Gratitud y Gracia

Mi familia y amigos han dejado de pedirme que ore por los alimentos. No quieren darme la oportunidad de comenzar porque luego tomo demasiado tiempo.

Realmente no es culpa mía, he pasado muchas experiencias. En primer lugar, mi esposo John, perdió sus sentidos del olfato y el gusto en un accidente ecuestre cinco años atrás, de modo que si como unas 1,000 veces en el año, significa que 5,000 veces he podido disfrutar el aroma y el delicioso sabor de la comida mientras que mi amado esposo solo come para vivir. Antes de comenzar a orar en voz alta, en silencio le agradezco a Dios por el maravilloso sentido del gusto, el buen don del Creador para nosotros. La pérdida de John me ha mostrado qué tanto he dado por sentado el placer de la comida. Tengo un nuevo aprecio por cada bocado de sabor.

Luego, durante los últimos ocho años, he estado en 36 países y he visto innumerables personas mal nutridas. He visto a niños escarbar entre la basura y cientos más mendigando algo que comer. He sido invitada a disfrutar deliciosas comidas en los hogares de personas que tienen tan poco. Yo sé que están sacrificando de los víveres esenciales para su familia para atenderme bien como su invitada. He sido conducida cientos de kilómetros en caminos rurales donde los labriegos trabajan con herramientas primitivas bajo los rayos del sol abrasador a fin de alimentar a sus familias.

Me siento delante de un suculento y nutritivo platillo. Es más llamativo cuando me encuentro en un restaurante. ¡Yo no hice nada para merecer esta comida! Alguien sembró las semillas, en colaboración con el abundante diseño de Dios de las plantas con semillas. Dios proporcionó la tierra fértil, el sol y la lluvia—posiblemente asistido por los esfuerzos del ingenio humano para la fertilización y la irrigación. Cuando como carne, se sacrificó la vida de un animal en mi beneficio. Incluso, si como frutas y vegetales, alguien hizo el duro trabajo de cosecharlos, llevarlos al mercado, limpiarlos, cocinar y servir la comida ¡Es demasiado! Me siento abrumada con gratitud. Mi camarera puede llevarse una buena sorpresa, pues de toda la cadena de trabajadores, ella será la única a quien le puedo dar una propina. Sin duda puedo parecer un poco extravagante.

Por supuesto, hay una conexión, cuando somos verdaderamente agradecidos, tenemos que darle algo a alguien. La gratitud engendra generosidad.

Comienza con una postura hacia Dios honrándolo como el único Dador de todo don perfecto, y reconoce Su gracia abundante en todas sus muchas formas. Algunos de los más grandes santos viven vidas humildes con pocas posesiones materiales y en circunstancias difíciles que en otros solo serían motivo de queja. Sin embargo, ellos comienzan cada día con una oración más o menos como esta: “Gracias, Señor, por despertarme esta mañana y por darme otro día de vida. No tenías qué hacerlo, pero lo hiciste, y yo te doy las gracias”.

Algunos idiomas revelan la relación entre la gracia y la gratitud. Gratia es gracias en latín. Así cuando le decimos a alguien: ”gracias”, el concepto de la bondad de Dios se derrama por todos lados hacia el mundo. Podemos ver la palabra griega caris, que también significa gracia, en la palabra más larga: Eucaristía, la Gran Acción de Gracias por la Cena del Señor. Jesús dio gracias mientras compartía el pan y la copa en preparación para dar voluntaria, “graciosamente” su misma vida en nuestro beneficio. La gratitud y la gracia son de una sola esencia.

Acerca de esta profunda conexión Pablo escribió en su segunda epístola a los Corintios: “Ahora hermanos, queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad” (2 Corintios 8:1-2). Una hambruna en Jerusalén había impulsado a las iglesias cercanas y lejanas a enviar una ofrenda de ayuda, pero las iglesias de Macedonia las sobrepasaron a todas dando generosamente desde una situación de pobreza. Notemos el uso que hace la palabra rica. Su contribución hasta el sacrificio es una muestra de la forma más rica de dar. Más allá de anunciar la cantidad de la ofrenda, Pablo alabó su virtud y su gracia al participar anhelosamente para aliviar el sufrimiento entre personas que ellos no conocían y que nunca llegarían a conocer.

