Gracia Santificadora: Proclama de Dios sobre Emancipación

Cuando imparto cursos sobre el libro de Romanos en mis clases de la Universidad de Spring Arbor, la mayoría de los estudiantes comprenden la gracia salvífica y por qué es importante que Dios ofrezca perdonar nuestros pecados. Sin embargo, parecen tener problemas con el concepto de la gracia santificadora. ¿Por qué es tan necesario que Dios nos ofrezca el poder sobre el pecado y de vivir vidas santas? He descubierto dos analogías útiles para que los estudiantes capten cómo estas dos ideas se complementan.

La Regla de la Galleta

Recuerdo que mi mama solía hornear galletas cuando yo era pequeño. Mi hermano y yo abríamos la puerta y entrábamos al llegar de la escuela, y captábamos en el aire el aroma de las galletas de chocolate. Nos emocionaba la expectativa. Luego ella nos decía que las galletas estaban prohibidas hasta que hubiéramos comido: “No quiero que se les quite el apetito”.

¿Qué pasaba después? Queríamos comernos las galletas pero no queríamos esperar. Antes de entrar a la casa, no teníamos ningún deseo de comer galletas, pero en cuestión de minutos estábamos tratando de tomar una galleta sin ser descubiertos. ¿Qué fue lo que cambió? Fue la regla de “no comer galletas hasta después de comer”.

Si éramos descubiertos, ¿no sería lógico que culpáramos a nuestra madre por la transgresión? Yo podría argumentar con ella: “Si no hubieras puesto esa regla, en primer lugar yo nunca habría sentido el deseo de las galletas”.

Esa es la misma pregunta que Pablo hace en Romanos 7:7: “¿Qué concluiremos? ¿Que la ley es pecado?” Y luego responde en el siguiente versículo: “Pero el pecado, aprovechando la oportunidad que le proporcionó el mandamiento, despertó en mí toda clase de codicia”. El problema no estaba en la regla de mi madre. Estaba en el “monstruo de la galleta” que había dentro de mí.

¿Con cuánta frecuencia nos sentimos más abrumados con la expectativa de recibir el castigo por comernos la galleta que con la parte de nosotros que sigue deseando comerse la galleta? Necesitamos que Dios nos salve de las dos.

Ya no Somos Esclavos

Tendemos a pensar más sobre la gracia salvífica de Dios al perdonarnos y mucho menos sobre por qué la gracia santificadora es tan necesaria. Esto nos conduce a Romanos 6 y a la segunda analogía—la Proclamación de Emancipación

Muchos de nosotros sabemos que Abraham Lincoln firmó la proclama de Emancipación que liberaba a los esclavos en los territorios en poder de los Confederados el Día del Año Nuevo de 1863. Lo que es menos sabido es que tomó mucho tiempo para que la proclamación se hiciera realidad. Muchos siguieron siendo esclavos después del 1 de enero. Algunos esclavos no supieron sobre la proclamación por meses. Cuando otros la escucharon, no la creyeron porque ser esclavos era todo lo que ellos sabían. Los poseedores de esclavos utilizaron el temor y la intimidación para seguir manteniendo a los esclavos en las plantaciones.

Romanos 6 es lo que yo llamo la Proclamación de la Emancipación del Cristiano. En ella, Pablo nos muestra cómo Dios nos da la habilidad de vivir vidas santas por medio de la muerte y resurrección de Cristo. La gracia de Dios no sólo nos salva del castigo por el pecado, sino también del poder del pecado. ¿Cuántos cristianos el día de hoy siguen viviendo en la esclavitud de su pecado porque no saben que la libertad es una realidad?

Uno de los primeros versículos que aprendí como nuevo cristiano fue el de 1 Juan 1:9. Dios promete perdonarnos cuando confesamos nuestros pecados. ¿Pero por qué no enseñamos a los nuevos creyentes que también nos ha dado la victoria sobre nuestra naturaleza pecaminosa? Romanos 6:3-4 dice: “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?… Así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva”.

¿O qué decimos de Romanos 6:6? “Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso (la parte que sigue queriendo comerse las galletas) perdiera todo su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado”

Cuando bautizamos a nuevos creyentes, debemos decirles cómo el bautismo es un cuadro de nuestra aceptación de Su ofrecimiento de perdón por medio de Su muerte y Su ofrecimiento de vida santa a través de Su resurrección.

Sin embargo, saber que somos libres es sólo el primer paso. Aún necesitamos salir de la plantación. El hecho de que algunos de los esclavos fueron convencidos por sus dueños de que no eran libres, nosotros también tenemos un dueño de esclavos, Satanás, quien nos convence de que no somos libres. Es fácil creer esa mentira cuando tenemos luchas con cierto hábito por demasiado tiempo. Nosotros creemos que la esclavitud es sólo una parte de lo que somos. Por eso es que creemos lo que Pablo nos dice en Romanos 6:11: “De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús”. ¡Todo lo que necesitamos para vencer estos hábitos pecaminosos ya nos ha sido dado a nosotros!

Finalmente, Pablo nos dice que nos “ofrezcamos a Dios” porque hemos sido liberados del pecado. Cuando aceptamos el ofrecimiento de Dios, de la gracia santificadora, cosechamos “la santidad que conduce a la vida eterna” (Romanos 6:22). Usualmente, se menciona a Romanos 6:23 en el contexto de la salvación, pero viene al final de esta sección donde Pablo está hablando acerca de la santificación. El don de la vida eterna es mucho más que solo vivir en el cielo. Es la habilidad de vivir una vida santa ahora mismo. Dios quiere darnos el don de la santidad porque Él nos ama y la considera como una bendición.

Qué tristeza es pensar que en 1863, miles de esclavos fueron liberados legalmente pero siguieron en sus plantaciones. No dejemos que se diga que los cristianos en el siglo 21 hemos permanecido en la plantación del pecado en lugar de vivir vidas santificadas.

 P.J. Kitchen ha sido professor de la Universidad de Spring Arbor por los últimos 10 años. Kitchen, graduado del Seminario Teológico de Grand Rapids, también es profesor de la Universidad de Cornerstone. Anteriormente sirvió en el ministerio de la iglesia local como pa stor juvenil por 20 años y dirigió una red de pastores de jóvenes de área por cuatro años.

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