Inusualmente Natural

La Biblia no habla mucho acerca de plantar iglesias. De hecho, ni siquiera ofrece técnicamente una metodología o proceso. Tampoco nos da un prototipo a seguir. Pero muchas iglesias que fueron plantadas, al parecer, parecen al menos un poco extrañas.

La historia primitiva de la iglesia aparece en el libro de Los Hechos, La mayor parte de los maestros sobre plantación de iglesias se enfocan un poco en ese libro. Con frecuencia nos hablan de las primeras reuniones de aquella comunidad en Hechos 2. Aunque aquel era el cumpleaños de “la iglesia”, no era el cumpleaños de “una iglesia” per se. Algunas personas con frecuencia hacen referencia a Hechos 5:14 donde crecían en número, pero se trata solo de una declaración sobre la expansión del evangelio en general y su receptibilidad, sea que se hayan reunido como se hayan reunido. Una vez más “la iglesia”, no, ”una iglesia”, Hechos 8:10, 13, 14 y 16 se refieren todos a la expansión de las nuevas, y/o la inclusión de nuevos grupos de personas en “la iglesia”. Aquí podemos ver la dispersión (Hechos 8:1) y la reunión (Hechos 16:13), la expansión y la difusión (Hechos 12:24). Una vez más nada vemos acerca de iniciar intencionadamente una iglesia o una comunidad de creyentes para celebrar reuniones semanales o de otra clase. Hechos 17—19 nos ofrece un mejor cuadro sobre cómo se veían aquellas muchas comunidades de la iglesia mucho después de haber sido plantadas. En estos capítulos nos familiarizamos con las ciudades o regiones en las que se reunía la iglesia.

El Apóstol Pablo escribió algunas cartas a las iglesias como ésas en Galacia, Corinto y Roma. Cuando él les escribió, las iglesias ya estaban lo suficientemente establecidas como para tener sus líderes, problemas, reputaciones y expectativas para sus reuniones, y en algunos casos reglas más que suficientes para dirigirlas a lo largo del camino. Tenemos una buena visión de la operación de las iglesias (funcionales y disfuncionales), pero una vez más, no se nos presenta una metodología o descripción sobre cómo esas iglesias habían sido plantadas. Sin embargo, había un buen número de iglesias en tres continentes (Asia, Europa y África) antes de finalizar el primer siglo. Ninguna de ellas estaba construida con ladrillos y cemento como muchas de las que conocemos. La mayoría de las iglesias de las que se habla tienen que ver con comunidades que se reunían en alguna región (Había unas 40 regiones en el año 90 d. C.) en lugar de algún grupo específico. En otras palabras, en Atenas no existía una iglesia con un rótulo encima de una entrada grande en letras bien visibles donde se leyera: Iglesia Cristiana Las Lomas, Reuniones: Domingos, 11.00 a. m., en la esquina de Calle César Augusto y Afrodita. Repetimos, había muchas iglesias, comunidades de creyentes que se reunían para atender las necesidades de los congregantes. Sabemos muy poco sobre la manera en que se reunían en el principio.

De hecho, tenemos tan poca ayuda sobre la metodología de la plantación de iglesias en Los Hechos y las epístolas de Pablo que algunos  han aprovechado las referencias bíblicas sobre cómo plantar una iglesia en las instrucciones de Jesús a sus 12 apóstoles (Lucas 9), y luego a los 72 discípulos (Lucas 10). En esos pasajes Jesús instruye a sus discípulos a ir a nuevos lugares para sanar, echar fuera demonios, hablar acerca del reino de Dios y otras cosas parecidas. Pero de nuevo, no tenemos información que nos haga creer que Jesús esperara que la formación o la plantación de iglesias fuera siquiera lo que Él tenía en mente. Nosotros sabemos que estas eran expediciones temporales en las que los discípulos podían expandir la obra de Jesús. Después de todo, los discípulos regresaron a Jesús y no tenemos ningún registro del impacto que estas regiones visitadas siguieron teniendo, o de que se hubieran desarrollado allí iglesias. No hay nombres de aldeas o ciudades para poderlas identificar posteriormente. Nunca escuchamos a Jesús decir que esto fuera a ser una metodología en el futuro. Era una comisión para los más cercanos a Él—una transferencia de autoridad y poder para hacer lo que Él había estado haciendo. Era una preparación para la iglesia. No era la iglesia. La palabra “iglesia” ni siquiera se conocía en aquel momento y el Espíritu Santo aún no había sido derramado.

