Haciendo a un Lado las Reglas de la Historia

Si tú, como muchas personas, tienes aspiraciones de escribir una novela, tendrás qué aprender algunas reglas. Así es, las historias también tienen reglas, algunas de ellas no se pueden romper. Una de las primeras: Los autores nunca deben interrumpir la historia que están contando.

Piiensalo. Imagínate a J. R. R Tolkien metiéndose en “El Retorno del Rey” para interactuar con los personajes y decir: “Con permiso, lector, pero estos chicos no están manejando bien la situación. Aragorn y Frodo, yo soy el autor. Déjenme explicarles cómo es el argumento y cuál es el punto”.

El no lo haría. Tú no lo tolerarías. No arrojarías el libro al otro lado del cuarto para exigir la devolución de tu dinero (y años de tu vida) por las tres entregas de “El Señor de los Anillos”. Definitivamente desilusionarías a Peter Jackson no yendo este mes a ver “The Hobbit”.

Los autores que se introducen en sus propias historias lo hacen por muchas razones incorrectas. Quieren asegurarse que los lectores aprendan la moraleja. Sus personajes fuera de control necesitan ser manipulados. Quieren que todos sepan quien está bien y quien no lo está.

El Autor como Heroe
Sin embargo el autor cósmico entro en la historia. No lo hace como un moralizador, un juez o un manipulador, aunque tiene el derecho de ser todo lo antes mencionado. Se introduce como el héroe. Como no se pensaría que lo hiciera — ¡Como todo en el libro de reglas!

“Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Juan 3:16-17).

Estos versículos centrales del evangelio nos cuentan la historia. Nos hemos anestesiado a las palabras; las hemos repetido de memoria desde nuestra primer Escuela Bíblica de Verano. ¿Nos damos cuenta del impacto que le hicieron a la historia?

Ningún otro dios adorado por nadie más en el planeta se sacrificó a sí mismo para convertirse en el héroe. Nos dieron muy buenos ejemplos qué imitar, nos dieron reglas y agendas para que las siguiéramos, sugirieron proverbios con los cuales vivir. Pero ninguno hizo lo que hizo el autor del universo. Dios nos dio — nos dio — y nos dio — para que todos fuéramos salvos, no solamente iluminados.

Jesús entró en la historia de la humanidad. Cuando parecía que el conflicto no se podría resolver, los personajes fueron más allá de la redención, no hubo para nadie un final como el que dice “vivieron felices para siempre”, Jesús hizo la pluma a un lado y se introdujo en el complot.

Jesús no entró a la historia en la Navidad para moralizar o manipular las cosas según sus propios propósitos. Él vino a ofrecer a todos en la historia la oportunidad de tener un final feliz, cortesía de Su propio sacri-ficio. En la Navidad nosotros cantamos acerca de un niño en un pesebre, ¿pero recordamos que aquel niño por propia voluntad y de manera intencional se introdujo en la historia convirtiéndose en su héroe sacrificial?

Hay ocasiones en las que nosotros también nos olvidamos de que El planea regresar para terminar la historia. Una vez más, El pondrá a un lado la pluma y el papel (O quizá usará una computadora en aquel día?) y nos dará a nosotros, los corazones humanos, el final que se desea en todas las historias — belleza, justicia y eterno amor.

Jill Richardson es una pastora Metodista Libre, esposa y madre que comparte la gracia de Dios por medio de la palabra hablada, por escrito (jillmarierichardson.com), y con su vida.

“Nadie Sabe”
“La escatología es una palabra elegante que significa el estudio del fin. ¿Qué son las últimas cosas que suce-derán cuando la historia se cierre?

Pocas personas quieren apostar a que el final vendrá en este mes de diciembre.

Sin duda hay algunos que están vendiendo sus condominios y automóviles, y enviando su dinero a algún tele-evangelista. Pero no son muchos. Cuando Dios dijo: “Pero en cuanto al día y la hora nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mateo 24:36), nosotros asumimos que “nadie” también incluye a los Mayas, Los Testigos de Jehová y a Harold Camping

Pero cuando el autor dice “El Fin”, todos querríamos saber que sucederá. Quién entra, quién se queda afuera, el orden en el que todos iremos, y a fin de cuentas ¿Cuál es la marca de la bestia? Todas estas preguntas son válidas. Pero volviendo a la historia, hay una pregunta que nos intriga aún más: ¿Qué quiere Dios que hagamos con el complot en medio de todo?

Dios Nunca se Fue
Algo que pasamos por alto cuando cantamos acerca de la Navidad y especulamos acerca de la Segunda Venida es que Dios, de hecho, nunca ha salido de la historia. La maravillosa realidad es que, para los cristianos, el autor de la novela vive en cada uno de nosotros y nos dirige hacia la página siguiente, si se lo permitimos.

“Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que habremos de ser. Sabemos, sin embargo, que cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos como él es” (1 Juan 3:2).

¿Cómo es que seremos como él? No lo sabemos exactamente. Tampoco Juan lo sabía, pero de una cosa podemos estar seguros. Él quiere que el cambio sea un proceso continuo.

Dios no está tan interesado en una “Transformación Extrema”, estilo “gran revelación”. Más bien, de acuerdo con Pablo, “Todos nosotros. Con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor, que es el Espíritu” (2 Corintios 3:18)

Eso es tiempo presente, acción continua. No es que “seremos transformados”. “Estamos siendo transformados” — ahora mismo, todos los días. Él quiere más y más que seamos como Cristo, para que cuando Él regrese, podamos decir: “Sí, así es como siempre lo imaginé”, en lugar de decir: “¡Guau!, ¡qué final tan más inesperado!”.

El Libro de Génesis nos dice que fuimos hechos a Su imagen. Ambos, Juan y Pablo, insisten en que Jesús vino a restaurar esa imagen. En su primera venida. Él ofreció la oportunidad de cambiar nuestra historia y volver a ser lo que Él quería que fuéramos. Por medio de Su Espíritu Santo, Él nos da potestad de hacer ese cambio, comenzando ahora, “con más y más gloria”.

Jesús no es solamente el autor omnisciente, el héroe que llegó al pueblo y luego desapareció”. Él es el escritor que aún continua poniendo su firma en cada página de cada persona que dice: “Quiero que mi historia sea tu historia. Quiero que mi vida demuestre al autor que escribió mi historia”.

Ese es el desafío tanto de la Navidad como del futuro regreso de Jesús: Hacer algo con el contenido hasta que Él venga a ponerle punto final.

¿Y qué cuando eso suceda? He oído decir que la segunda parte será aún mejor.

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