Exilio de Escuela Preparatoria

Desde el tercer grado hasta mi primer año de Preparatoria, asistí a una pequeña escuela cristiana dentro del edificio de una iglesia Bautista. Me sumergí en una cultura fundamentalista que hizo que la cultura de mi propia iglesia Metodista Libre pareciera realmente liberal. Durante mi tiempo en la escuela, el equipo de basketbol hizo un cambio del uso de pantalones cortos a pantalones de béisbol que cubrían entre nuestra cintura hasta los tobillos, debido a que jugábamos con escuelas aún más conservadoras cuyos administradores consideraban los pantalones cortos como inmodestos. El director de mi escuela se encolerizó cuando algunos de mis amigos cantaron junto con una versión ligeramente rítmica de “Allá en el Pesebre” del popular cantante cristiano Steven Curtis Chapman; el director actuó como si hubiera oído una canción metálica con letra satánica.

La escuela ocasionalmente recibía estudiantes transferidos de alguna escuela pública. Algunas veces la transferencia se daba porque el estudiante se metía en problemas en la escuela pública. Estos estudiantes transferidos tenían un factor atractivo que nos arrastraba a mis compañeros y a mí. Especialmente durante nuestros años de adolescencia, disfrutábamos preguntando a nuestros nuevos compañeros sobre el extraño mundo de las escuelas públicas que veíamos ocasionalmente (pero no siempre realísticamente) en programas de TV y películas. Recuerdo a un estudiante al que le preguntaron quién de nosotros podríamos sobrevivir en la escuela pública. La teoría que dominaba era que la mayoría de nosotros sufriríamos acoso y se nos golpearía hasta quedar irreconocible dentro de una escuela pública.

Luego, mi último año de la escuela preparatoria comenzó con mi transferencia a una institución pública grande (al menos grande si la comparamos con aquella a la que estaba acostumbrado). Si me hubiera quedado en la escuela cristiana, habría graduado en una clase de cinco en una escuela de menos de 100 estudiantes en total, desde kindergarten hasta preparatoria. La escuela preparatoria pública tenía cera ce 400 del último grado y en total 1,600 estudiantes.

En mis clases de preparatoria en la escuela Cristiana, yo alternaba entre tres salones de clase. Debido a adiciones a la escuela preparatoria pública a través de las décadas, el edificio tenía una masa confusa de pasillos y niveles. Me sorprendí cuando no encontré puertas en los baños hacia los patios (un intento infructuoso de impedir que los estudiantes fumaran en ese lugar). En lugar de un director molesto por la música cristiana contemporánea, yo tenía un maestro que maldecía y recitaba letras de rap. Algunos de mis libros de texto estaban en conflicto con mis puntos de vida cristianos.

Yo estaba lejos de ser un israelita en Babilonia, pero definitivamente me sentía fuera de lugar. Dejé de usar mi chaqueta con letras de alguien que calentaba las bancas en una escuela cristiana, y mi mano derecha no llevaba el distintivo de mi clase con el nombre de la escuela cristiana. Como mis nuevos compañeros de clase trataban con orgullo de ser los grandes, yo estaba aprendiendo a actuar como un estudiante del primer grado y tratando de hacer nuevos amigos entre personas que había conocido por años.

A Dios gracias, me conecté con Student Venture (Aventura Estudiantil) – un grupo de compañeros estudiantes cristianos. En lugar de asistir a fiestas alocadas los viernes en la noche, algunos de estos estudiantes y yo nos reuníamos para orar. En la escuela cristiana, mis amigos sabían cómo hablar como cristianos comprometidos en frente de maestros y padres, mientras que calladamente se rebelaban y esperaban una probadita de fiesta de escuela pública. En la escuela pública, mis amigos cristianos fervientemente se dedicaban a vivir su fe en frente de maestros y compañeros que no necesariamente les importaba o estaban de acuerdo. En el marco de la escuela pública, mi fe creció de una manera que yo no esperaba.

La experiencia de pez-fuera-del-agua de mi último año era solamente un atisbo del exilio. Yo regresaba después de cada día escolar al mismo hogar que había sido la residencia de mi familia por siete años, pero las personas en el exilio típicamente debían lidiar con ser desarraigados de sus casas y comunidades, y a menudo, de sus familias.

Con esta edición, Luz y Vida sigue su jornada bíblica de todo el año, examinando lo que significaba ser un exiliado en la Biblia y cómo podemos aplicar este conocimiento a nuestro caminar con Dios en el día de hoy. De acuerdo con nuestros colegas del Proyecto Bíblico: “el exilio era el parteaguas de la historia de los israelitas en la que toda la Biblia recibe su significado” (fmchr.ch/exile). Sigue leyendo mientras los autores de este mes comparten sus ideas de la Biblia y sus experiencias personales.

Nuevo Director

El mes pasado, Luz y Vida añadió un nuevo nombre a nuestro membrete editorial (la lista de personal de la página precedente). Por favor únete conmigo en dar la bienvenida a Brett Heinzman como el nuevo director de la revista, uno de los muchos deberes que él ostenta como el nuevo director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA.

Puede ser que ya hayas conocido a Brett y lo habrás escuchado hablar en la Cumbre Nacional de Oración (como en mi caso), o un evento regional de oración en su rol de director asociado del Ministerio Nacional de Oración. Quizá lo has conocido como el autor de los libros: “The Crossroads: Asking for the Ancient Paths” (La Encrucijada: Preguntando por los Senderos Antiguos), o “Jericho: Your Journey to Deliverance and Freedom” (Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y Libertad).

Brett anteriormente sirvió como el pastor de la Iglesia Metodista Libre de Jameston (Nueva York), y gran parte de su experiencia ministerial incluye dirigir la adoración por medio de la música. Brett es un apasionado en ayudar al pueblo de Dios a buscar la santidad juntos.

Yo espero a leer las futuras contribuciones de Brett en este espacio y otras secciones del esfuerzo de comunicaciones. Favor de tener a todo el equipo de Luz y Vida en oración mientras continuamos el legado de 151 años de esta revista en la ayuda de los lectores en su peregrinaje bíblico.

Jeff Finley es el editor ejecutivo de Luz y Vida.

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