto de flores de un color coral brillante. Debido a que los semáforos cambiaban más rápidamente, aún desviándome, llegué a la oficina en menos tiempo que antes.

Entonces una pregunta viene a la mente: si nos aferramos a nuestra rutina, nos permitimos reaccionar y responder de la manera en la que nos sentimos más cómodos, y no tomamos riesgos o nos desafiamos más allá de lo que conocemos, ¿cómo vamos a permitir que Dios tenga poder y soberanía sobre nosotros? Es solamente en nuestra entrega que estamos seguros. Es solamente en nuestra voluntad de ser más como Cristo que crecemos como él lo ha planeado. La Gran Comisión consiste en ir a las regiones profesando Su nombre.

Muchas personas en la Biblia se sintieron suficientemente desesperadas o deseosas de conocer a Cristo que una vez decidieron, de una manera diferente. La mujer con el flujo de sangre, el leproso, y María derramando su aceite perfumado sobre los pies de Jesús en adoración son todos ejemplos de audacia que traen cambio y bendición. Dios nos dio libre albedrio para animarnos a que deseáramos cambiar, volvernos de nuestra humanidad (nuestros pecados) y escogiéramos seguirlo a Él. Decidir por Dios es un cambio, una transformación al alinearnos para cambiar en lo que Él desea.

Yo tengo una maravillosa oportunidad como psicoterapeuta, de trabajar con gente frustrada, dolida o confundida en su vida. Ellos acuden a mi reconociendo que necesitan cambio, para aprender algo nuevo, para experimentar de modo que sus vidas tengan más calma, sin tanto tropiezo, más sanas y, al mismo tiempo, glorificadoras. Los pasos que ellos deben dar pueden ser aterradores, difíciles, y ciertamente incómodos.

Yo trabajé con una mujer que tenía fobia de los elevadores. No entraba a un edificio si había un elevador. Eso no suena tan aterrador, pero si te empiezas a fijar, la mayoría de edificios de dos o más pisos tienen elevadores. Empezamos nuestro trabajo explorando la historia en torno a su miedo y sus habilidades actuales para enfrentarlo a fin de desarrollar una estrategia para ayudarla a vencer. Le mostré fotos, recorrimos el exterior de algunos edificios, y paso-a-paso la ayudé a ir más allá del miedo. Del principio al fin fue un proceso de una semana. Recorríamos el edificio, mirábamos el elevador, tocábamos la puerta y el botón, poníamos un pie dentro y luego ambos. Poco a poco la hice introducirse más y más para ayudarla a encontrar una nueva fuerza y centro, que se sintiera más libre y calmada como es la promesa de Dios. Aprendió a alinearse de manera diferente en su interior. Vio que cuando se centraba sobre sus temores, tenía miedo, se sentía abrumada y se paralizaba. El día séptimo, el día de descanso, pudo subir y bajar en un elevador de 13 pisos de altura. Para ella, ya no era más una imposibilidad o un número de mala suerte. Cuando le permitimos a Dios que nos guíe, Él nos dice cuántos pisos debemos subir en cada situación. Al saber que El está con nosotros, nuestras vidas cambian.

 

HEATHER BROWNE, D.Psi. es psicoterapeuta y miembro de la Iglesia Living Spring, en Garden Grove, California. También es autora y poetisa, sus obras se han publicado en revistas como Parenting, Thriving Family y muchas más. Si quieres conocer más sobre ella visita thehealingheart.net.

 

 

PARA ESTUDIO:

 

1

 

¿Dónde te estás alineando con un temor o un hábito que limita a Dios en tu libertado o flexibilidad? ¿En dónde te sientes estancado(a)?

 

 

2

 

¿Qué has querido siempre tratar o experimentar, y cómo puedes permitir que Dios te ayude a explorarlo?

 

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