Inscríbame

A la mayoría de nosotros nos gusta ser parte de algo positivo, emocionante y fructífero. Nos gusta ser incluidos en la conversación y ser considerados como una parte valiosa de algo que va hacia adelante.

Cuando algo bueno pasa, aparecen las personas que buscan por lo menos una parte del éxito: “Yo estaba en la planta baja.” “Yo formé parte del comité que organizó este evento.”Yo lo compré antes que se hiciera tan popular.”

La membresía en la iglesia es una manera de integrarse a la institución más importante del mundo. Ser un miembro es una manera de identificarse formalmente y comprometerse con la iglesia. Es como decir: “Tú puedes contar conmigo, y yo contaré contigo.”

Sin embargo, en los años recientes ha crecido una aversión a la idea de la membresía. Hay quienes aseguran que en la iglesia del siglo primero no existía la membresía formal. Aunque el proceso actual de membresía no estaba involucrado, no creo que alguien podría negar el hecho de que había miembros del cuerpo de Cristo o de la comunidad de la fe.

La protesta generalmente es acerca del proceso formal de identificar a quien está respondiendo y es responsable con una congregación específica.

Ya sea que se firme o no en “la línea punteada.” La versión de la membresía está involucrada, la cuestión de identificar quién está comprometido y es responsable con la comunidad de creyentes, no es nueva.

En raras ocasiones este argumento no aplica con tal vigor a la propiedad de las posesiones de las iglesias (algo que no era familiar a las iglesias hasta el siglo cuarto), la ordenación y profesionalización de los clérigos, o al uso del término “misionero” como una vocación — nada de eso existió en el primer siglo. Más aún, la idea de membresía tiene sus orígenes en el Antiguo Testamento. Costó mucho sufrimiento definir la comunidad de Israel.

El Nuevo Testamento avanzó en la noción de revisar lo que constituía una comunidad de creyentes. Una parte importante de la mayoría de las epístolas discutía quiénes estaban calificados para ser líderes y tener una voz en la comunidad, quiénes debían contribuir a ella y cómo se darían estas cosas.

La membresía formal es una continuación de esa conversación con un esfuerzo de añadir claridad cultural y una definición regional a lo que involucra realmente el significado de pertenecer a una comunidad. La membresía es una manera de decir: “Inscríbame” para ser parte de algo que tiene valor, tener una voz y elevar sus dones y habilidades para ayudar la comunidad.

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