La Dificultad (y la Necesidad) de la Misericordia

“Sin embargo, a los que siguen a Jesús se les enseña que tenemos tiempo para cuidar los unos de los otros a través de pequeños actos de misericordia, porque la misericordia de Dios no tiene límites” (Stanley Hauerwas).

La misericordia es un atributo esencial del Dios Todopoderoso. Una de las descripciones más tempranas de Dios nos llega del libro del Éxodo. “Pasó delante de Moisés, diciendo en voz alta: —¡El Señor!, ¡el Señor! ¡Dios tierno y compasivo, paciente y grande en amor y en verdad! (34:6, DHH).

La identidad de Dios como un Dios de compasión y misericordia es la identidad personal de Dios. Es interesante que Él pudo haberse descrito a Sí mismo con Sus otros increíbles atributos, pero decidió utilizar la compasión y la misericordia. Esta dispensación de la misericordia, según se revela en la Escritura, no es un tema periférico sino algo central en la narrativa de Dios. Dios no es solamente misericordioso, también ordena a Su pueblo que demuestre misericordia casi en cada aspecto de su vida.

En el Sermón del Monte, entrega una primicia de lo que a menudo se conoce como: “ética del reino”. Ética es otra palabra para un conjunto o sistema de valores morales que con frecuencia son los principios rectores que dan forma a nuestras prácticas y perspectivas cotidianas. En este sermón, Jesús identifica algunos atributos diferentes como el fundamento para su enfoque ético para la vida. Cada uno de los atributos personales se colocan en el contexto de ser aquellos que Él considera más importantes. De hecho, Él los bendice.

Jesús podía haber escogido muchas diferentes cualidades para incluirlas en Su Sermón del Monte. De modo que al leer el Sermón, las cualidades identificadas no solo son importantes, son prioridades en la vida de los seguidores de Jesús. Sin embargo, a menos que forcemos y saquemos el contenido del Sermón de su intención. Escuchamos no para pensar cómo ser bendecidos, sino para saber cómo nuestros lamentos, humildad, deseos de justicia, misericordia, pureza, pacifismo y sacrificio son apreciados por nuestro Creador, y que sin duda son herramientas para Su reino.

Misericordia y Justicia

La misericordia es un concepto que ha sido y es difícil de escuchar. Sea que estemos hablando de tiempos antiguos antes de Jesús, o de la sociedad contemporánea, la misericordia no es popular. La misericordia consiste en ser compasivo o tolerante cuando debe imperar la justicia. Es no aplicar lo que se debe en un sentido de retribución. De esta manera, la justicia y la misericordia van juntas. La justicia demanda el pago por las ofensas, deliberadamente la misericordia retiene, o por lo menos aminora el castigo merecido. La misericordia es la compasión basada en el bienestar de la otra persona.

Este concepto es difícil porque el pueblo de Dios, particularmente la Iglesia Primitiva, eran personas que conocían demasiado bien la amarga opresión, la discriminación, pobreza y violencia. Los palestinos de primera generación conocerían la humillación de la ocupación romana que iba aparejada con la deshumanización y la explotación casi en cada esfera de sus vidas. El Apóstol Pablo describe a muchos de los creyentes como “bajos o despreciados” (1 Corintios 1:26-28).

Aún sigue causando un shock a muchos cristianos estadounidenses que la historia de Jesucristo y Su iglesia se sitúa dentro del contexto de un imperio, y, más importante, en contra de él.  Jesús vino como un reino alternativo en contra de aquellos principados y potestades que trataban de controlarnos y dominarnos. Este es un evangelio holístico que procura liberar, espiritual, mental, social, y aun económicamente de los “faraones” que quieren dominarnos e impedir que seamos aquello para lo que fuimos creados, y vivir en la libertad que Cristo compró para nosotros.

Es importante recordar la naturaleza opresora del pueblo de Dios cuando hablamos de misericordia. Cuando eres oprimido, quieres justicia. Cuando has sido herido una y otra vez no solo quieres alivio del dolor sino retribución para todos los que te han dañado a ti o a los que tú amas. De hecho, la no administración de justicia a menudo es vista como algo tan grave como el acto mismo de la injusticia.

Yo siempre he tenido un fuerte sentido de la necesidad de justicia, me doy cuenta de que las comunidades de fe que no tienen un ímpetu por la justicia a menudo son integradas por personas que no han experimentado una significativa discriminación, opresión, o la violencia de la pobreza. Los que las han experimentado buscan la justicia. Buscan la justicia redistributiva, restauradora y que reditúa. No es simplemente aplicar castigos por delitos cometidos en su contra, pero accede a oportunidades y recursos. Esta motivación de justicia es fundamental para muchos movimientos guiados por el Espíritu que han transformado e impactado comunidades, regiones y naciones enteras.

Charles Finney, el gran predicador del siglo 19 con frecuencia terminaba sus llamados al altar con una invitación a participar en los movimientos abolicionistas. Él vinculaba el discipulado como la participación en el llamado de Jesús a exterminar la injusticia en todas sus formas.

La cuestión es: Nuestro deseo de justicia, tan justo y bíblico como es, a menudo nos impide experimentar y ofrecer misericordia de acuerdo con nuestro llamado. Nuestra disposición a asumir una disposición de juicio literalmente nos impide ser el conducto de la misericordia y la gracia de Dios. Sin embargo, somos llamados a “actuar justamente” y a “amar misericordia” de acuerdo con el profeta Miqueas (Miqueas 6:8).

Misericordia y Gracia

Mi propia revelación de la importancia de la misericordia y la gracia como una parte clave de la misión de la iglesia de Jesucristo me llegó después de leer el libro de Jonás. Puede que hayamos escuchado la historia muchas veces, pero es posible que cometamos el error de no verla a través de la lente orientada hacia las misiones.

Jonás fue un profeta de Israel que predicó la Palabra de Dios al pueblo de Dios unos siete siglos antes de Jesús. El oficio de profeta era el de discernir la voz de Dios y de hablar en lugar de Dios. Con frecuencia, eso significaba un llamado arrepentirse de la idolatría, violencia y violaciones a la ley Mosaica. De alguna manera, ellos traían justicia por medio del juicio. Como profeta, este era todo su papel. Era su carga, era lo que lo apasionaba, y servía fielmente a Dios y a Su pueblo hasta un día fatal.

En el primer capítulo del libro de Jonás, encontramos a Dios llamando a Jonás para que fuera al imperio de Asiria y su infame crueldad y violenta cultura. Dios lo llama a ir a la ciudad capital de Nínive y predicar juicio en su contra con la esperanza de un arrepentimiento. Jonás decide que se irá lo más lejos posible en la dirección opuesta “para huir del Señor”

En descargo de Jonás, esta era una misión audaz, hasta donde sabemos, Jonás había servido fielmente dentro del territorio de Israel y no tenía experiencia previa fuera de él. En segundo lugar, en el llamado de la misión no había ninguna promesa sobre su seguridad personal al ir a uno de los lugares más violentos de la tierra. En nuestros días como enviar a alguien al territorio capturado por el Ejército Islámico. A pesar de todo, Dios lo envió.

Muy pronto el viaje de Jonás a Tarsis fue interrumpido por Dios por medio de una tormenta. Dicha tormenta enviada por Dios traería como resultado arrojar a Jonás hacia las aguas (una sugerencia hecha por él mismo), en las que inmediatamente fue tragado por un pez. Es bastante claro que Jonás había desobedecido a Dios y que su castigo era la muerte, pero Dios tiene de él misericordia, y no permite que se ahogue.

Dentro del pez, Jonás se enfrenta con la justicia y la misericordia de Dios. Se enfrenta con la justicia de Dios en el hecho de que la desobediencia significaba que la sangre de sus oyentes potenciales estaba en sus manos, y que él merecía la muerte. Se enfrenta con la misericordia de Dios en que Dios detiene la destrucción de Jonás, a pesar del hecho de que Jonás no merecía ese respiro.

Jonás tiene un momento en el que experimenta la misericordia de Dios, eso le permite tener el deseo de participar en la misión de misericordia de Dios. Este es nuestro dilema. Muchos de nosotros que nos identificamos como seguidores de Jesús tenemos problemas en ser instrumentos para extender la misericordia y la gracia de Dios, debido a que, aunque tengamos la misericordia apropiada como parte de nuestra teología, no la hemos experimentado en nuestro caminar.

Jesús diría que si bien, hemos recibido misericordia, no siempre la aplicamos en nuestras vidas. Nos cuenta la historia de un hombre del que han tenido misericordia e inmediatamente va y ejerce juicio contra otros (Mateo 18:23-35). El resultado es que la misericordia que originalmente se había tenido para con el hombre es revertida, y él recibe el justo castigo.

Esta es la señal de Jonás de la que Jesús habla en Mateo 12:38-41)—la de viajar a un lugar distante y mostrar misericordia a aquellos en quienes Dios se interesa profundamente, aunque se comporten de manera odiosa, que sean violentos y crueles. Este es el amor radical e implacable de Dios que amó de tal manera al mundo (no nada más a nosotros), que envió a Su Hijo a ofrecer liberación y sanidad a un mundo oprimido y doliente. Esta es también la esencia de la iglesia: extender el amor de Jesús a través de fronteras, no importa que sean étnicas, culturales, económicas o políticas.

Compartimos con entusiasmo porque hemos sido amados de una manera espléndida por el Dios de misericordia. Celebramos que Jesús llevó nuestros pecados porque literalmente nos estaban matando, y nosotros vivimos a fin de poder extender ese mismo amor, y esa misericordia y gracia a otras personas.

Procuramos justicia, no juicio, como una oportunidad de usar la misericordia y gracia que dan lugar a la verdadera reconciliación, restauración y sanidad. Sabemos que Jesús murió por el último, y el peor de los pecadores, de los que nosotros somos los primeros. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7, RVR1960).

Michael Trailor es un presbítero Metodista Libre, doctor en medicina y director de African Heritage Network (Red del Legado Africano). Él y su esposa, Amelia, serán los superintendentes de la Conferencia River este mes.

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