Haciendo Discípulos

La palabra ekklesía, que significa iglesia, no aparece en las Escrituras refiriéndose a un grupo específico hasta después de los pasajes de Lucas 9-10 cuando Jesús envía a los discípulos. De modo que otra vez: ¿Por qué? ¿Por qué vemos tantas iglesias y tan poco acerca de la manera en que comenzaron en el libro de nuestros principios?

La razón es porque la plantación de una iglesia era algo  tan natural para los cristianos en aquellos tiempos como la oración, el amor y el deseo de tener comunión con otros creyentes en el día de hoy. Era como respirar, comer y hablar. Pensemos en ello. Jesús había llamado a Sus discípulos para hacer discípulos en todas partes. Y así lo hicieron. No les dijo nada acerca de plantar iglesias, solo de hacer discípulos (Mateo 28:18-20). Él no les dijo que cuando viniera el Espíritu Santo ellos plantarían iglesias (Hechos 1:8). Les dijo que serían Sus testigos. Él sabía que mientras ellos estuvieran testificando de la bondad de Dios y haciendo discípulos, esos nuevos discípulos que descubrieran a Jesucristo, por la fe salvífica quedarían unidos a otros cristianos con un vínculo inquebrantable. Ellos buscarían a otros creyentes. Él sabía que las personas transformadas sabrían instintivamente que serían mejores unidos que separados. Él sabía con toda certeza cuándo aquellos nuevos cristianos se juntarían unos con otros como las palomillas a la luz. Él sabía que ellos plantarían iglesias.

Plantar iglesias era una consecuencia natural de testificar (Hechos 1:8 y hacer discípulos (Mateo 28:18-20). Y lo sigue siendo.

Así es como funciona—en forma natural. Una iglesia de testigos de la gracia de Dios que se ocupan en hacer discípulos es lo que precisamente hace. Ellos hacen discípulos a las personas con las que se relacionan. Esos discípulos llegan a ser parte de la iglesia y continúan con el resto de creyentes el proceso de hacer discípulos. Con el correr del tiempo los creyentes adquieren el deseo de hacer discípulos a sus amigos.

Hacer discípulos es ayudar a las personas a conocer a Jesús y aprender a vivir en obediencia a Él. Cuando las personas se reúnen para recibir enseñanza, orar, confesar, estar en comunión, cuidarse unos a otros, simpatizar, expresar los dones y aun exhortándose unos a otros, están haciendo la iglesia, están siendo la iglesia, Cuando las personas sienten carga por amigos que viven lejos, querrán asegurarse de que sus amigos tengan a un grupo de creyentes que les puedan ayudar. De hecho, la iglesia sentirá una carga natural por las comunidades circundantes de personas que no conocen a Jesús. Eso emana del amor de Dios.

El resultado será ayudar a otros a encontrar salvación y esperanza en Cristo Jesús. Los que viven alejados (geográfica, cultural y situacionalmente) de la iglesia encontrarán ayuda para relacionarse con otros discípulos—miembros de esta inusualmente maravillosa familia—tendrán el deseo de conocerse, el deseo se convierte en una necesidad de adorar juntos, aprender más acerca de Dios juntos, y usar los dones concedidos por el Espíritu Santo específicamente para la comunidad. Estos tienen sentido solamente en relación con otras personas. Ellos querrán ser obedientes al mandamiento de Jesús de hacer discípulos así como alguien fue obediente para discipularlos a ellos. Esos nuevos discípulos probablemente surgirán de amigos y familia cercanos con esa comunidad. Y así, una nueva iglesia es plantada.

¿Habrá más que eso en lo que se refiere a la plantación de iglesias? Por supuesto que sí. Yo he abreviado el proceso y simplificado las actividades que implica la plantación de iglesias. Lo hago así con un propósito. Como es necesario elegir entre hacer un retrato de la plantación de iglesias como un complicado enfoque—con la esperanza de éxito solamente en las manos de expertos y profesionales—y un retrato de la plantación de iglesias como el resultado de iglesias y personas que están ocupadas haciendo discípulos, elijo el segundo. De hecho, los lugares en el mundo en los que está prosperando la plantación de iglesias se encuentran donde hay pocos, o ningún experto profesional en la plantación de iglesias. En los Estados Unidos en promedio tenemos más plantadores de iglesias entrenados que cualquier otro país en el mundo. Y plantamos un número menor de iglesias que los países en los que existe un crecimiento dinámico.

Plantación no Científica

Yo soy un testimonio viviente de lo que puede la plantación de iglesias no científica. Puedo testificar que una vez que empiezas a hacer discípulos, el Espíritu del Señor atraerá a personas con esperanzas y cargas. El Espíritu también creará oportunidades de las que no se pueden hacer planes, ni siquiera por los profesionales. Mi esposa, Marlene, y yo, tuvimos el privilegio de lanzar la plantación de una iglesia con una veintena y fracción de miembros de nuestra primera iglesia. No pudo prosperar. Pero se hicieron nuevos  discípulos, y algunos de ellos luego se reconectaron y se hicieron miembros de una iglesia próspera en Boise, Idaho.

Después de movernos a las Filipinas, nos relacionamos con una creyente que vivía en una comunidad pobre, sin una iglesia y muy pocos creyentes. Después de preguntarle si había estado testificando de la gracia con otros que la necesitaran, ella respondió que así lo había estado haciendo, y tenía un grupo de cuatro mujeres nuevas en su fe. Comencé a reunirme con aquellas cuatro mujeres, y en el curso de nueve meses, ya éramos más de 100 nuevos discípulos que estaban creciendo en la fe y haciendo discípulos. Comenzamos a reunirnos los domingos y los jueves. Surgió la necesidad de la educación en la comunidad para sus niños más pequeños, demasiado vulnerables y pobres para asistir todos ellos a las escuelas públicas, de modo que establecimos una escuela. 60 niños se graduaron de kindergarten al año y recibieron becas para la escuela pública para todos ellos. Conseguimos un pastor y procedimos a plantar otras tres iglesias.

Después de regresar de las Filipinas a Spokane, Washington, algunos amigos y mi persistente hermana conspiraron con Marlene para convencerme de comenzar a hacer discípulos en una zona del pueblo donde tenían amigos (discípulos en perspectiva), pero sin una iglesia donde los pudieran discipular. Nos reunimos unos 12 diferentes tipos de discipuladores preocupados en la sala de la casa de uno de ellos, y cuatro meses después lanzamos una iglesia con más de 90 congregantes. En la actualidad, esa misma iglesia ha lanzado otras tres — la última en septiembre de 2016.

Vayamos al punto, yo no me considero un plantador de iglesias. Estoy enamorado de Jesús y comprometido a hacer discípulos. Abundan las oportunidades de hacer eso en las iglesias existentes. Pero esas iglesias no pueden contener a toda la gente que necesita ser discipulada, en cada comunidad y cultura en la que los cristianos tienen una conexión e influencia únicas. Es sólo que cuando las iglesias y los grupos de personas tienen un corazón lo suficientemente grande, una fe, y conexiones lo suficientemente amplias, que se extienden más allá de lo que podemos ver, algo nuevo va a suceder. Y como Cristo prometió edificar Su iglesia, Su familia querrá entrar y ayudar. Uno de los muchos resultados viene a ser la plantación de iglesias.

Algunos de los que lean este artículo, que aman a Jesús y están comprometidos a ayudar a que otros crezcan en el conocimiento y siguiendo a Jesús, puede ser que no se consideren ellos mismos plantadores de iglesias más que lo que yo lo hago. Pero igualmente pueden hacerlo—naturalmente. En realidad necesitamos más iglesias en más lugares para poder acomodar a los discípulos y darles la oportunidad de guiar, y hacer discípulos.

La parte más triste es lo inusual que las iglesias planten iglesias. Yo puedo mencionar algunas de las razones. Algunas tienen el temor de perder recursos valiosos y muy necesarios—humanos y monetarios—de las iglesias existentes a una iglesia nueva. Otros piensan que la obra es demasiado compleja y requiere pericia que a ella le falta. Existen aún otros que piensan que plantar iglesias es un llamado para algunos líderes e iglesias, pero no para todos. Y otros creen que una iglesia es solo una iglesia si tiene un edificio, y todo un programa para todas las edades, un músico y un predicador preparado con dones de liderazgo, un púlpito, un gran conocimiento de las Escrituras y un encantador sentido del humor. Ninguna de ellas es un requisito. El único requisito es un discípulo y una comunidad enamorada de Jesús y comprometida en hacer discípulos.

Aunque es inusual plantar iglesias, debería ser inusualmente natural. Existe un refrán entre los plantadores de iglesias que dice: “Yo no lo puedo hacer, pero el Espíritu Santo tenía una idea diferente y me puso muy en claro que lo haría”. Si hay algo en lo que Él esté interesado en ayudarnos para que lo hagamos, es en hacer discípulos. Lo que en consecuencia, nos lleva a iniciar iglesias.

El Obispo Matthew Thomas es parte activa de la Iglesia Metodista Libre desde 1979. Sus roles de liderazgo incluyen haber servido como pastor, plantador de iglesias, misionero y superintendente.

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