La Justicia en Circunstancias Injustas

La justicia es un gran concepto… siempre y cuando no pienses mucho en ella. Si lo haces, se convierte en algo cómico.

Hollywood ha hecho carrera, como ellos dicen, por medio de la promoción de cierta clase de justicia: los malos pagarán por lo que han hecho (los que inmediatamente nosotros reconocemos como malos) mientras que los buenos recibirán al final sus justas recompensas. Ya sabemos cómo se ve esto: finales felices de amor, matrimonio y paz para los buenos; muerte, dolor y/o cárcel para los malos.

La mayoría de nosotros probablemente podemos identificarnos viendo estas películas y con un creciente sentido de euforia mientras que la trama se mueve inexorablemente hacia su inevitable conclusión. Sabemos lo que viene, y nos gusta… pero ¿por qué? A Hollywood no le gusta que pensemos mucho en esa parte.

Por supuesto, existe el atractivo de una tajada de 90 a 120 minutos en la que todo está bien, como una comedia que introduce un problema y encuentra la solución en 21 o 22 minutos. Eso contrasta con nuestras vidas, donde la conversaciones difíciles, relación y situaciones de trabajo pueden tomar días, semanas, o meses para resolverse … o quizá incluso duren para siempre, sin solución alguna.

Pero pienso que hay más que eso. Cuando comencé a seguir a Cristo hace más de 30 años, fui expuesto a la falacia lógica de lo que la gente considera “bueno”. Enn nuestras salidas para evangelismo de contacto, escuchaba a las personas decir que ellos eran básicamente buenos, y se justificaban diciendo: “Yo nunca he matado a nadie”, o defensas similares. La pregunta que seguía era siempre: “¿Es eso lo que define a una buena persona?” ¿Alguien que literalmente no ha matado a nadie?” Esta pregunta estaba diseñada para llevar a una persona a pensar en quién es realmente bueno (ninguno de nosotros) y cómo Jesús lo es, y aun así murió por nuestros pecados.

Pienso en la razón de que no hemos pasado por el mismo conjunto de preguntas relacionadas con nuestra versión de la justicia. Condenamos la injusticia, y marchamos y protestamos y gritamos más y más estridentemente por justicia para individuos y grupos. (“¡Los de raza negra son importantes!” “¡Protección para los no nacidos!” “¡Todos somos inmigrantes!”) Pero, qué realmente es la justicia?

Hace muchos años se me explicaba que ser justo significa tratar a todos de la misma manera—comparándolos unos con otros—mientras que la justicia significa tratar a todos de acuerdo a la misma norma. Ser justo en una clase es calificar por escalas; la justicia consiste en calificar en una escala de 100 puntos, incluso si alguien recibe un 95 o todos reciben un 60.

En años recientes, se ha introducido un tercer término: La igualdad. La igualdad tiene que ver con la idea de que las personas no comienzan todos en el mismo lugar (pensemos en los afroamericanos y la historia de la esclavitud, en Jim Crow y el subrayado en rojo), y tratarlos justamente consiste, en general, evidentemente injusto. La igualdad da pasos para enfrentar aquellas barreras sistémicas (económicas, sociales, políticas, institucionales) para que todos vayan a la misma línea de partida.

Por supuesto, la igualdad es injusta y dispareja: ¿Cómo puede ser justo o parejo el día de hoy, pensamos, darle a una persona o grupo un status de favorito, lo que nos infringirá un daño, para hacer lugar para generaciones previas que recibieron un daño para hacernos un favor?

El hecho es que preguntar te expone a la brecha de nuestro entendimiento de la justicia bíblica. Nos esforzamos por reconciliar nuestra comprensión de un Dios amante con los pasajes del Antiguo Testamento donde los israelitas reciben la orden de matar a cada hombre, cada mujer y cada niño cuando invadieron la Tierra Prometida. Nosotros no entendemos cómo Dios pudo escoger, y bendecir, personas cuyas vidas se definen por mentiras (Jacob), por el orgullo (Sansón), y el genocidio (Josué).

Como algunos lo han señalado, sin embargo, hay gran cantidad de misericordia y de gracia en el Antiguo Testamento. Las personas que hemos mencionado son evidencia de eso: Donde Dios es perfecto y santo, han demostrado ser inmundos y merecedores de una muerte instantánea y eterna … y sin embargo Dios muestra misericordia, e incluso muestra Su misericordia les da oportunidades. Por otra parte, hay una gran injusticia en el Nuevo Testamento: ¿Qué de esos niños que Herodes asesinó después de que los Magos lo engañaron? ¿Qué de todos aquellos que no recibieron sanidad cuando Jesús sanó a algunos? La peor injusticia es la que celebramos todos los Viernes Santos: El único ser humano sin mácula que jamás ha vivido fue muerto por los pecados que otros habían cometido.

Hablando de justicia, y de nuestra versión de ella, suena algo chusco. Nosotros no cuestionamos nuestra común comprensión de la justicia. Hemos llegado a un lugar en el que creemos en nuestras propias conciencias, creemos en nuestras propias normas de lo que es justo e injusto, y no tenemos temor de hablarles de ella a las personas, especialmente en las redes sociales.

Dietrich Bonhoeffer no hacía mucho uso de nuestra comprensión de conciencia; dijo: “La conciencia no es la voz de Dios al hombre pecador”, pero más bien afirmó que la conciencia era la evidencia misma de nuestro pecado y separación (fmchr.ch/dhconscience). Definitivamente la conciencia es una voz que nos dice lo que está bien y lo que está mal, pero la Escritura nos pone bien en claro que el único que nos puede guiar a toda verdad es el Espíritu Santo, no nuestra conciencia.

Usualmente, cuando andamos en busca de la justicia, usamos nuestro propio concepto de justicia. Nos gusta olvidar todo lo malo que hemos hecho en contra de otros en nuestro afán de recibir lo que “merecemos”, que típicamente es lo que nosotros queremos y pensamos que nos pertenece. Indudablemente, es verdad que nos gusta olvidar todas las maneras en que nos hemos beneficiado de los sacrificios de otros—sí, pero lo que es más, la manera en que nos beneficiamos de la manera en que ellos construyen los sistemas que nos hacen creer que merecemos todas las cosas buenas que tenemos.

Martin Luther King Jr. dijo: “La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia en cualquier parte” (fmchr.ch/mlkinjustice). Nos gusta eso—¡suena grandioso! Pero si te pones a pensar sobre ello, si el “cualquier parte” es donde yo cometo la injustica, ya no es suena tan sencillo.

 

David Brewer, Ph.D., es el director de los programas MBA en la Universidad de Anderson. Anteriormente co-dirigió la Red de Pequeñas Empresas Sustentables (SEED), el desarrollo del ministerio de la Iglesia Metodista Libre—USA, y estableció una red de colaboración en la iglesia después de trabajar en el mundo corporativo por 20 años. Su pasión son los sistemas, el proceso y la profundización del discipulado.

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