El Progreso de la Iglesia

Pudo haber parecido como un principio insignificante cuando 19 personas de los caminos comunes de la vida se pararon en el campamento que le pertenecía a Isaac M. Chesbrough cerca de Pekin, Nueva York, la mañana del domingo 26 de agosto de 1860, tres días después de la organización de la Iglesia Metodista Libre, y formaron la primera clase respondiendo a las preguntas hechas a Benjamín T. Roberts de la recientemente adoptada Disciplina.

Mientras que los números eran pocos, los principios que representaban eran grandes, y tras esos principios y tras esos individuos estaba el Señor Todopoderoso

Esos eran días tormentosos, y las personas que tomaron una postura entre la oposición y persecución fueron hombres y mujeres poseídos de fuerte determinación, fe inquebrantable, valor inflexible y fervor santo, y no iban a ser disuadidos de llevar a cabo la obra dada a ellos por Dios por nada que pudiera ponerse en su camino.

Se podría haber hecho la pregunta: Examinando el tiempo que ha pasado, y considerando lo que se ha hecho, y los sacrificios que se han hecho, ¿se justificaron los pasos tomados por nuestros padres en organizar la Iglesia Metodista Libre?  ¡Responderíamos: ¡Sí!, 1,000 veces, sí!

No es con un sentido de vanagloria que vemos el carácter que llevamos como iglesia y al trabajo que hemos logrado, y estamos haciendo, pero con profunda humildad reconocemos la mano del Señor cuidando la obra y guiándonos a lo largo del camino.

En medio de gran oposición, hostil persecución, severas dificultades, lucha y sacrificio, la Iglesia Metodista Libre se ha abierto camino a través de este hostil, mundo impío, saltando cada obstáculo y superando cada dificultad, hasta hoy se coloca como un reconocido poder en el mundo religioso.

Cando consideramos las situaciones por las cuales se mantiene comprometida; cuando tomamos en cuenta las tremendas fuerzas con las que ha tenido que contender; cuando contemplamos lo pequeño de sus números y los escasos recursos a su alcance; y la observamos ejerciendo tan amplia influencia hoy en día, podemos solamente sentir que ha sido apoyada y guiada por la mano del Gran Eterno.

Por medio de gran sacrificio y admirable fervor, no solo ha extendido sus fronteras en este país, pero ha llevado el evangelio a las regiones más allá, y la conferencia en África, y la obra en Japón, India y otros países son testimonios de su agresividad, su espíritu de avivamiento, y de su sacrificio.

Hasta ahora en cuanto se refiere a miembros reales, en comparación a la membrecía de las grandes iglesias que nos rodean, podríamos parecerles a los demás como algo muy insignificante; pero cuando recordamos lo que cada miembro representa, la iglesia puede ser más grande de lo que parece.  No debemos admirarnos de por qué no crecemos más rápido, sino de que siquiera existamos como iglesia.

Por su fidelidad en predicar el evangelio, ha levantado un estandarte de justicia que se reconoce a sí misma aún ante los impíos.

El estandarte de salvación de la Biblia ha sido levantado ante la gente, y la iglesia ha mantenido su rango como una iglesia de santidad cuyos púlpitos han hecho resonar la gloriosa doctrina de entera santificación, y cuyas bancas han respondido con alegres amenes de aprobación.

En todos estos años, ningún predicador entre nosotros ha estado en la necesidad de unirse a ninguna asociación de santidad para poder tener la libertad de predicar una entera salvación. Ningún miembro ha estado obligado nunca a ir a otra parte por el privilegio de testificar de la purificación de la sangre del Señor Jesús.

Nuestra iglesia siempre ha tenido una puerta abierta para miembros de otras iglesias quienes han sido atados u obstaculizados y no se les ha permitidos gozar la libertad del alma, y muchos de aquellos quienes han tomado ventaja de este privilegio y recibido ayuda del Señor y nunca se unieron a nuestras filas.

Mientras la primera conferencia que se llevó a cabo en Rushford, Nueva York, en octubre de 1860, estuvo integrada por solo 14 predicadores y el mismo número de laicos, en la actualidad hay miles de predicadores piadosos proclamando la entera santificación en los Estados Unidos, Canadá, África, India, Japón, la República Dominicana y otros lugares, además del gran número de predicadores locales, evangelistas y otros trabajadores. Estos trabajadores, ordenados y no ordenados, todos están contando la misma historia de liberación del poder del pecado y Satanás.

Cuando encuentres a uno de estos Metodistas Libres, descubrirás que lleva el mismo sello de todos los demás. Está a favor de la santidad de la Biblia y opuesto a la iniquidad de toda clase.

Todos sobresalen ante el mundo con un objeto definitivo en mente – esparcir la santidad escritural y romper la obra del demonio.

Los pobres reciben una entusiasta bienvenida y están en libertad de ocupar los mejores asientos en los lugares de adoración. Por ley fundamental de la iglesia, todas las bancas deben ser por siempre libres de costo. Esto es en contraste a la práctica de muchas iglesias donde aquellos quienes no pueden rentar los asientos son obligados a mantenerse fuera de la sala de audiencia hasta cierto momento cuando se supone que los dueños de los asientos ya están en sus lugares. Entonces los pobres reciben los asientos que quedan, y, de esta manera, tienen que anunciar su pobreza cada vez que van a la iglesia.

En la obra del ministerio y labor de amor, la Iglesia Metodista Libre no ha olvidado a los huérfanos, los ancianos y los oprimidos, y ha abierto hogares de rescate para los desafortunados, orfanatorios para los niños pobres, y hogares para los ancianos.

Aquellos quienes se oponían a nuestra iglesia al principio profetizaron que pronto terminaría – y no ha sucedido, y aún sigue, y se propone, por la gracia de Dios, continuar hasta que el globo sea envuelto con la salvación, y los reinos de este mundo se conviertan en reinos de nuestro Señor y de Su Cristo.

J.T Logan fue presbítero Metodista Libre de Nueva York quien sirvió como editor de esta publicación de 1907-1923 y de 1927-1931. Este artículo se publicó el 9 de agosto de 1910, número con el que se celebró el 50 aniversario de la Iglesia Metodista Libre.

 

 

 

 

 

 

 

Written By
More from J.T. Logan

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *