La Importancia de la Adoración Congregacional

 

Posiblemente esto se deba a que nosotros querríamos haber recibido lo que hace que otros se regocijen, sentimos un cierto solaz de no sufrir lo que otros sufren. Es posible que nos sintamos un poco más útiles si podemos ayudar a alguien que se encuentra decaído. Mi experiencia me dice que las personas algunas veces sienten un especial deleite si estamos presentes cuando la tragedia hace presa de alguien más—posiblemente es porque queremos estar cerca de los que sufren, posiblemente para sentir conmiseración cuando vemos el sufrimiento. No es frecuente que las malas nuevas nos atraigan al drama.

Dos características sobresalen cuando se filtra información. La primera es que generalmente las malas nuevas son de mayor interés que las buenas y nos ayudan a escalar posiciones (como en los medios noticiosos o la protección de datos). La segunda, y es posible que de alguna manera se relacione con la primera, es que las malas nuevas son más fáciles y más tentadoras de darlas a conocer para la mayoría de las personas.

No me malentiendan. A la mayor parte de las personas les gusta compartir información que agrada—lo vemos en Facebook todo el tiempo—como la adquisición de una nueva mascota o el anuncio de un compromiso. Con mucha frecuencia, sin embargo, eso es solo darles más difusión a las cosas que ya son conocidas. El valor de las malas noticias estriba en el shock que producen. Por naturaleza son causa de asombro, y causan una profunda emoción.

¿A qué se debe? ¿Por qué es más fácil compartir las malas nuevas que las buenas? Es interesante exponer el pecado porque tiene garantizado el shock y es una tentación compartirlo. Como pecadores, somos tentados a esparcir rumores o hablar de las faltas de otros por una cantidad de razones espirituales y psicológicas.

Pero, como hijos de Dios, perdonados y amados, yo quisiera que tuviéramos más habilidad en filtrar a la humanidad las mejores noticias conocidas—las buenas nuevas de salvación. La historia de la salvación de Jesús, no lo suficientemente contada nos lleva a la transformación de la vida. ¿Quién no querría contar esa historia? ¿Todo lo que se refiere a esa historia tiene que ver con transformación, con el estímulo y con el cambio de la vida?

Cuatro Factores para Compartir las Buenas Nuevas

Compartir las buenas nuevas es un poco más difícil pero también más redituable, Quiero ofrecer algunas sugerencias que servirán para que aún las personas más tímidas sepan cómo filtrar bien las Buenas Nuevas, y qué es lo que se los impide.

 

  1. La Experiencia Personal

 

Primero, nuestra experiencia personal es una predicación de las Buenas Nuevas. No podemos compartir lo que no tenemos. A decir verdad, algunas personas son un poco frías o desapasionadas acerca de su propia experiencia de las Buenas Nuevas. Otras se esfuerzan por vivirlas. En esos casos, el ejercicio de compartir se vuelve algo desaseado si bien nos va, y en el peor de los casos, hipócrita. Podemos compartir más fácilmente las malas nuevas porque estamos familiarizados con las luchas y los fracasos. ¿Quién no lo está? Dicho de una manera más simple, es más fácil hablar de nuestras experiencias que de lo que deberíamos experimentar. Si queremos ser transformados, entonces debemos vernos y vivir como niños, a diferencia de aquellos que son definidos por sus luchas. La mayoría de nosotros podemos hablar de nuestras fallas hasta en el más mínimo detalle más fácilmente que de nuestros éxitos, porque suena como más humilde y menos presuntuoso compartir esas fallas. La mayoría de nosotros podemos hablar de las luchas hasta en el más mínimo detalle, y todavía nos sentimos como niños, menos cómodos en la celebración de esa vida maravillosa con aquellos que se sienten decaídos y fuera de lugar.

La mejor manera de emocionarse en compartir las Buenas Nuevas es viviéndolas. No comiences con lenguaje rebuscado. Más bien comienza viviendo profundamente en el amor de Jesús y siendo obediente al llamado de Dios. El mejor testimonio es una vida contagiosa y estimulante. Las Buenas Nuevas se filtrarán sin mucho esfuerzo intencional. Comienza evangelizando en oración, sobre tus rodillas.

