La Fortaleza y Felicidad de los Mansos

Muy feo.

Camarón tamaño Jumbo.

Me siento mareado.

Paradoja. Jesús era un maestro de las paradojas. Podía tomar una verdad conocida, darle vueltas en su mente, y luego decir algo para el efecto de: “Así es como ustedes realmente deben estar viviendo”. Sus provocativas declaraciones frustraban cualquier pensador plano porque Él veía la vida más allá de la sabiduría convencional. ¿Cómo puede un carácter bidimensional jamás entender una vida tri dimensional? Era como si Él conociera otra manera de vivir la vida. Pero sus paradójicos “dichos” capaces de dejar pasmadas a las mentes ni siquiera eran las partes más impresionantes. De hecho, Él estaba viviendo las paradojas. Él respaldaba sus dichos con su vida, y por esa razón, podía silenciar a los críticos.

“Bienaventurados (dichosos) los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5, RVR1960). Esta declaración debe haberles caído como un balde de agua fría a los que escuchaban. Porque sin importar si viviste en el primer siglo o en el siglo 21, y sin importar si perteneces al hemisferio occidental o al hemisferio oriental, la mayoría dirá que esto no es verdad. Suena bien, pero sería demasiado pedir vivirlo como dice en verdad. La manera en la que la mayoría persigue una carrera, si lo hace con mansedumbre, solo servirá para que los demás se aprovechen de él, lo aplasten, o si bien le va, se olvidan de él. La mansedumbre es una gran virtud para el que la posee, pero eso es todo lo que será para la mayoría de la gente—una virtud, pero no hará que nadie sea “exitoso”, o que “herede la tierra”.

Así Lo fue en los tiempos de Jesús. El evangelio de Mateo fue escrito principalmente para la audiencia judía. Los judíos vivían en una constante angustia a causa de sus opresores romanos. Ellos tenían que someterse a su autoridad y dominio, y le pagaban impuestos al César. En verdad no eran la nación que pensaran que Jehová había escogido. De modo que la angustia tenía su origen en el anhelo profundo que tenían de un Mesías, un rey judío que los libraría militarmente de la opresión romana.  Estaban esperando a un rey guerrero que haría que la nación se levantara y los llevara hacia la victoria. Era una robusta visión de un nuevo reino, y el Mesías sería una fuerza en la cual creer. Y así fue hasta que Jesús comenzó a decir cosas como: “Bienavanturados los mansos porque ellos recibirán la tierra por heredad”. Palabras que no agradaban.

¿Cómo es una persona que hereda la tierra? Yo recibí un esbozo de cómo sería esto hace un mes mientras pasaba 11 días en la India con los pastores de la iglesia perseguida. Éramos un grupo de 27 personas (uno era de México), con una variedad de tareas pero con un solo propósito—abrir el camino para el reino de Dios en la India. Dos pensamientos vienen a mi mente de ese viaje cuando pienso en los mansos heredando la tierra.

La Mansedumbre no significa Debilidad, sino fortaleza bajo Control

Como dice Kaleb Peterson en la Sección de Discipulado de esta edición, los griegos usaban la palabra “manso” para un animal salvaje que había sido domado. Por ejemplo, un semental que ha sido domado para los fines de su dueño. Se necesita una gran disciplina para que un animal salvaje sea domado.

Tuve el gran privilegio de predicar muchas veces durante este viaje. Lo vi, inicialmente como un gran honor. Pero cuando conocí mejor a los asistentes con los pastores y líderes conferenciales me di cuenta de lo que significa para ellos ser un seguidor de Jesucristo, comencé a sentir más humildad que honor.

Después de una de las sesiones, visité la carpa en la que estos pastores tribales se congregaban para tomar chai (te), y para charlar. Rápidamente establecimos amistades con su inglés chapurrado y mi inexistente Hindi. Pronto me di cuenta de que estaba en presencia de la grandeza. Uno de los pastores me dijo que le habían quemado su casa simplemente por ser un pastor cristiano.

Otro de los pastores nos compartió que llegó a ser cristiano porque su hija había estado en coma por semanas. Él oraba a los dioses hindús, ofrecía sacrificios, buscaba consejo médico y probaba toda clase de medicinas. De hecho, él mismo era un médico brujo, pero nada le funcionaba. En tanto, su esposa se convirtió al cristianismo y pidió traer a su pastor para orar por su hija. Aceptó a regañadientes al haber agotado todas las demás opciones. Vino el pastor de su esposa, puso sus manos sobre la niña y oró por sanidad. Inmediatamente ella salió del coma. Él instantáneamente se hizo un seguidor de Cristo. Desde entonces, él ha sido golpeado y su esposa ha estado en peligro en cantidad de ocasiones.

Escuché otras historias como esa en la misma noche, Y a pesar de la persecución ellos no toman represalias, sino que repiten aún más las buenas nuevas de Jesucristo.

Ellos son sin duda alguna los mansos de quienes habla Jesús en esta Bienaventuranza. No hay debilidad alguna en ellos. Más bien, yo sentí que había valentía, convicción y fortaleza en control. Son golpeados, apresados, sus casas y templos son incendiados. Pero ellos no devuelven mal por mal. En lugar de eso, la persecución que ellos experimentan como seguidores de Cristo solo alimenta la urgencia de llevar a otros a Cristo. Ellos heredarán la tierra por la causa de Cristo. No son ningunos débiles. Son algunas de las personas más fuertes que he tenido el privilegio de conocer.

