Escribiendo Nuevos Recuerdos

Yo vivo en la ciudad, sin embargo, cuando voy de viaje por este país me doy cuenta que dirigir una iglesia en un entorno rural es tan especializado y complicado como en la ciudad, aún cuando es tremendamente diferente.

El entorno rural y sus iglesias tienen una característica singular y muy querida. Todo mundo se conoce mientras que en la ciudad puede ser que no conozcamos a las personas que viven en la siguiente puerta, pero el pequeño pueblo en el que yo crecí, podía recordar los nombres de todos los que vivían a dos millas a la redonda, y quiénes vivían en cada casa, ¡y hasta a sus perros! Este es el distintivo rural. Toda la gente se conoce.

Esta realidad dificulta que las iglesias rurales invadan el reino de las tinieblas. Conocemos los nombres de todos los vagos y no podemos imaginárnoslos sentados en nuestra iglesia. Todos los que llegan traen una etiqueta. Fueron compañeros de nuestras hermanas en la escuela; el tío de ellos puede haber tenido problemas mentales, ellos saben que nosotros sabemos, y así por el estilo.

Todos en el pueblo conocen la iglesia. Todos saben quiénes son los hipócritas, y tienen muchas razones (reales o imaginarias) para no venir a tu iglesia. Los habitantes de las tinieblas no van a despertar por la mañana pensando: “Si tan solo supiera dónde encontrar alguna iglesia”. Todos nos conocen y hemos sentido su rechazo.

Tenemos que hacer un cambio en sus mentes. Tendremos que hacer algo lo suficientemente dramático para romper el molde en el que ellos convenientemente nos han colocado. Pintando la iglesia de color púrpura, celebrando un servicio en frente del edificio donde está el boliche, invitando una iglesia de otra raza a reunirse con nosotros. Atender a las madres solteras, ser los conductores designados de algún bar, ayudar a una persona gay a conseguir empleo, ofrecernos a algún inmigrante para ayudarle a conseguir licencia de conducir. Romper el estereotipo de lo que creen que saben acerca de los seguidores de Jesús.

Nosotros los conocemos y ellos nos conocen. El mundo rural no olvida. Los recuerdos rurales pueden no ser los adecuados, pero son duraderos.

“¿Puede éste ser el hijo de José el carpintero?” dijeron de Jesús en Nazaret. Tenían a José bien señalado, y no se podían imaginar que Jesús pudiera ser algo más que el hijo de su papá.

Una iglesia rural tiene sus características propias, su propia historia, su propio “papi”. ¿Por qué no mejorar esa historia? Seamos mucho más de lo que ellos piensan que somos, de modo que lleguen a decir: “¿Serán éstos realmente los Metodistas Libres?”

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