La Dignidad y el Valor de las Personas

  Nota del editor: Los delegados a la Conferencia General de 2019 aprobaron la siguiente actualización del ¶3221 del Libro de Disciplina de la Iglesia Metodista Libre – USA. Como se reportó antes en el sitio web de las Conversaciones Metodistas Libres (fmchr.ch/dignityworth), la Junta de Administración de la IMLUSA modificó la sección—anteriormente titulada: “El Valor de las Personas—en una reunión en la primavera, para incorporar el trabajo de la Pastora Principal Kate Wallace Nunneley de la  Iglesia Metodista Libre de Wellspring (Bakersfield, California), y los eruditos Metodistas Libres Ed Song y Helen Rhee, y los delegados de la GC19 hicieron revisiones adicionales en julio. Al cierre de esta edición, el Libro de Disciplina de 2019 seguía en proceso de edición, y esta versión (misma que refleja las reglas de estilo de esta revista para la escritura y la puntuación) puede contener diferencias menores en estilo o redacción de la edición que se publique del Libro de Disciplina 2019 que una Junta de Directores está revisando.

Estamos comprometidos a la dignidad y valor de todos los humanos, incluyendo a los nonatos, independientemente del género, raza, etnicidad, color, condición socioeconómica, discapacidad, o cualesquiera otras distinciones (Hechos 10:34-35) y los respetaremos como personas hechas a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y redimidos por la muerte y resurrección de Cristo.

La ley del Antiguo Testamento demanda dicho respeto (Deuteronomio 5:11-21), Jesús resumió esta ley como del amor a Dios y al prójimo (Mateo 22:36-40). Él ministró a todos sin distinción y Su muerte en la cruz fue por todos (Juan 3:16; Romanos 5:8).

Por lo tanto, nosotros estamos obligados al interés activo en los lugares en donde haya seres humanos, menospreciados, abusados, despersonalizados, esclavizados o sujetos a fuerzas demoníacas en el mundo, sea por individuos o instituciones (Gálatas 3:28; Marcos 2:27; 1 Timoteo 1:8-1-10). Estamos comprometidos a darle significado e importancia a todas las personas con la ayuda de Dios. Recordando nuestra tendencia a ser prejuiciosos, como cristianos debemos crecer conscientes de los derechos y las necesidades de los demás.

Con Relación a la Pobreza

La pobreza representa una manera importante en la que la dignidad de las personas está bajo amenaza, y las Escrituras explícitamente nos ordenan cuidar a los que tienen necesidad. El Antiguo Testamento revela el cuidado y protección para los pobres por obligaciones sociales establecidas hacia los que tienen necesidad en una comunidad del pacto, tales como el año sabático y la ley de las espigas (Éxodo 21:2; 22:22-27; 23:10-11; Levítico 19:9-10; Deuteronomio 15:1-5; Salmo 10:17-18; 12:5). El Nuevo Testamento también nos muestra el corazón de Dios por los pobres en los ministerios de Jesús y Sus discípulos al predicar el evangelio a los pobres y obligándonos a compartir nuestros recursos generosamente con los que tienen necesidad, tratándolos con rectitud e igualdad (Lucas 4:18-19; 7:21-22; Gálatas 2:10; 1 Timoteo 6:17-18; Santiago 2:1-7). Al ministrar a los pobres, a los marginados y los que tienen necesidad, lo hacemos con convicciones básicas subyacentes:

  1. Nos comprometemos al principio bíblico de cuidar a los desposeídos de riqueza, influencia, posición y honor, así como viudas y huérfanos y otros grupos marginados, incluyendo los discapacitados, los ancianos y los enfermos. Este cuidado es una expresión del amor de Cristo por medio de Su iglesia (Deuteronomio 10:17.18; 24:17-18; Isaías 59:6-10; Hechos 6:1-3; Santiago 1:27).
  2. Nos comprometemos a procurar la justicia económica, priorizando las necesidades de los desposeídos. Estas necesidades son satisfechas principalmente por medio de su inclusión dentro de la familia de Dios, en la que el cuidado de los que están en necesidad toma precedencia sobre la avaricia personal, institucional o social. Nosotros diligentemente evitamos participar en cualquier actividad que oprima o defraude a los pobres (Amós 2:7; 4:1; Miqueas 2:2; Isaías 10:1–2;7; Ezequiel 22:6–9; Jeremías 5:25, 28).
  3. Nos comprometemos a abrir nuestras manos en favor del desposeído y necesitado, y para apoyar las políticas que den un acceso apropiado a los recursos, trabajo, seguridad y protección (Deuteronomio 15:7, 11; 26:12).

