El Poder de las Palabras: Hablando y Escuchando

El 1 de julio, fui a hacerme un corte de pelo. Estuve esperando hasta el 1 de julio para poder recibir el doble tratamiento en Clips de Deportes. Se puede recibir el tratamiento MVP en cualquier tiempo del año, pero sólo en el mes de julio los Clips de Deportes lo duplica de manera gratuita. Llegué temprano para mi cita, firmé y tomé asiento. A los pocos minutos, fui llamado por la mujer que me ayuda usualmente. Me preguntó: “¿Usaremos la número 4 que normalmente usamos en la parte superior, la 3 a los costados, pasando luego a la número 2 para el cuello?”

Le dije que sí. Me senté, y, mientras me cortaba el pelo, charlamos acerca de su hijo, sobre la iglesia que pastoreo, y los planes para el verano. Luego llegó el momento que yo había estado esperando — el tratamiento doble de MVP con la legendaria toalla húmeda calentada a vapor, masaje de champú y permanencia con tratamiento acondicionador en el cuero cabelludo mientras me relajaba con mis pies encima de una silla de masaje. Me sentía relajado sin preocupaciones por nada en el mundo. Regresamos a la silla para seguir con la máquina en la parte superior de mi cabeza para deshacernos de cualquier cabello más largo, y seguimos con la charla. Mientras charlábamos, la mujer se distrajo y se olvidó cambiar la máquina del número dos (que ella utilizaba para los extremos) a una del número 4, y ninguno de los dos se dio cuenta hasta que dio la primera pasada por encima de mi cabeza. ¡Gran cantidad de cabello cayó al piso!

Inmediatamente su rostro se puso de un rojo brillante, y dijo: “¡Vaya! Esta vez su corte le saldrá gratis. Estoy muy apenada”. Yo le respondí: “Yo también estoy apenado. Y ya no regresaré con ustedes—¡Ja ja!

Mi esposa yo acabamos de celebrar 11 años de matrimonio, tenemos tres hijas, estoy en el ministerio de tiempo complete desde mi segundo año de colegio hace 13 años. Aún me veo joven, sin embargo, y el ruido de las tijeras al cortarme el pelo ¡de ninguna manera ayuda!

Pero esa era mi respuesta interior, yo sabía que en ese momento tenía que tomar una decisión. No soy perfecto, estoy muy lejos de eso, pero conozco a esta mujer desde hace algunos años. Ella vive por la misma calle de la iglesia y sabe que soy cristiano, y lo peor: que soy pastor. Así que con una sonrisa le dije: “¡No importa! Todos cometemos errores. No hay problema. Los errores simplemente pasan, pronto volverá a crecer”.

¿Pero eso era lo que yo quería decir? ¡No! Pero nuestras palabras tienen poder. Una simple frase hace el día de una persona, o lo arruina.

Un Libro Práctico

Santiago, el medio hermano de Jesús, nos da algunas instrucciones en Santiago 1:19: “Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse”.

Este verano, hemos estado estudiando el libro de Santiago en la Iglesia Nueva Vida. He leído este libro más veces de lo que puedo recordar, y he dado clases sobre el mismo por lo menos una docena de veces. Cada vez que lo leo, encuentro algo fresco, acorde con las etapas de mi vida. Santiago comienza con este principio básico de que una persona madura es alguien que tiene paciencia para llegar a juicios. Luego repasa los tópicos de escuchar y hacer, el favoritismo dentro de la iglesia, la fe y las obras, nuestro modo de hablar, sabiduría, descubrimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas, y cierra el círculo hablando sobre la paciencia en el sufrimiento (Santiago 1:2-18 y 5:7-12). Lo que más me gusta de este libro es lo práctico.

Me hice cargo como pastor principal de Nueva Vida el 1 de enero de este año. Siempre que alguien me pregunta cómo me va, le respondo: “Bien; estamos poniendo los cimientos para el futuro”. Mis metas principales han sido poner en su lugar sistemas, estructuras y equipos; tener una visión clara; y hacer que la gente se emocione yendo junto conmigo hacia esa visión compartida.

Otro Santiago

Una de las cosas más positivas en el ministerio, para mí, es aprender sobre cómo son las personas y por qué son de la manera en que son. Me gusta descubrir sus historias. Con mucha frecuencia mientras tomamos una taza de café, he descubierto cosas que me han sorprendido. Hablemos, por ejemplo, de mi conversación con un hombre de nombre Santiago.

Aprendí que Santiago era un hombre inteligente, pero más o menos una hora después de nuestra conversación, me di cuenta que él estaba siendo muy poco utilizado. Él compartió de cuando era más joven, su familia estaba involucrada en el ministerio desde hacía años, pero después de algunas cosas dolorosas que pasaron, terminó volviéndole la espalda a Dios y viviendo a su manera por algún tiempo. Gracias a eventos providenciales que acontecieron durante su vida de joven adulto, terminó desarrollando una nueva relación con Jesús.

Durante nuestra conversación, me di cuenta que él tiene el título de Ph. D., y es el profesor asistente activo y director de proyectos de un grupo de científicos por parte de la Universidad de Washington y el hospital local de VA. El grupo que él supervisa está a la vanguardia en el descubrimiento del desarrollo de lesiones dramáticas de cerebro.

