Boomers y Zoomers: La Era Pasada y la Era Digital

En la década de los 90 y principios de los 2000, la creencia dominante consistía en que un buen ministerio juvenil era un “boleto dorado” para hacer crecer una iglesia. Hasta cierto punto, eso era verdad. Un ministerio juvenil “exitoso” pudiera provocar un afluencia de familias a una iglesia que lucha por encontrar “sangre nueva”. Pero como muchas modas, una vez que esos nuevos sentires se desvanecieran, así sería con el éxito de una iglesia, dejando atrás una congregación segregada generacionalmente, y totalmente desmembrada.

Hoy, puede parecer poco menos que imposible ir a la par de cada tendencia entre jóvenes. Conocer los últimos refranes y los memes más relevantes es un juego peligroso si no estamos siempre en la cúspide de las actuales tendencias actuales. A menudo, el ciclo de vida de un meme llega a la etapa “muerta” cuando Jimmy Kimmel lo recoge. Si el furor por el término “OK, boomer” (“Como tú digas, viejo”) nos enseñara algo, sería que las relaciones entre nuestras generaciones pasada y presente están más tensionadas que nunca.

Yo he sido pastor juvenil por varios de los últimos años, y lo más importante que he aprendido en ese corto tiempo es que mi trabajo realmente no define el ministerio que en efecto, practico. Es verdad que una gran parte de mi trabajo del día a día es ministrar a los adolescentes en mi congregación, pero, más y más, he llegado a considerar mi lugar en la iglesia como el de un embajador entre diferentes grupos de edad. Paso una considerable parte de mi tiempo en torno a congregantes que hace mucho tiempo se graduaron de la escuela preparatoria. Mi ministerio se relaciona tanto con los Boomers (los antiguos), como con los Zoomers (los más jóvenes).

Al principio de mi rol actual, yo tenía la idea de que emparejar a una mujer mayor en nuestra iglesia con una joven adolescente como amigas puede servir para albergar relaciones entre las generaciones. Lo que yo no sabía en aquel momento es cuánto fruto eso puede producir. Unos dos años después, muchas de las chicas seguían en contacto vía las redes sociales con sus amigas mayores. Adolescentes que usan correo postal; ¿Quién lo hubiera pensado? Es verdad que no todas las relaciones fueron todo un éxito, y muchas se perdieron después de algunos intercambios.

Pero lo que pasó es que cada una de las chicas tenía una amiga mayor en la iglesia que oraba por ella, aunque no lo supiera. Estas muchachas que nunca habían cruzado la puerta de una iglesia en un domingo en la mañana comenzaron a participar en la iglesia por primera vez. Mujeres de 50, 60, 70, y hasta de 80 años se detenían en mi oficina cada semana para contarme cómo oraban por su amiga adolescente. Una de las mujeres incluso se dio a la tarea de orar diariamente por todas y cada una de las chicas por nombre. No había división, ni contienda, sólo amor.
Menciono eso sólo como un ejemplo del valor que esas relaciones intergeneracionales pueden llevar a una iglesia. A menudo pensamos que nuestros jóvenes no quieren nada con el cuerpo de la iglesia en general, pero me he dado cuenta que nada puede ser más alejado de la verdad. Los jóvenes de una familia eclesiástica pueden causar un impacto duradero. Incluso podemos pensar que nuestros viejos no quieren saber nada de las generaciones jóvenes porque no pueden entender esa “tecnología novedosa”.

Pero la verdad es que muchas de esas personas están buscando relaciones significativas que pueden no haber disfrutado por mucho tiempo, y compartir la vida con un adolescente puede despertar un nuevo gozo en sus vidas. Mi nueva meta en mi ministerio es mostrar a mis jóvenes que ellos son parte de un cuerpo mayor lleno de ricas tradiciones. De igual manera, quiero ayudar a los adultos en mi congregación a que comprendan que más allá de los domingos en la mañana se extiende toda una cosecha de discípulos y líderes.

El cuerpo de Cristo está diseñado para ser una experiencia comunal. Veamos lo que pronostica el profeta Joel sobre la iglesia venidera: “Después de esto, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán sueños los ancianos y visiones los jóvenes. En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre los siervos y sobre las siervas” (Joel 2:28-29).

El profeta predijo una iglesia que atravesaría las líneas étnicas, de género y generacionales. Mientras más barreras podamos derribar entre las generaciones de la iglesia, será mejor para nosotros. No todas las barreras serán consideradas una gran ganancia. Algunas veces los más pequeños gestos son los que se escuchan con más volumen.
Pastores principales, su trabajo no es simplemente un rol de ministerio para adultos. Reconozcan a los jóvenes en el cuerpo, aun con solo aprender sus nombres. Nada dice: “te vemos y te valoramos”, más que simplemente conocer a alguien por nombre.

Pastores de jóvenes, su trabajo no es solo reírse con los adolescentes. Busca a los adultos en tu iglesia. Pídanles orar por ustedes. ¡Pídanles unirse con ustedes en el ministerio! Algunos de mis mejores voluntarios han sido personas mayores de 60 años.

Pastores de alabanza, su trabajo es más que solo involucrar a los mileniales en la más reciente cartelera de primeros lugares musicales. Recuerden los himnos y tradiciones de sus miembros mayores, y enséñenlos a los miembros más jóvenes.

Esta no es una misión que puede ser alcanzada sólo por un solo miembro del personal. Ni siquiera es una misión que todo el conjunto del personal puede resolver. Ninguna persona o grupo será el boleto de oro para hacer crecer nuestras iglesias. Va a necesitarse un esfuerzo coordinado y consciente en bien de todo el cuerpo. Si nuestras iglesias no pueden atravesar la barrera generacional dentro de la sociedad, ¿quién más puede?

Chris Kaufman es pastor juvenil de la Iglesia Metodista Libre Pendleton, en Oregon, y autor de “Reino Sobre Imperio: Siguiendo a Jesús en el Imperio Americano” (fmchr.ch/ckaufman).

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