Cuando Mitch, nuestro hijo, estaba muriendo físicamente debido a un agresivo cáncer, mi esposa y yo simplemente nos dejamos llevar en las manos de la gracia de Dios y experimentamos el amor de Jesús en medio de las circunstancias. Nuestras lágrimas de dolor se mezclaban con lágrimas de gratitud y amor. Las lágrimas eran casi inagotables. Mientras nuestras lágrimas escapaban, sabíamos que también se filtraba nuestra esperanza hacia aquellos que nos veían y nos escuchaban.

Creeme, si estás experimentando problemas financieros, pero te niegas a preocuparte, otros lo notan. Si experimentas rechazo pero te sientes seguro por quien eres, otros se preguntarán la razón. Por el contrario, si experimentas una gran desilusión y estás dando vueltas en un estado inconsolable de depresión, las demás personas también lo notan. Lo que dices habla más profundamente cuando resuena con una vida bien vivida y empapada de gracia. En 1 Timoteo 4:16, Pablo instruye a Timoteo (y al resto de nosotros) “Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen”.

Vive bien tu fe, y será una prueba de tu salvación, para ti, y en el proceso convencerá a otros. Así que comienza a filtrar una vida bien vivida.

  1. Confianza

Algunos carecen de confianza para compartir verbalmente las Buenas Nuevas. Creen en Jesús, pero no tienen el conocimiento adecuado de las Buenas Nuevas, o la habilidad de compartirlas sin sentirse confusos. Eso parece ser un tema común cuando hablo con las personas. Sus preguntas y opiniones revelan un titubeo en hablar acerca de Dios.

“¿Qué voy a decir?” “Yo no estudié en el seminario”. “¿Qué si me hacen preguntas o me ponen a prueba? No voy a saber qué responder”. “¿Cuál es el corazón del mensaje?” “Esto es tan importante y tan personal, que no quiero echarlo a perder o interferir en la vida personal de otros”.

Para estas personas que aman a Jesús, pero tienen temor de compartir, tengo algunas respuestas sencillas: Comparte lo que sabes y no te preocupes de lo que no sabes. No tengas temor de decir: “Yo no sé”. Apégate a tus propias experiencias, las Escrituras o los consejos que te hayan sido más útiles. Los sabelotodo de todos modos nunca llegan muy lejos porque transmiten un orgullo desagradable. De modo que tranquilízate teniendo la seguridad de que vas a sentirte mejor conociendo a Dios y Su gracia salvífica, aunque no sepas las respuestas a todas las preguntas.

No pienses que vas a echar a perder las cosas. Dios ya tiene un fiscal—el Espíritu Santo. Es su tarea, no la tuya traer convicción y convencer. Pero tu tarea, no la Suya, es compartir tu experiencia. Como le dijo Jesús al hombre que había sido liberado de una legión de demonios: “Vete a tu casa, a los de tu familia, y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y cómo te ha tenido compasión” (Marcos 5:19). Jesús no lo envió a la escuela de evangelismo o a la Escuela Bíblica. Cuenta lo que sabes.

Si eres tímido, sólo admítelo. Dios puede ayudarte con eso. Si titubeas espiritualmente, date cuenta que es una cuestión de fe. Dios puede ayudarte con eso también. Si no tienes la experiencia ni la información, sumérgete en la Escritura y en la oración. Dios te ayudará con eso también.

  1. Confort

Algunas personas solo se sienten incómodas con la mecánica: “Nunca he hecho esto antes. ¿Cómo me involucro en un diálogo o una conversación que tenga sentido?” “¿Cuáles son las mejores maneras para cortar una conversación?” “¿Qué si alguien comparte algo profundo o íntimo? Yo no soy un consejero ni estoy acostumbrado a responder preguntas personales profundas”. “Si alguien quiere responder por fe, ¿qué digo?”

Hay algunas mecánicas y preparativos sencillos para mejorar tu testimonio. Piensa en tu historia completa. Si eres un ser humano normal, probablemente tu historia se compone de algunas partes. Tus experiencias probablemente incluyen algunas de las siguientes: derrota, enfermedad, desánimo, dificultad, alegrías, determinación, desilusión, depresión, y liberación. Piensa en cada una de las partes de tu historia. Recuerda lo que sucedió, lo que pensaste, lo que hiciste y lo que Dios hizo. Si tú no tienes una gran historia de fe, comienza ahora y registra lo que Dios haga.