La mutualidad es un ingrediente clave de la comunidad cristiana, tanto local como globalmente. Es esencial que todos reciban el privilegio de dar. En las palabras de Henri Nouwen: “Solo los que verdaderamente creen que tienen algo que ofrecer pueden considerarse como espiritualmente adultos”. ¡”Gracias”! fmchr.ch/hngracias). Y así, incluso las congregaciones cristianas más pobres por todo el mundo dan sus ofrendas al Señor cada semana, a menudo danzando por los pasillos para presentar sus ofrendas.

Recientemente escuché al misionero Darin Land, mientras recaudaba ayuda financiera para que él y su esposa, Jill, pudieran regresar a las Filipinas como educadores teológicos. Con una profunda convicción, él explicó: “Nuestros hermanos y hermanas asiáticos son ricos en algunas maneras en las que nosotros somos pobres, y son pobres en maneras en las que nosotros somos ricos”.

Con qué claridad vi esta realidad, cuando, en 2007, una familia de refugiados de la República Democrática del Congo se unió a la Iglesia Metodista Libre New Hope, de Rochester, Nueva York, donde yo servía como pastor. En algún tiempo ellos habían sido los dueños de una importante porción de terreno y mucho ganado, pero habían sido lanzados de su país por razones políticas. Después de sobrevivir a una masacre en un campamento de refugiados en la que su hija de 7 años fue asesinada, y luego de andar vagando de campamento en campamento, finalmente llegaron a los Estados Unidos. Entre sus muy pocas posesiones materiales se encontraban sus Biblias, sus himnarios y sus cartas de transferencia como Metodistas Libres. Sus prioridades no eran algo sutil.

Desde el primer día nuestra congregación comenzó a percibir la riqueza que estos refugiados habían traído consigo. Eran ricos en fe y en oración. Sus lazos familiares eran irrompibles. Habiendo soportado juntos horribles tribulaciones. Amaban apasionadamente a Dios y lo adoraban con una gran alegría. ¡Y sus cantos! Nunca habíamos escuchado tales armonías y ritmos, ni habíamos presenciado danzas así delante del Señor. Eran ricos en idiomas, dominaban algunos. Su riqueza también se mostraba en una hospitalidad desinteresada y sencilla, palabras profundas de bendición a los visitantes y sus hogares, y un aprecio aún por los más pequeños detalles. No tomaban nada por descontado.

¿Qué podíamos ofrecerles a personas como ellos? Supimos que podíamos ayudarles a aprender el idioma inglés y llenar formularios. Podíamos proporcionarles instrumentos caseros como electrodomésticos, muebles y sábanas. Al principio podíamos ofrecerles transportación y enseñarlos a conducir autos después. Escuchamos sus necesidades y descubrimos maneras de ayudarlos a encontrar carne de cabra y mandioca en el mercado público. Algunos miembros de la congregación les ayudaron a navegar a través de los desconcertantes pasillos del supermercado; otros les enseñaron cómo manejar una máquina de lavar ropa o un abrelatas. Lo que nosotros realmente compartimos fue nuestro amor, nuestros corazones y nuestros hogares. Estábamos absolutamente seguros de que ganamos más de lo que dimos.

En este mes de Acción de Gracias, al acercarnos a la temporada de dar que conocemos como la Navidad, consideremos la profunda conexión entre la gracia de Dios y las expresiones prácticas de gratitud por esta gracia. La Epístola de Pablo a los Corintios sigue diciendo: (2 Corintios 8:7-9): “Pero ustedes, así como sobresalen en todo—en fe, en palabras de conocimiento, en dedicación y en su amor hacia nosotros –procuren también sobresalir en esta gracia de Dios. No es que esté dándoles órdenes, sino que quiero probar la sinceridad de su amor. Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos” (2 Corintios 8:7-9).

