Fija tus Ojos en Cristo, No en las Circunstancias

“Cristo no es valorado en absoluto, a menos que sea valorado sobre todo”. – Agustín

Mi familia enfrentó desafíos intensos para los que no había fin a la vista. Nos sentíamos abrumados y temerosos. Durante los meses que antecedieron a esta crisis, yo había decidido ser fuerte y tener fe. Muchas personas oraban por nosotros de  manera sistemática. En lo más profundo de mi ser yo creía que Dios podía intervenir de una forma milagrosa. Yo quería creer que todo acabaría pronto, y que la ayuda estaba a la vuelta de la esquina,

Luego llegaron las malas noticias. El cambio tan esperado parecía estar fuera del alcance, e imposible de creer. Yo sentía que no podría soportar más. ¿Cuánto tiempo más,  Señor? ¡No puedo soportar más!

Con la confirmación de nuestra oscura realidad, sentí que mi corazón estaba a punto de explotar. Yo quería huir pero también sabía que no lo haría. Salí, y anduve dando vueltas de aquí para allá por la banqueta debajo de la lluvia por más de una hora mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas. Oré en voz alta, por momentos oré a gritos, mientras estaba sumida en llanto todo el tiempo. La lluvia cubrió mi dolor como un blanco cobertor, proporcionándome un lugar seguro para llorar y encontrar alivio. Estaba en el límite de mi resistencia. Mi energía,  coraje y fe se habían desvanecido.

Después de hablarle a Dios acerca de mis temores, de mi dolor y mi falta de habilidad para soportar, mis lagrimas se secaron y me quedé sin palabras. Decidí darle gracias a Dios y alabarle –no porque sintiera el deseo sino por mi desesperación de Dios. Me oi decir: “Decido alabarte, oh Dios. Te alabo Jesús. Te alabo, Santo Espíritu”.

Un cuadro muy nítido se dibujó en mi mente. Vi un largo camino hacia un brillante horizonte, y comprendí que Jesús ya había contestado mis oraciones en el futuro. Estaba consumado. Él es el Vencedor. Todo lo que yo tenía que hacer era vivir aquellas respuestas! ¡Qué tan grande es nuestro Dios!

La revelación de las respuestas del futuro lo cambió todo. Yo podía tener fe –no en el ahora y en mis circunstancias sino en la seguridad de que los planes de Dios son buenos y mis oraciones han sido contestadas. Yo sabía que Dios me había dado promesas de que esta situación tendría un final feliz, pero la falta de evidencias me hacia trastabillar y temer. Este nuevo cuadro  de las promesas cumplidas, un punto en el horizonte que me servía de referencia, renovó mi esperanza y mi fe. Entré en mi aposento y me tiré al piso— aun en medio de la tristeza, pero alabando a Jesús de una manera genuina.

¡“Gracias Jesús! ¡Gracias Jesús!”, repetí una y otra vez hasta que la paz me invadió y pude enfrentar de nuevo las circunstancias de mi vida.

Todo lo que Necesitamos es a Jesús

Como dije en la edición de febrero de la Revista Luz y Vida [RLV]: “Los grandes caracteres se desarrollan en la presencia de Jesús—especialmente en medio de las pruebas. Jesús respondió en victoria Su llamado. Nosotros también podemos cuando le seguimos y le obedecemos”,

Jesús nos dijo mientras aun estábamos en la formación de nuestro carácter que seriamos atacados por todos lados, igual que lo fue El. Pablo escribió: “Por todos lados nos presionan las dificultades, pero no nos aplastan. Estamos perplejos pero no caemos en la desesperación” (2 Corintios 4:8, Nueva Traducción Viviente).

Vendrán desafíos y pruebas para entrenarnos y formarnos. Dios cumplirá en nosotros y por medio de nosotros lo que Él se propone cuando nosotros fijamos nuestros ojos en Jesús. Nuestra tarea es fijar nuestros ojos en Él. Él fue tentado de todas las maneras posibles y perseveró (Hebreos 4:15). Él ya lo ha hecho. Sin embargo, si nos fijamos en nuestras circunstancias, nos hundiremos como Pedro:

“Ven, dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: ¡Señor, sálvame! En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” (Mateo 14:29-31).

Pedro comenzó a hundirse en el momento en que quito la vista de Jesús. Cuando las ultimas noticias me hicieron poner mis ojos en el suelo, me sentí atrapada por la pena.

En Juan 11, Marta sintió un profundo pesar cuando su hermano Lázaro murió. Cuando supo que Jesús venía, fue a encontrarlo. En su dolor, le dijo a Jesús que Lázaro no habría muerto si Él hubiera llegado a tiempo. Luego dijo: “Pero yo se que ahora Dios te dará todo lo que le pidas” (v.22).

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. (v.23).

Marta pensó que Jesús hablaba del día final (v. 24). Jesús aclaró su identidad: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mi vivirá aunque muera, y todo el que vive y cree en mi no morirá jamás” (v. 25).

Mara adoro a Jesús y fijó sus ojos con firmeza en El: “’Si Señor; yo se que tu eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo” (v. 27)

Adoración de Poder

Marta puso sus ojos en sus circunstancias a la vez que creía en Jesús. Cuando Él le mostró quién era, Marta lo adoró. Él dice que nosotros hagamos lo mismo—que pongamos nuestros ojos en Jesús y que lo adoremos en medio de nuestras circunstancias. Cuando nos enfocamos en Jesús y lo adoramos. El hará nuevas todas las cosas. Él transformará nuestras circunstancias, ¡y a nosotros!

La adoración y la alabanza desatan los poderes celestiales. Los salmistas no se quedaron lamentando su condición, o derramando su corazón, sino que siempre terminaron  en alabanza  y adoración.  Alabar a Dios en medio de los desafíos glorifica a Dios. Nos acerca más a Dios, que es nuestro escudo, fortaleza y defensor. Alabar a Jesús nos protege del mal y del Malo. ¡Hay poder en la adoración y en la alabanza!

En medio de las dificultades, cuando somos zarandeados para todos lados, podremos regocijarnos y tendremos paz si nosotros:

  • Alabamos y adoramos. Glorificamos a Dios por lo que está haciendo aunque no veamos ninguna señal por ningún lado.
  • Oramos las Escrituras. Dios promete que Su Palabra no volverá a Él vacía.
  • Le damos las Gracias por lo que Él está haciendo. Cuando le damos gracias por las dificultades, somos cambiados y producimos el fruto del Espíritu en abundancia.
  • Recordamos las promesas y oramos por ellas. Cuando nuestras circunstancias nos parecen muy negras, reclámale a Dios en oración Sus promesas. Él no se enfada porque le preguntemos si con eso nos fortalecemos para el peregrinaje.

Cuatro años después, aun sigo viviendo a través de los elementos de las mismas circunstancias. Dios me hizo crecer mientras iba conmigo por el camino hacia las respuestas. Yo veo atisbos de la respuesta, y cada vez se acerca más. He aprendido a alabar a Dios en la obscuridad sabiendo que Él brilla con toda su brillantez a pesar de los nubarrones.

Henriet Shapelhouman es pastora de la Conferencia Pacifico Noroeste, es presidenta del Instituto Semper Vita, y es autora de “The Story Lives” (“La Historia Vive”). Thestorylives.com.

DISCUSION DE GRUPO:

[2] ¿Con qué circunstancias te enfrentas?

[2]  ¿Cómo te está  entrenando Dios para que fijes tus ojos en Cristo?

[3]  ¿Escoges adorar y alabar a Dios aún en circunstancias difíciles?

[4]  ¿Cómo confías en que Jesús ha respondido?

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