Con Relación al Racismo

El racismo representa una de las más grandes afrentas a la dignidad y al valor de las personas y su presencia se manifiesta en la vida, historia e instituciones de todas las naciones. La esclavitud y el genocidio son manchas graves, que aseguran un lamento colectivo, arrepentimiento y resarcimiento. La opresión racial en todas sus formas continúa causando daño por todo el mundo, distorsionando la dignidad de las personas y el amor de Dios por la gran multitud de todas las naciones (Hechos 17:26, Apocalipsis 7:9). La Iglesia Metodista Libre misma nació por un deseo de oponerse al pecado de la esclavitud, y nosotros continuamos reconociendo el pecado del racismo, y nos oponemos a él en todas sus formas. Lo hacemos con las convicciones siguientes:

  1. Nos comprometemos a arrepentirnos y a lamentar las maneras en las que hemos sido cómplices en, o hemos fallado en reconocer actos de opresión racial.
  2. Nos comprometemos a una actitud de incesante humildad y auto examen, reconociendo la facilidad con la que nuestras propias limitaciones nos pueden cegar a las experiencias e intereses de otros (Filipenses 2:3-4). Procuraremos identificar, confesar y redimir pensamientos, actitudes o conductas que manifiesten discriminación en contra de una persona sobre la base de raza, etnicidad o cualquier otra distinción entre grupos sociales que creamos o reforzamos.
  3. Por causa del racismo sistémico — la manera en que las instituciones o estructuras  pueden, activa y pasivamente, preservar los patrones de discriminación y exclusión—es menos perceptible, pero no menos dañino que los actos racistas abiertos, individuales, por tanto, nos comprometemos no solo a evitar o sancionar las actitudes y acciones prejuiciosas, pero trataremos de redimir procesos, sistemas e instituciones que continúen perpetuando la injusticia sobre la base de raza o identidad étnica.
  4. Por tanto, en nuestras propias Iglesias y denominación, nos comprometemos a modelar la redención y la reconciliación racial que esperamos ver en el mundo, proclamando la victoria transformadora de Jesucristo en lugares de gran quebranto, esperando el día cuando todos los pueblos se reúnan ante el trono de Dios

Con Relación a los Inmigrantes, Refugiados y los Esclavizados

Problemas en torno a los inmigrantes y refugiados, y la esclavitud moderna/tráfico humano* globalmente son complejos. Requieren soluciones que sirvan a los vulnerables y oprimidos y también desafíen a individuos, organizaciones y sistemas que crean opresión y esclavitud. Estas soluciones incluyen, pero no se limitan a: la oración, educación, rescate, cuidado posterior, proclamación, votación, protesta y discipulado involucrado que considera vivir justamente,  integrados a la formación espiritual y de la comunidad.

  1. Mientras ministramos a todos los inmigrantes y refugiados, lo hacemos con convicciones básicas subyacentes:
  2. Nos comprometemos al principio bíblico de preocuparnos por los extranjeros entre nosotros, independientemente de su trasfondo racial o étnico, país de origen, o condición legal.
  3. Nos comprometemos a identificar la intolerancia y trabajaremos para darle fin, así como darle fin a cualquier tipo de inclinación a referirnos a personas en términos que demeriten el amor. Donde haya un conflicto, es nuestro deber oponernos a todas las leyes injustas y ásperas y a procurar cambiarlas.
  4. Nos comprometemos a responder a esta crisis en términos de la Gran Comisión, procurando alcanzar a los perdidos sin importar quiénes sean; ministrarlos a todos, preocupándonos por todos, y mostrando la gracia de Dios a todas las personas.
  5. Al ministrar a todos los que están en la esclavitud moderna/tráfico humano, lo hacemos con convicciones básicas subyacentes:
  6. Nos comprometemos a centrar la obra de liberar a los cautivos en Jesús nuestro Redentor y Su misión.
  7. Nos comprometemos a trabajar en favor de la libertad holística; Dios desea que cada persona experimente el gozo y la esperanza de ser libre de la cautividad física, mental, emocional y espiritual.

3.Nos comprometemos a integrar la obra de darle fin a la esclavitud moderna/tráfico humano. Nos comprometemos a integrar la obra de darle fin a la esclavitud moderna/tráfico humano con la ortodoxia y la ortopraxis de la iglesia. Darle fin a la esclavitud moderna/tráfico humano está relacionado con darles fin a otras injusticias. Adicionalmente, las posibles soluciones a las injusticias se encuentran en la comunidad y la formación del carácter de las personas e instituciones que procuran la santidad.

  1. Nos comprometemos a liberar a los cautivos dentro de una atmósfera de adoración y comunidad, buscando compañerismo con otros a la vez que adoptamos el lamento, la humildad, la oración y el amor.
  2. Nos comprometemos a trabajar para la movilización de todos los influenciadores dentro de la sociedad, sabiendo que la iglesia en la misión con Dios es el agente de cambio más grande en la sociedad.

* En el contexto local y global; se utilizan los términos esclavitud moderna y tráfico humano. Globalmente, el término tráfico humano es más común. En los Estados Unidos, y entre las principales organizaciones abolicionistas, el término esclavitud moderno se usa ampliamente. El término tráfico humano tiene un contexto legal específico, pero, dentro del contexto de la iglesia, los dos términos son más o menos intercambiables. El término esclavitud moderna es más fuerte para esta resolución por razón de nuestro contexto histórico, y por la razón de la realidad del problema.

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