¿Cómo podemos sobresalir en la gracia de Dios en este tiempo del año? Ese concepto puede comenzar con un deseo de compartir gran parte de nuestro dinero tan duramente ganado para comprar regalos adecuados para nuestros seres amados, una práctica que es esperada en nuestra cultura y puede expresar amor genuino y fortalecer nuestros lazos familiares. Pero seguramente va más allá. En este pasaje, Pablo dice que compartir con los que tienen necesidad es una manera de probar que nuestro amor es genuino.

Juan Wesley, el fundador del Metodismo, enseñó en algunos de sus sermones que “la verdadera religión” es una combinación de “gratitud y benevolencia; gratitud hacia nuestro Creador y Benefactor Supremo, y benevolencia hacia nuestros semejantes” (fmchr.ch/jwsermon). Reconociendo que hemos recibido mucho de Dios y de otros, anhelamos “pagar por adelantado”, y buscamos maneras de compartir de nuestra abundancia. De hecho, podemos ir más allá, siguiendo el ejemplo de Jesús, cuyo regalo de darse a Sí mismo abandonando Sus riquezas y haciéndose pobre. Ahora nos moveremos hacia esta clase de perfección en la gracia de dar.

Algunas de nuestras ofrendas de benevolencia serán locales—vemos necesidades “directamente en frente de nuestros ojos” y buscamos las maneras de ayudar. Además de eso, el mundo en el que vivimos, con vastas diferencias de riquezas entre naciones y regiones, presenta nuevos y enormes desafíos y oportunidades para compartir en forma global. Existen miles de organizaciones para formar estas conexiones entre donantes compasivos y personas en situación de pobreza.

En este contexto, necesitamos considerar los medios más prudentes de dar caritativamente. Muchos esquemas para aliviar la pobreza de hecho terminan causando más daño que bien, de modo que es importante que aprendamos cómo ayudar de maneras realmente útiles. Por ejemplo: Programas que envían toneladas de alimentos de países donantes a países insuficientes a menudo obligan a los granjeros locales a salir del negocio, porque ¿Quién puede competir con alimentos gratis? Otros problemas bien intencionados regalan artículos que la gente no necesita, o no está entre sus deseos (ninguna niña mal nutrida necesita una muñeca Barbie en lugar de comida nutritiva), o embarcan artículos al otro lado del mundo que no tienen un valor igual al costo de los derechos de importación, así que nunca salen del puerto de embarque. Con frecuencia las personas de estos países sienten la necesidad de mostrar agradecimiento, aunque preferirían decirles a los donantes la verdad sobre lo que sí les serviría. Pero como la mayoría de estas organizaciones son tan grandes e impersonales, no tiene caso hacer nada.

Aquí es donde nuestro sistema conectivo llamado Iglesia Metodista Libre interviene. La manera más estratégica de compartir nuestras bendiciones materiales es por medio de relaciones sanas, mutuamente respetuosas en las que el dar tiene dos direcciones. Nuestra red global nos ayuda a relacionarnos unos con otros como miembros de una familia. Muchas ocasiones a mí me llaman hermana cuando visito otros países, y yo lo recibo como un honor y un privilegio. Mucho más que Doctora Linda, lo que también sucede. Me gusta cuando me saludan como un miembro de la familia. Establece un sentido de afecto familiar expresando la realidad de la familia de Dios.

Nuestros obispos, los directores de área de la Comisión de Misiones y los misioneros, así como líderes de los ministerios de la Iglesia Metodista Libre, como los Ministerios Infantiles Internacionales (ICCM), la Red de Pequeñas Empresas (SEED), el Movimiento Liberación, y algunas otras hermosas organizaciones “primas hermanas”. Todas invierten fuertemente en relaciones con líderes Metodistas Libres alrededor del mundo. Estamos en un diálogo honesto con obispos y líderes de la iglesia en muchos países sobre cómo colaborar mejor unos con otros. Tenemos décadas de historia compartida e iniciativas cruzadas. No siempre nos sale bien, pero estamos en esta relación de largo alcance, así que trabajamos duro para crecer juntos y aprendemos mejores maneras de relacionarnos y ministrar.

