Has Sido Sanado

La necesidad desesperada por Liberación en la Iglesia

 

“Has sido sanado”. La anunciación guiada por el Espíritu Santo, fuerte y cuidadosa—“Has sido sanado”—está grabada en mi memoria.

En los minutos finales de la Cumbre Nacional de Oración en febrero de 2018, se hizo la invitación a algunas personas a dar unas palabras del Señor para la iglesia. Vinieron. Docenas hablaron, pero uno de ellos se quedó conmigo, grabado en mi mente: “Sé sanado”. No sé por qué me sentí tan sorprendido y cautivado. Creo que es porque yo también he visto a muchos seguidores de Jesús, e incluso congregaciones, que se van heridos—cojeando y arrastrándose por el trauma del dolor, desilusionados y abusados, víctimas del pecado cometido por nosotros, y pecado cometido en contra de nosotros. Heridos venimos a Jesús, pero como el hombre en el estanque de Bethesda, no podemos levantarnos de nuestro lecho para hallar la libertad que nos espera con el Agua Viva (Juan 5:2-9).

La Liberación es el enfoque de esta edición de LUZ Y VIDA debido a la grave necesidad de una manifiesta realidad de libertad en el pueblo de todas partes. Los resultados del pecado y del trauma están dañando universalmente a toda la humanidad; por tanto, la liberación y la libertad son la necesidad más grande. La buena noticia es que nuestro Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios Viviente, viene a nosotros como un Liberador.

El Mesías. Ungido y consagrado para un fin específico y santo. Ese es Jesús, quien clara y confidentemente habló de la razón para Su unción.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor” (Lucas 4:18-19).

La libertad es el propósito ungido de nuestro Mesías. Si la venida del Mesías trae libertad, recuperación, vista y liberación, ¿dónde está? ¿Por qué es la necesidad tan grande cuando los satisfactores son tan abundantes?

Nos olvidamos que la Fuente de nuestra liberación es solo Jesús. A menudo nosotros procuramos la sanidad de las personas que nos han lastimado. Anhelamos las apologías que pueden no venir nunca, deseamos la restitución que nunca llega, o esperamos que el remordimiento se abra paso en los corazones de los que abusan de nosotros. Puede ser que nunca llegue, pero eso no nos debe excluir de la sanidad. Como el hombre en el estanque de Bethesda, nuestro enfoque es nuestra falta de capacidad y nuestra inhabilidad de llegar al “estanque” que creemos que tiene la llave de nuestra libertad. Jesús, se puso justo en frente del hombre que estaba en su lecho, pero el enfoque del hombre estaba tan grabado en su mente que no vio al Sanador porque anhelaba una fuente de sanidad que era inadecuada. Cuando volteamos hacia el Sanador para ser sanados, ya no necesitamos las apologías, restitución o remordimiento que pensamos que nos va a traer sanidad.

Nos olvidamos que podríamos necesitar alejarnos de algo o de alguien.  Aquí tenemos una verdad inconveniente; las personas usualmente prefieren que Jesús sea el cuidador y capacitador que seguirá remendando los agujeros de su conducta y sus relaciones. Jesús nunca promoverá la cautividad actual. Él es nuestro Liberador, quien desea transportarnos de nuestro lugar tóxico, a un lugar espacioso de libertad. Como el hombre rico que se entristeció porque no pudo encontrar su camino para obedecer a Jesús (Lucas 18:18-25), él sacrificó la verdadera libertad sobre sus “cadenas”. La dura verdad es que muchos no asegurarán sus cadenas y llegar a la libertad. Algunas veces nuestras cadenas nos sirven bien a nosotros. Hemos aprendido a sostenemos en ellas, pidiendo caridad de otras personas. Otros se apoyan en sus cadenas para mantener atado a alguien en una relación disfuncional, las cadenas deben ser quitadas, y nosotros debemos alejarnos de ellas.

Nos olvidamos que nuestra liberación que tiene que ver con nuestra mentalidad e identidad. Identificándonos como esclavos requiere una reorientación espiritual. Cuando pensamos como esclavos, nos identificamos como esclavos, caminamos como esclavos. Nos identificamos como lastimados, heridos, dañados, y traumatizados. Cuando nuestros abusadores y acusadores nos han dejado, hay impresiones duraderas que tenemos que enfrentar. ¿Pero cómo reorientamos los caminos mentales que la esclavitud ha construido en nuestra mentalidad e identidad? Necesitamos el bálsamo de la Palabra Viviente de Dios. El diablo conoce el beneficio de las palabras y frases repetitivas que graban el trauma en tu vida. De la misma manera, el Liberador ofrece Su Palabra de Vida para sanar. Debemos ejercitar la misma repetición para esconder la Palabra de Dios en nuestros corazones, sanando nuestras mentes y nuestra identidad.

En esta época de Navidad, anticipa la liberación, no solo como un infante Liberador. Rompe en el pesebre tus cadenas, y sométete a la renunciación y arrepentimiento que abre el camino a la liberación y la libertad. Jesús está a la espera, y lo puede hacer ¿Qué acerca de ti? Como iglesia, ¿estamos listos para ser sanados?

 

Brett Heintzman es el productor de LUZ Y VIDA, por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, a la que también sirve como director del Ministerio Nacional de Oración.

 

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