Invitación a Vacacionar

La gran historia principia en el jardín pero luego trastabilla al girar hacia la izquierda por mi calle. La gran historia de un Gran Dios con un corazón que se extiende en amor hacia Su creación parece surgir de una nube de vapor cuando llega a mi calle. Aquí, en mi calle, la evidencia de Su amor se pierde detrás de los ladrillos rojos y el concreto, los niños que esperan su transporte escolar, los vecinos que blasfeman en sus automóviles a través de su teléfono celular, y grupos de jóvenes imberbes de pelo largo a mitad de la calle. Estas no son escenas de tragedia o de caos, sino de quietud transformándose en desesperación.

El jardín… mi calle. La promesa de fruto y salud del jardín, de trabajo retribuido y de conversaciones nocturnas, ha sido reducida a un puñado de billetes y contratos. Solo mitigados suavemente por el aroma a auto nuevo hecho posible por una renta a 60 meses.

Y sin embargo, ahí está la fascinación del jardín. ¿Estás de acuerdo? A la gente moderna no le atrae el jardín. Lo que anhela son las vacaciones, pero es el mismo deseo. Nosotros la gente moderna buscamos la aplicación de TripAdvisor para revisar los cruceros y hoteles exóticos con búngalos suspendidos sobre las aguas azul turquesa de alguna laguna para escapar momentáneamente de las realidades de los ladrillos rojos y del concreto de las calles en las que vivimos. Cincuenta semanas de arduo trabajo y mal tiempo, y trabajos sin terminar se compensan con las promesas de una página de internet, de un búngalo sobre la laguna.

Pero la triste realidad de esas vacaciones de dos semanas es que son más decepcionantes que las otras 50 semanas. Las esperamos ansiosamente, y luego son impregnadas de desengaños, y de alguna manera, entre ellas, nos encontramos soñando con nuestra casa, con las calles en las que vivimos. Los últimos días de las vacaciones están llenos de sueños por nuestra casa. Siempre estamos soñando con las vacaciones mientras las posibilidades reales de la verdadera satisfacción es rondar alrededor del siguiente click de nuestro mouse.

Quien anda rondando por mi calle es nuestro siempre presente benevolente amigo. Rondar, eso es lo que nuestro gran amigo hace. Se pasea, siempre disponible para nosotros. Él no es una “fuerza”, o un genio dentro de nosotros, es una presencia real con una identidad real… el buen Espíritu de Dios se pasea por nuestras calles, sobre nuestros corazones. Y, lo mejor de todo: ¡Él es bueno! ¿Recuerdan que hemos dicho que el Espíritu Santo antes se definía  como un fantasma? Pero eso se confundía con Gasparín, el fantasma amistoso, de modo que es más apropiado llamarlo “Espíritu Santo”, esa palabra “Santo” sólo significa que es puro, y diferente a nosotros.

Este benevolente amigo describe la manera en que Dios está activo entre nosotros. Los seguidores de Jesús no pueden dejar de lado la actividad del Espíritu, pues el Espíritu Santo es el Espíritu de Jesús. Nosotros no tenemos la opción, en cierto modo, de no llegar a una  experiencia Pentecostal porque el Espíritu Santo no es una especie de experimentar un juego “Nivel 2”. El Espíritu Santo es uno con el Padre, uno con el Hijo. Todos ellos son tres ¡Pero Uno”. No es que son tres dioses. Son un Dios.

Aunque, para estar seguros, como los efesios, podemos tener un conocimiento parcial y una experiencia limitada de la profundidad de la plenitud de Dios para nosotros, traída por Su Espíritu. Pero no te equivoques, la relación que comienza con una transacción (que es lo que los efesios habían entendido, el “bautismo del arrepentimiento”) no termina con esa transacción. La restauración de todas nuestras relaciones, la sanidad de todas las cosas, el avance hacia adelante, hacia el bienestar… son también la obra del Espíritu, y el curso esperado de nuestro crecimiento en Cristo. Es una delicia que los seguidores de Jesús esperen eso de nosotros.

La gran historia del jardín, el Espíritu rondando por mi calle y mi corazón, el co-vínculo de la transacción de salvación con la relación de salvación—todas estas nos causan un  espectacular asombro. Cuando nos damos cuenta de que el Espíritu de Dios está disponible para nosotros—no, más que impresionarnos hasta sentirnos totalmente abrumados de toda la desesperación y lo no incumplido de nuestras vidas—ese descubrimiento nos arrastra a una seguridad eufórica y optimista de una liberación, como una vacación de la opresión de todo lo tenebroso y trágico de nuestras calles.

Como ver una majestuosa manada de renos o de orgullosos leones. O quedarse anonadado ante las Cataratas del Niágara, admirando la realidad presente de nuestro gran amigo—el Único, el que se paseó sobre las tinieblas antes de la creación—nos inunda con la luz de la expectación y la seguridad de la bondad. Independientemente de cuánto desánimo haya en la situación en nuestra calle local, hay una sanidad, como una vacación de mega-proporciones para nosotros, los de nuestra calle, y para todo el mundo. ¡Verdaderos búngalos para todos!

Obispo David Roller sirvió por 17 años como misionero Metodista Libre en México, y luego por 10 años como director del Área de Latinoamérica para Misiones Mundiales Metodistas Libres. Fue elegido obispo por primera vez en 2007.

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