Expandiendo Nuestra Comunidad

Probablemente la mayoria de lectores de este articulo sean Gentiles (no-Judios). Es un simple hecho que  constantemente y sin intencion suprimimos.  Nosotros éramos los de afuera.  Nosotros éramos los extranjeros. Ni por un momento consideramos la nocion de que no somos incluidos.  Nosotros aceptamos el misterio del evangelio.

Nos acordamos que estabamos separados de Cristo, excluidos de la ciudadania de Israel y extranjeros del pacto de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.  Pero ahora en Cristo Jesus, nosotros quienes una vez estuvimos lejos hemos sido hechos sido hechos cercanos por medio de la sangre de Cristo (paráfrasis de Efesios 2:12-13).

En lo que se refiere a nuestro andar con Cristo, tenemos la certeza y estamos seguros de nuestra salvacion como creyentes.  Ni por un momento cuestionamos que nuestra relacion con Dios sea por gracia por medio de la fe en Cristo Jesus.

De cualquier manera, en ocasiones caemos en el mismo etnocentrismo que fue el problema de los Judios.  Jesús contó una historia, “El Buen Samaritano” (Lucas 10:25:37, a un maestro de la Ley para confrontar su renuencia de extender el amor hacia una comunidad mas amplia.   De cualquier manera, si el maestro de la Ley en realidad hubiera entendido la Ley, nosotros hubieramos llegado a la misma conclusión que la historia de Jesus nos ha traido.

Notemos en sucesión desde el Éxodo, Levítico y Deuteronomio (parte de la Ley) instrucciones especiales de Dios sobre cómo los Israelitas debían de tratar a los extranjeros:

“No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto” (Exodo 23:9).

“Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor y Dios de Israel” (Levitico 19:33-34).

“Porque el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios, poderoso y terrible, que no actúa con parcialidad ni acepta sobornos. Él defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos.  Así mismo debes tú mostrar amor por los extranjeros, porque también tú fuiste extranjero en Egipto” (Deuteronomio 10:17-19).

Notemos las instrucciones:  No los opriman; no los maltraten; trátenlos como si fueran nativos;  y ámenlos (como a ustedes mismos.) Notemos la justificación de las instrucciones— “también tu fuiste extranjero en Egipto”,  se repite 3 veces.

Entre los que recibieron su mandato en Deuteronomio, solo dos personas eran adultas en Egipto—Josue y Caleb.  Muchas de las personas no hubieran tenido memoria de haber sido esclavos en Egipto.  Todo lo que sabían eran historias de sus padres y abuelos.  La mayoria de los que recibían las instrucciones habían nacido durante los 40 años que erraron en el desierto.  Pero las instrucciones hablan del entendimiento colectivo de lo que significa ser extranjero.  Todos tenían eso en común.  Ni una sola persona en todo Israel se hubiera sentido en casa en la tierra a la que se dirigían. Todos eran extranjeros, y eso era para informarles sobre cómo debían tratar a los extranjeros.

Pero hay otro nivel de justificación para las instrucciones.  “Dios ama al extranjero que reside entre ustedes…. y ustedes deben amar a aquellos que son extranjeros”.

Esa es una perspectiva biblica que nos informa cómo responder a los extranjeros que viven entre nosotros.  El primer nivel es de no oprimirlos.  El segundo nivel es de tratarlos como si fueran nativos.  El tercer nivel es amarlos como a nosotros mismos.  El cuarto nivel es amarlos como Dios los ama.

Dios ama al extranjero y les da la bienvenida.  Eso es lo que Dios hace.  El le da la bienvenida al extraño.  Incluso Jesús usó esto como algo paralelo a lo que lo que significa darle la bienvenida a El.

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento;  necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”. (Mateo 25:35-36.)  La palabra traducida  “extraño” es la palabra xenos en Griego, que tambien es traducida como forastero.

El corazón de Dios es para aquellos que son forasteros en lo que se relaciona a Él.  Jesús vino a buscar y a salvar a aquellos que estaban perdidos.  Dios envia la lluvia al justo y al injusto.  No estamos en posición de vernos como en un lurar de prestigio, poder o privilegio.  Nuestra identificación es de forasteros a quienes Dios ama, y nosotros en cambio, damos la bienvenida a quien Dios ama.

Vivimos en un día en el  que nos encontramos con personas de quienes este pais no es su pais de nacimiento.  Nuestra reacción a ellos refleja nuestra teologia.  Por una parte es bueno si no estamos oprimiéndolos o engañándolos.   Infortunadamente, hay mucha gente que se aprovecha de la primera generacion de inmigrantes.  ¿Pero qué pasaria si la iglesia de Jesucristo en los Estados Unidos fuera conocida por su adherencia al marco teológico que trata a los forasteros como nativos y los ama con un amor de bienvenida? ¿Qué pasaria si expandiéramos nuestro entendimiento de comunidad que recibe a los forasteros?

Gerald W. Coates es el director de defensoría dela iglesia global de  Misiones Mundiales de la Iglesia Metodista Libre. También es co-autor de “Go Global” (Sé Globa, fmchr.ch/gglobalfm), libro de la serie de periódicos FreeMo.

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