La “Extraña” Libertad de Dios

Los caminos de Dios, a menudo, nos parecen extraños. Que Dios crea algo de la nada, nos maravilla. Que la creación sucediera sólo con Su palabra, nos sorprende. Que Dios rescata, salva y alegra nuestros corazones. Que el rescate llegue con la muerte de los primogénitos de animales y personas, o por la separación del mar en dos, o por dar siete vueltas alrededor de una ciudad para derribar sus paredes, bueno, eso no lo veíamos venir. Hasta Dios describe sus caminos como algo extraño, por lo menos para nosotros. “Porque mis pensamientos/caminos no son los de ustedes” dijo por medio de Isaias (55:8). ¡No estoy bromeando!

Cuando Dios vino a nuestro mundo como Jesus, lo extraño de todo se hace aun mas evidente. Mucho de lo que sucedió con Jesús parece extrañamente sorpresivo: nació en Belen, el hecho mismo de su nacimiento de una mujer que no se había casado y tampoco había “conocido” varón, para vivir en el otro lado de las vías, en Nazaret; para declarar la llegada del reino de Dios, para demostrar la realidad de ese reino echando fuera demonios, sanando a los más graves enfermos, recibiendo a los peores pecadores y marginados, denunciando la violencia, enojo y venganza; muriendo y después resucitando de la muerte. Todo lo mencionado en esa lista nos sorprende tanto que, si hubieras pensado en eso de antemano, todo mundo creería que eres extraño.

Jesús, el extraño y unigénito Mesías de Dios, describe el reino en formas extrañamente similares. Para ser grande en el reino, debes de ser como un niño. De hecho, nadie puede entrar sin convertirse y permanecer como un niño. Para vivir, uno debe de morir. La crucifixión es la forma mas humillante y dolorosa de todas. Para ser un líder, debes servir como esclavo. El amar a Dios te lleva a amar a tus enemigos los que menos se parecen a Dios pero debes amarlos como Dios te ama a ti. De principio a fin, que extraño el modo de actuar de Dios.

Entonces, no debe de sorprendernos descubrir y experimentar la libertad de Dios como una realidad extraña. La Escritura claramente nos muestra que Jesús promete y ofrece libertad. El dijo que venía a libertar a los cautivos (Lucas 4:18-19). A veces, cuando todas las personas “naturalmente” sienten algo de miedo, como cuando enfrentan la muerte o en medio de una furiosa tormenta, o cuando parece que el fin del mundo ha llegado, Jesús dice “No tengas miedo”. Al decirlo, libera a las personas de su miedo. Jesús también libera a las personas de los demonios que los atormentan. El llama a los muertos a vida y él mismo resucitó después de tres días de que el gobierno le quitó la vida y resguardó la tumba donde su cuerpo reposaba. No cabe duda, Jesús absolutamente es libertad.

Sin embargo, Nos llama la atención una y otra vez cómo Él libera tan extrañamente. De acuerdo con el apóstol Pablo, rescata a la humanidad renunciando a todo, incluso a ser semejante a Dios para ser y vivir como humano, pero no como un humano excepcional o incluso ordinario, sino como esclavo que obedece y sirve hasta la muerte. Él se hace libre esclavizándose. Él triunfa sobre la esclavitud, entregándose a ella. Él se da a si mismo para que otros ganen. Esa es la extraña libertad de Dios.

Pero esto se vuelve aún mas extraño. La mayoría de nosotros, finalmente, nos acostumbramos a la forma extraña en la que Jesús trabajó para hacernos libres. Él murió para darnos vida. Su muerte rompió el poder de lo que nos mantenía atados. Ese vacío auto-infringido que Él realizó nos empodera a nosotros para vivir como el pueblo redimido de Dios. ¡Amen, Aleluya!

Poco a poco nos llama la atención, sin embargo, que la libertad de Dios sea tan extraña en la forma en la que funciona. Para que nosotros podamos vivir libres y que tengamos un impacto libertador en otros, debemos permitir que Dios actúe de forma extraña en y entre nosotros. Para ser libres para Dios extrañamente, debemos ser siervos de Dios. De hecho, la palabra que la Biblia utiliza es “esclavo” de Dios. Para disfrutar y expresar la plenitud del ser, el amor y el poder de Dios, hay que vaciarnos a nosotros mismos y generosamente compartir la vida, el amor, la alegría y la gracia que hemos recibido y disfrutado. Así es como lo hace Jesús para nosotros y para el mundo—extrañamente. Y así es como vamos a unirnos a Jesús como agentes de libertad para el mundo de hoy—extrañamente.

Pablo dijo: “a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve (sustituir por “liberar”) a algunos”. (1 Corintios 9:22). Pablo estaba diciendo que él coloca libremente todos sus derechos, privilegios y libertades en el altar, y acepta cualquier limitación, la privación y el sacrificio necesarios para conectarse con la gente, con la esperanza de que Dios estará en esa conexión y los libertará. Hacemos que otros sean libres, esclavizándonos a nosotros mismos en amor por el bien de ellos. ¡Que extraña es la libertad de Dios!

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