La Bientaventuranza que Nadie Quiere

“Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10, RVR1960)

¿Quién realmente quiere esta bienaventuranza cuando sólo califican los calumniados, rechazados o lastimados? ¡No, gracias! Entonces, de nuevo, ¿quién realmente quiere ser excluido del reino de los cielos? Esta bienaventuranza, junto con la de los pobres en espíritu, promete la participación del reino.

Para empeorar las cosas, esta bienaventuranza tiene especial importancia. Es la única de las ocho bienaventuranzas, que Jesús elabora. Él la personaliza en el siguiente verso (“tú”) y luego explica: No solo te espera una bendición futura, sino que te coloca en una larga lista de profetas venerables lo que te trae alegría y regocijo.

Cuando leo esta parte, varias preguntas vienen a mi mente. ¿No deberíamos evitar, en lo posible, la persecución? Pero, si tenemos éxito, entonces ¿estamos descalificados para alguna bendición del reino? Si es así,  ¿Cómo es que la persecución trae bendición? ¿Qué pasa si no experimentamos la persecución (algo que se considera como una “bendición”)? ¿Esta bendición aún se aplica para nosotros hoy? Bueno…

Para comenzar, debo decir que las enseñanzas de Jesús sobre el reino, a menudo nos parecen extrañas dadas nuestras suposiciones y expectativas normales. Esta bienaventuranza concluye una lista de extrañas bendiciones que singularizan circunstancias (como pobreza, dolor e injusticia) o búsquedas (como mostrar misericordia y resolver conflictos) y llamarlas “benditas”. De hecho, lo que Él llama “bienaventuranza” simplemente desafía el sentido común. Eso nos recuerda otras cosas que Jesús dice acerca del reino de Dios, tales como: el primero será el último y el último será el primero; el grande debe ser el servidor de todos; y que salvar tu “yo” exige perder tu “yo”. Claramente, la bendición del reino refleja valores y prioridades que difieren de los del mundo, y quizás, incluso, de los de la iglesia.

Una razón por la que parece extraño asociar la persecución con la bendición, es que pocos de nosotros la hemos experimentado. Pero la persecución no era ajena a Jesús. A pesar de las grandes multitudes que le seguían, su mensaje provocó críticas agudas e intensas. Luego, a medida que su ministerio se desarrollaba, su misión trajo sufrimiento y muerte. El contraste de Su visión del reino de Dios, junto con las prioridades que impulsaban su misión, condujo inevitablemente al conflicto y al sufrimiento.

Así como sucedió con Jesús, así ocurrió con sus primeros seguidores. La iglesia más antigua experimentó la oposición y la persecución como algo “normal”, tal como lo hizo Jesús. Todos los discípulos originales (excepto el traidor) sufrieron persecución y la mayoría de ellos sacrificaron sus vidas por el evangelio. El apóstol Pablo enseñó a las iglesias que el camino de Jesús conduciría a la persecución (2 Timoteo 3: 2, Hechos 14:22). Por lo tanto, para Jesús y sus primeros seguidores, no sonaba extraño el pensar en ser perseguido y experimentar bendición por ello.

Entonces, si damos un paso atrás para ver la vida y el ministerio de Jesús con un lente más amplio, podemos ver que la oposición y la persecución siempre han sido normativas para el pueblo de Dios. Antes de los romanos de la época de Jesús fueron los sirios, griegos, persas, babilonios, asirios, filisteos, madianitas, cananeos, etc. De hecho, en todas partes donde el pueblo de Dios ha escuchado y obedecido el llamado de Dios en sus vidas, el conflicto y el sufrimiento los han perseguido.

Si retrocedemos aún más hasta el principio, podemos sorprendernos al ver que la única vez que la obediencia a Dios no condujo al conflicto, si no al sufrimiento, fue anterior a la decisión fatal de nuestros primeros padres de vivir su camino en lugar del de Dios. Una mordida a la fruta prohibida, inició la enemistad entre la serpiente y la humanidad y  no terminaría hasta que el Descendiente de uno golpeara al otro en la cabeza (Génesis 3:15).

Finalmente, si consideramos nuestra experiencia con la persecución, o la falta de ella, en relación con las historias de los pueblos del mundo de hoy y de tiempos anteriores, observamos el mismo patrón. Muchos seguidores de Jesús hoy, tal vez la mayoría, experimentan oposición y persecución precisamente “por causa de la justicia” y “por el bien del evangelio”. De hecho, donde hay seguidores de Jesús creciendo, probablemente estén en lugares y en épocas donde sufren una mayor persecución. Lo cual, a su vez, refleja lo que encontramos a medida que retrocedemos desde nuestros días, a través de los milenios de la historia de la iglesia, hasta los días de Jesús. Por lo tanto, llegamos a tres conclusiones:

Primero, la mayoría de los seguidores de Jesús, a lo largo de la historia, se han encontrado con la persecución. El análisis de este hecho revela que sus encuentros con la persecución han llegado especialmente cuando se han propuesto ir a nuevos lugares con el evangelio (que es lo que Jesús les dijo a los seguidores que hicieran) o cuando han llamado a la iglesia a reafirmarse y comprometerse nuevamente a seguir a Jesús más profundamente, después de un tiempo de deriva o declive.

Segundo, considerando los hechos históricos, estamos solos al pensar que es extraño cuando Jesús conecta la bendición con la persecución. Lo que nos parece extraño, ha sido la norma para el pueblo de Dios a lo largo de la historia. Y aquí es donde estas observaciones panorámicas nos muestran cómo ésta bienaventuranza puede abordarnos hoy.

Tercero, la bendición que nadie quiere es la bendición que todos necesitan, todos, aunque en diferentes maneras. Claramente, los perseguidos de todas las edades y lugares necesitan bendiciones: oración, apoyo material y espiritual ahora y salvación y sanidad cuando el reino de Dios llegue con todo su esplendor.

De la misma manera, los pocos de nosotros que no somos perseguidos, también necesitamos esta bendición. La necesitamos como invitación para examinar nuestros valores y prioridades (2 Corintios 13: 5, 2 Pedro 1: 10-11). ¿Acaso hemos dejado de ir a nuevos lugares y pueblos? ¿Nos hemos desviado? ¿Estamos en declive? Si es así, quisiéramos girar, acercarnos y renovar nuestra visión y nuestros compromisos. Podemos estar seguros que la bendición seguirá, pero también la persecución.

Sin embargo, si todo está bien, si no estamos en declive o no nos hemos desviado, escuchar la bendición de Jesús sobre los perseguidos, tanto ahora como después, revela el papel que debemos asumir al hacer que la bienaventuranza de Jesús sea una realidad para muchos hermanos y hermanas que incluso ahora “son entregados a la muerte todos los días, contados como ovejas destinadas al matadero” (Romanos 8:36, ver Salmo 44:22).

El Obispo David Kendall es un presbítero ordenado en la Conferencia “Great Plains” y fue elegido por primera vez como obispo para la Iglesia Metodista Libre en el 2005. Es autor del libro “God’s Call to Be Like Jesus” (“El llamado de Dios a ser como Jesús”) (fmchr.ch/godscalldk) y coautor de “The Female Pastor: Is There Room for She in Shepherd?” (“La pastora, ¿Hay lugar para ella en el rebaño?) (fmchr.ch/fpsisdk).

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