El segundo pensamiento que viene a mi mente es:

La Mansedumbre es saber quién eres a la luz de lo que Dios es

Es intrigante la interpretación que el teólogo Frederick Dale Bruner hace de este versículo. Él escribe: “Bendecidos son los pequeños, ¡porque a ellos se les entregará la tierra!”. Los mansos son considerados pequeños a los ojos del mundo: poco impacto, pocos resultados, poca diferencia. En la India, en gran parte esto es el resultado de la casta en la que se nace. Mientras más alta es la casta, más puedes hacer y llegar a ser. Mientras más baja es la casta, son menos las oportunidades y el impacto que tendrás. Uno puede argumentar que los que están en la periferia nunca harán un impacto en el centro. Y ese poder proviene del centro a la periferia. ¿Verdad? Según la paradójica bienaventuranza de Jesús, de hecho, el poder procede de los mansos. Ellos son el epicentro y los que hereden la tierra.

Esto se debe a que los pequeños están conscientes de quiénes son, a la luz de quién es Dios. Mientras que el mundo puede que los haga a un lado, los pequeños saben que tienen un Abogado que les hace recordar su verdadera identidad. Los mansos entienden su identidad, que ellos son los primeros y más importantes amados por Dios—hijos e hijas del Dios Altísimo. Los mansos no tienen qué dar evidencia de nada o alcanzar un estatus. Ellos heredan la tierra porque es una herencia de su Padre. Un hijo o una hija jamás pierde el valor delante de su padre. No importan las decisiones que mis hijos tomen en la vida, no importa el nivel intelectual o la carrera que ellos escojan, delante de mis ojos mis hijos nunca perderán valor. Lo mismo sucede con Dios nuestro Padre. Nuestro valor siempre será mayor que nuestra condición.

Una tarde, en la India, los miembros de una comunidad de leprosos se unieron a nosotros. Son personas marginadas que viven mucho más allá de la periferia. Su sociedad los ha rechazado y los ha declarado indignos e inmundos. Son los más pequeños entre los pequeños, los más mansos entre los mansos. Pero esa tarde, Dios me reveló que ellos también son la Novia de Cristo, y como Jesús lo prometió en el Gran Finale de la Palabra de Dios. Él viene por ellos pronto (Apocalipsis 22). Su valía es mayor que su condición. Los mansos saben quiénes son y lo que valen a la luz de lo que Dios es.

Durante el viaje conocí a otro pastor indio que era el epítome de la mansedumbre. Él había sido pastor por muchos años, pero lo sobresaliente de él es que había nacido en la casta de los Brahmines. Los Brahmines son la casta sacerdotal del Hinduísmo, los responsables del conocimiento sagrado, y la casta de los Brahmines es la de más alto rango en la India. Se necesita una gran convicción para bajar de ahí. Sin embargo, eso es lo que él hizo para ser un seguidor de Cristo. El Brahmin se convirtió en un Intocable. Bajó directamente hasta el fondo. Esa es nuestra definición de mansedumbre. Este importante personaje se unió al grupo de los pequeños. Pero no perdió valor como persona porque él sabía quién era—no en base a lo que el Sistema Hindú de Castas decía que era, sino a la luz de lo que Dios es.

He llegado a la conclusión algo acerca de la mansedumbre por mi tiempo que pasé en la India. La mansedumbre no es solo una virtud o una personalidad—eso solo suena pasivo o político. La mansedumbre es mucho más. Es una decisión. Es una constante batalla de pasiones en la que solo los fuertes y los no egoístas pueden demostrar que ellos pueden heredar la tierra sin destruirla con ambiciones egoístas.

Pasé muchos años en el sur de California antes de mudarme al estado de Washington. Por años, mi familia compraba el pase anual de entradas a Disneylandia llamado SoCal Select. Nos decían que era “El lugar más feliz de la tierra”, y nosotros estábamos convencidos de que así era. Pero créeme, cuando entras semana tras semana, año tras año, llegas a ver la verdad de lo que es. De ninguna manera es el lugar más feliz. Tienes calor y estás sudoroso. Tus pies te duelen. La multitud te abruma. Los niños lloran. Los padres gritan, y en cierto momento, pienso que escucho el crujir de dientes (casi parece el último lugar en el que tú quisieras estar). Si te fijas con cuidado la siguiente vez que vayas, probablemente estarás de acuerdo conmigo que no es el lugar que dicen que es.

Pero extrañamente, encontré uno de los lugares más felices de la tierra en un pequeño campus conocido como Universidad Emmanuel, en la India. Ahí hay muchos cánticos, danzas—aún enfrentando la persecución. Una noche estábamos cantando las palabras: “¡Feliz, feliz, feliz Navidad!” aparentemente sin llegar a un final. En mi obtusa manera de pensar reaccioné diciendo: “Para comenzar, se dice ´Alegre Navidad´ (en inglés: Merry Christmas). Segundo: ´Estamos a fines de enero. La Navidad ya pasó´. Tercero: ´Yo no sé danzar con esa música´”—aunque en gran parte eso se debía a que yo no sé danzar en absoluto. Punto. Y luego me cayó el veinte. Ellos saben cómo termina la historia. Ellos saben esta tercera bienaventuranza mejor que nadie—que ellos heredarán la tierra. Las danzas, los gritos, las risas, los cantos—todo se debe a que ellos saben cómo termina la historia a pesar de a dónde parece ir. ¡Jesús es el ganador!

David Choi es el pastor de atención y cuidados de la Iglesia Timberlake, con campus en Redmond, Issaquah, Duvall y Castle Rock, Washington.

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