Un valor obviamente compartido con la familia Metodista Libre Mundial es que cualquier cosa que se haga lleva consigo amar a Dios y servir al prójimo en el nombre de Jesús. Si patrocinamos niños, ellos están bajo la protección de la iglesia. Si la ICCM quiere que los niños descubran el gozo de aprender, la esperanza de vivir, y el amor de Jesús— y eso sucede mediante la obra voluntaria y sacrificial de gran cantidad de adultos que sirven como pastores, profesores, padres de familia, directores de proyectos, y muchos otros roles. En ese sentido, patrocinadores y padres y otros adultos relacionados con la vida diaria de los niños, son verdaderos colaboradores. No importa que sea la educación continua, filtros de agua, fondos para la compra de alimentos que debe ser cocinada para los niños, o telas para coser sus uniformes escolares. Poner dinero adicional en las manos de estas personas es invertir en nuestra visión compartida de bendecir a los niños.

Otras iniciativas Metodistas Libres ofrecen oportunidades de auto sustentabilidad, entrenamiento médico, educación pastoral, colaboración en la lucha contra el tráfico humano, y muchas otras formas de empoderamiento. Todo lo mencionado está diseñado para expresar y expandir el reino de Dios a la vez que apoya el desarrollo entre nuestros seres amados en otras partes del mundo. Nuestros colaboradores reciben estos regalos como procedentes de generosos hermanos y hermanas en la familia global de Dios, y ellos dan gracias a Dios por nuestra generosidad.

Esta realidad fue experimentada por la iglesia primitiva, según expresado más tarde en el mismo pasaje por Pablo a los Corintios: “Esta ayuda que es un servicio sagrado no solo suple las necesidades de los santos sino que también redunda en abundantes acciones de gracias a Dios. En efecto, al recibir esta demostración de servicio, ellos alabarán a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión del evangelio de Cristo, y por su generosa solidaridad con ellos y con todos. Además, en las oraciones de ellos por ustedes, expresarán el afecto que les tienen por la sobreabundante gracia que ustedes han recibido de Dios. ¡Gracias a Dios por su don inefable!” (2 Corintios 9:12-15).

Cuando nuestros colaboradores globales expresan sus más sentidas palabras de acción de gracias, estas palabras son dirigidas a Dios. Como Pablo lo explica a los Romanos, los recipientes de sus dones corresponden a la gentileza con afecto y oración. Esta es una tremenda contribución. Me gustan sus oraciones. Pero sobre todo, dice Pablo, la simple acción de compartir sobrepasa “las muchas acciones de gracias a Dios” y “glorifican a Dios”. ¡Qué alegría es saber que hay algo que podemos hacer para que en alguna otra parte del mundo haya un incremento en la gloria y alabanza a Dios.

El círculo virtuoso se cierra. Todos somos beneficiarios. Comienza con el generoso regalo de Dios: Su Hijo. Por medio de Jesús, recibimos el don de la salvación por gracia. Nuestra gratitud fluye de nosotros como generosidad. Las necesidades del pueblo de Dios son satisfechas, y se llena de gratitud por nuestra expresión de la gracia de Dios. Su propia generosidad se derrama en actos de servicio desinteresado, y alaban a Dios por Su bondad. En respuesta, nosotros declaramos con ellos: “¡Gracias a Dios por Su don inefable!”

LINDA ADAMS es la directora de Ministerios Infantiles Internacionales—el Programa patrocinador de niños de la Iglesia Metodista Libre Global. Antes de recibir el nombramiento de directora de ICCM, fue pastora en la IML por 17 años.

Written By
More from Linda Adams

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *