Es  Cuestión de Quién, No de Qué

¿Qué tiene que ver una visita al hospital con el discipulado? Para mí, jugó un gran papel. De hecho, ir al hospital fue solamente el vehículo. Mi discipulado no fue conformado por esa visita; se conformó por la persona que me condujo hacia allá.

Permíteme contarte acerca de Rusell. Jubilado del ministerio pastoral, Russell se entrecruzó en mi vida cuando yo tenía 18 años. Cuando él predicaba, su esposa leía la referencia bíblica pues su vista estaba decayendo. Él irradiaba el amor de Jesús de tal manera que te atraía. Estoy seguro que la manera en que yo me apegué a él debe haber sido algo incómodo, pero a él y a su esposa parecía no importarles. Una noche me dijo: “¡Vamos!”

“¿A dónde?” Pregunté.

“Al hospital”, me dijo: “Tengo un amigo allí internado, y quiero que vayas conmigo a visitarlo”.

Yo no tenia idea de lo que sucedería después, pero me subí a su auto, un Dodge Spirit que él siempre usaba para bromear con las personas,a quienes les decía: “Vengo a tí en el Espíritu (el auto)”. Llegamos al hospital y tomamos el elevador a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos, por su nombre en inglés). Cuando llegamos a la doble puerta de la UCI, había un anuncio instalado cerca de un teléfono antiguo que decía: “No entrar sin antes llamar a la estación de enfermeras a fin de obtener permiso”.

Russell se movía a una velocidad que me hacía creer que estaba ignorando el anuncio. “¿Qué no tenemos que pedir permso?” Pregunté cuando vi que abrió las puertas sin más, ni más, sin ningún temor.

“Tú sígueme”, me dijo: “No te preocupes de eso. Sólo no te me despegues”.

Entramos al cuarto de un hombre muy enfermo, quien, según mi opinion, no le quedaba mucho tiempo. Yo me sentía incómodo, pero Russell no. Su confianza se trocó en calor y su ritmo tomó su habitual gentileza. Hizo la presentación: “Este es Brett, ambos hemos venido para visitarte y orar contigo”.

No nos quedamos mucho tiempo, pero oramos. Era evidente que Russell amaba a aquel hombre. Después de un tiempo de conversación, nos fuimos. Aquella visita marcó en mí un giro de dirección como discípulo de Jesús. Aunque Russell nunca me dijo específicamente: “Por eso te invite …”, Yo sabía lo que él estaba haciendo. Él estaba invirtiendo en mí para ayudar en mi formación al hombre que ahora soy.

Así que hagamos una pausa para examiner la realidad. ¿Quién nos ha impactado a ti y a mí de manera tal que ahora somos una parte de la historia de su discipulado?

Aquí es donde experimentamos el olvido de algo que debería ser bien obvio. El discipulado se trata de invertir en las personas, directamente, a través de la ejemplificación de la vida de Cristo en ti, y hacienda notar la vida de Cristo en el otro. Pero a menudo pensamos en el discipulado como educación institucional, la transferencia de información, y el proceso de indoctrinación. El discipulado es impartición, no indoctrinación.

Algunos dirán que las grandes Iglesias están practicando mejor el discipulado por sus buenos números, y las Iglesias pequeñas como ineficaces, dada su pequeñez en números o edades. Lo cierto es que Jesús fue el discipulador más efectivo de toda la historia, e invirtió principalmente en 12 hombres sencillos. Él se impartió a Sí mismo a ellos y los desafió. Los instruyó y les dijo cosas como: “Denles algo de comer … sanen los enfermos … prediquen las buenas nuevas … Yo los envío … vayan y hagan discipulos”.

Grandes o pequeñas, urbanas o rurales—estas características no ayudan u obstaculizan el verdadero discipulado. Jóvenes o viejos, negros o blancos, hispanos o asiáticos, hombres, o mujeres, o niños—todos pueden ser discipulados solo con la inversion directa.

¿A quién llevas contigo a tu siguiente visita al hospital?

Esto es lo que Russell me enseñó:

Primero: acudes a donde están los que sufren. Es bueno y correcto visitar a los enfermos. Segundo: Llevas a alguien contigo. Tercero: produces el fruto del Espíritu—en este caso, humildad, amor, amabilidad y gentileza. Cuarto: soportas la molesta presencia de un discípulo principiante con potencial. Tú no puedes discipular a alguien que no está en tu presencia. Quinto: Inviertes en alguien sin tener que ver el resultado. Finalmente: él vio un potencial llamado pastoral en mí que requería “estar presente” por parte suya. Luego invirtió intencionalmente en mí, basado en el llamado que vio en mi vida.

Aquí está el punto. Es tiempo de arrepentirnos y renunciar a todo discipulado de educación + información + indoctrinación. Esa fórmula puede producir devotos, pero no discípulos. Si no estamos invirtiendo en personas, no estamos haciendo discípulos. Las locaciones y situaciones pueden diferir, y la demografía puede ser única, pero la inversion de persona a persona puede darse en cualquier lugar y en cualquier contexto. Eso es discipulado.

¿Tus programas tienen lugar para tales inversiones? ¿Tu iglesia estimula y produce tal inversion? ¿A quién estás discipulando?

Y ese es mi concepto: El discipulado es cuestión de impartición, no de indoctrinación. Es cuestión de quién, no de qué.

Brett Heintzman es el editor de LUZ Y VIDA por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA, donde también sirve como co-director del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para obtener sus libros “Cómo ser una Persona de Oración”, “Gente Santa” (Volumen 1 de la serie “Vital”), “Jericó: Tu Caminar hacia la Liberación y la Libertad”, y “Encrucijada: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

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