Sé que hay personas a las que les gusta memorizar y ensayar un testimonio o historia preparados. De hecho, yo les animaba hace unos años a hacer eso, pero ya no. Sé que hay muy pocas personas que no pueden esperar a escuchar la historia preparada de tu salvación. Sin embargo, conozco muchas personas que compartirán su propia experiencia de derrota o depresión y estarían encantados de escuchar si tienes algunas experiencias similares y si has encontrado alguna solución para ellas.

Si las Escrituras te han servido en algo, también les servirá a otros. La Palabra de Dios es poderosa y cortante. En cuanto a tu historia, yo no sugeriría que buscaras unos buenos versículos bíblicos para compartir a Jesús y que los pusieras en tu cartuchera. Yo sugeriría que buscaras versículos específicos, capítulos o palabras que te han sido útiles en tu vida para que otros las puedan leer después.

  1. Comienza de Cerca

Comienza con aquellos más cercanos a ti. En Deuteronomio 6:4-5 comienza la Gran Shema (o La Gran Declaración). Esta esencia de las Buenas Nuevas contiene a lo que Jesús se refirió como “el más grande mandamiento” (Mateo 22:37-39). La Gran Shema comienza: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.

La mayoría de los cristianos conoce esa parte. Sabemos que el amor va intrínseco en todos los mandamientos. La mayoría de nosotros sabemos que tenemos que guardar estas cosas en nuestros corazones (Deuteronomio 6:6). Nosotros sabemos el hecho de creer en este único Dios y amarlo por completo está en el centro de las Buenas Nuevas. No olvidemos eso inmediatamente después de ese pedido y mandamiento, Él nos dice que combinemos estas verdades con los más cercanos a nosotros—nuestros hijos, los que viven en nuestra casa, y aquellos con los que vamos acompañados en nuestro peregrinar (Deuteronomio 6:7).

Es no solamente nuestro deber, sino también la progresión más natural, que dejemos que las Buenas Nuevas se filtren primero con los que viven en casa—nuestros hijos, familia, amigos y compañeros. Es muy natural que nos preocupemos profundamente por ellos. Somos más cercanos a ellos. Tenemos alguna responsabilidad por ellos. Lo que les suceda a ellos nos debe interesar. Lo que sabemos acerca de Dios y de Su reino debe ir mezclado si los amamos profundamente. La idea compartir las Buenas Nuevas diariamente (“cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”) hace que la mecánica de compartir sea más natural.

Cuando es algo que ocurre a diario, la intimidación de compartir disminuye. Me he dado cuenta que los que van a compartir mejor las Buenas Nuevas en el futuro son aquellos que tienen un tiempo devocional leyendo las Escrituras en voz alta, hablando acerca de las Escrituras y orando juntos en voz alta, es parte integral de la vida. Hablar habitualmente acerca de Dios, de las Buenas Nuevas, y de la esperanza que hemos encontrado es solo eso—algo habitual. Mientras compartimos con más transparencia, compartimos más frecuentemente y en el mayor número de lugares. Contar las historias y hacer referencia a las Escrituras en un contexto de risas, llanto, alegría y luchas hace del testimonio algo más natural y compulsivo.

Filtrar noticias no es difícil para la mayoría de las personas. Filtrar Buenas Nuevas debe ser lo más natural de todas las noticias. Hace unos años, una de las cajeras de mi banco, dijo: “¿Por qué siempre te ves tan contento?” Como si estuviera a punto de revelar un secreto que pusiera en peligro la seguridad nacional, le dije quedamente: “¿De veras quieres saber?” Ella se inclinó hacia adelante y dijo: “Sí”. Yo le dije: “Jesús ha transformado mi vida, y no lo puedo callar”.

Eso fue todo, simplemente se filtró. Ella se hizo cristiana y aún es miembro de la iglesia de la que fui pastor.

¡Anímate! ¡No te quedes callado! Filtra las Buenas Nuevas.

Written By
More from MATTHEW THOMAS

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *