Incrementando a la manera de Dios

El primer mandamiento de Dios a la humanidad (Adán y Eva) fue “multiplíquense, y llenen la tierra” (Génesis 1:28 RVC). Cuando hizo milagros en Egipto, todos tuvieron un impacto multiplicador — moscas, sangre, langostas, ranas, etc.

Cuando Jesús habló acerca del reino, habló acerca de combinaciones de semillas y suelos que producían 30, 60 o 100 réplicas. La semilla y el suelo óptimos producían multiplicidad. La noción de hacer discípulos por todas las naciones asume la multiplicación. Jesús habló a un absurdamente pequeño número de personas acerca de un objetivo absurdamente grande de discipular a todas las naciones. (Mateo 28:19–20).

Aquí estamos ahora. La mayor parte del mundo no ha sido alcanzada para Cristo, pero el desafío es aún el mismo. La única forma de discipular y hacer que los discípulos se multipliquen es que los discípulos entrenen personas que entrenen personas y construyan ministerios que construyan ministerios. Eso es multiplicación.

Los buenos padres enseñan a sus hijos a amar a Dios, viven de acuerdo al propósito para el cual fueron creados, actúan éticamente y sirven bien a la sociedad. Eso es ser buenos padres. El resultado final, sin embargo, deberá ser buenos hijos haciendo el bien. La buena crianza tiene la multiplicación en mente. Los padres arraigan en sus hijos el amor a Dios de tal manera que ellos pueden ayudar a otros a amar a Dios. Ellos ayudan a sus hijos a descubrir y vivir de acuerdo al propósito para el cual fueron creados con una visión de ayudar a otros a hacerlo también. Ellos modelan un comportamiento ético en sus hijos y sirven a la sociedad con una visión de cambiar el mundo más allá de su propio alcance.

Así es el buen ministerio en la iglesia, el hogar y la comunidad. Si tú tienes un excelente ministerio que ha ayudado a la gente, expándelo. Ayuda o guía a otros a apren-der cómo hacerlo. Ayuda a otros a levantar ministerios similares. No acapares tus talentos. Compártelos. Los ministerios más excitantes que veo alrededor del mundo son aquellos que tienen como objetivo permitir que Dios haga crecer el ministerio a Su ritmo incontrolable, en lugar de hacerlo al nuestro, moderado y controlable.

Que tu ministerio se goce al tener tatara-tatara-tatara-nietos extendiéndose tan lejos de tu iglesia y de tu control que el impacto te sea indescifrable hasta que llegues al cielo. Eso es la multiplicación que nos ayudará a cumplir la Gran Comi-sión y crear el gozo en nosotros de que Dios está en control de lo que nosotros hemos perdido control hace mucho tiempo.

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