Le dije: “Hermano, yo debo de estar llamándote Doctor. ¡No tenía la más mínima idea!” Sonrió y me respondió: “¡No!, por favor, simplemente llámame Santiago”.

Luego le pregunté: “¿Cómo llegaste a donde estás, y por qué tomaste este camino?”

Descubrí que durante el tiempo que estuvo en el Army (Ejército) y por un accidente en su vida, decidió convertirse en científico e investigar los traumas del cerebro.

 Mi Caminar

La conversación con Santiago me permitió compartir un poco de mi propio caminar. Con una sonrisa en mis labios, le dije: “Posiblemente pienses que soy el orador más elocuente que hayas escuchado, pero no siempre ha sido así”.

Cuando yo era más joven, tenía problemas para pronunciar la letra “r”, y tartamudeaba. También hablaba demasiado rápido, lo que me causaba frustración cuando tenía que hablar, y no me salían las palabras. Era algo embarazoso, me sentía furioso en mi interior, mi autoestima era muy baja. Mis padres podían ver ese remolino dentro de mí y me llevaron con un terapeuta. del lenguaje. Hasta el día de hoy, no recuerdo gran cosa de la terapia de lenguaje, excepto porque jugaba Connect Four. Estoy seguro que mi terapeuta del lenguaje me hacía preguntas y me ayudaba a hablar de manera más lenta, pero todo lo que a mí me importaba era mi juego de Connect Four, ¡Porque adquirí una gran habilidad para ello! Ahora hago bromas y digo que reto a cualquier a que juegue conmigo el Connect Four. Le conté a Santiago sobre cómo Dios tiene sentido del humor porque lo que una vez fue una tremenda lucha para mí es lo que ahora tengo como estilo de vida.

Conocí a mi esposa en la prepa. La primera vez que la traje a mi casa, recuerdo que le pregunté en el camino si todo estaba bien porque ella no hablaba mucho. Me respondió que todo estaba formidable, pero que era imposible decir mucho porque mis tres hermanas, mis padres y yo hablábamos muy rápido y al mismo tiempo. Como dije antes, el libro de Santiago habla mucho sobre el poder de nuestras palabras y no solo por lo que decimos, sino cómo escuchamos.

Por alguna razón, Dios nos dio dos oídos y una boca. Me gusta lo que Jesús dice en una parábola conocida como la Parábola del Sembrador. Después de decir la parábola, Sus discípulos le preguntaron a Jesús: “¿Por qué le hablas al pueblo en parábolas?” Jesús luego procede a citar al profeta Isaías:

“Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han embotado los oídos, y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón y se convertirían, y yo los sanaría” (Mateo 13:15, refiriéndose a Isaías 6:9-10).

He descubierto que Jesús nos invita a nosotros como Sus seguidores en este mundo a ser mejores oidores. A escuchar con nuestros oídos, ver con Sus ojos, y espigar Su sabiduría que transformará nuestros corazones, de manera que seamos sanados, y traigamos sanidad a todos los que nos rodean.

“La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias” (Proverbios 18:21, NTV).

Words are free, it’s how you use them that will cost you.

Las palabras no cuestan, es nuestra manera de usarlas lo que sí cuesta.

“Hablar demasiado conduce al pecado. Sé prudente y mantén la boca cerrada” (Proverbios 10:19, NTV)

 Los Caminos de las Palabras

Santiago 3 nos presenta tres maneras en que las palabras que pronunciamos afectarán nuestras vidas.

La primera es que las palabras que pronunciamos van a determinar a dónde vamos. Santiago 3 nos da ejemplos, del freno en la boca de los caballos y el timón de una embarcación que se comparan con el poder de nuestra lengua (vrs. 3.4).

¿Qué palabras estás pronunciando en tu vida el día de hoy—en tu matrimonio, tu ministerio, tu familia, tu carrera? Cualquier palabra que pronunciemos el día de hoy determinará a dónde vamos a ir el día de mañana.

La segunda es que las palabras que pronunciamos pueden arruinar la dirección de nuestra vida. Santiago continúa describiendo cómo la lengua es como un fuego, y de ella puede saltar una chispa que puede ser muy pequeña, pero puede encender todo un bosque (vrs. 5-6). Puedes pasar toda una vida edificando a alguien, pero una sola palabra puede echarlo todo a perder. ¿Estás pronunciando palabras de vida o de muerte?

La tercer cosa que Santiago dice en este capítulo es que las palabras que pronunciamos revelarán quiénes realmente somos y qué es lo que hay en nuestro corazón. A través de todo el libro, Santiago compara cada uno de los principales tópicos no sólo como un problema externo, sino como uno realmente interno, del corazón.

¿Vas solo a espigar sabiduría, o vas a permitir que esa sabiduría cambie tu manera de vivir y amar a otros (Santiago 1)? Vas a mostrar favoritismo hacia alguien de la iglesia por la manera en que alguien da o de dónde viene (2:1-13)? ¿Eres alguien que dice que tiene fe? Entonces, muéstrala por tu corazón por los demás en tus obras (2:14-26). ¿Vas en pos de tu propia sabiduría, o has permitido que la sabiduría de lo alto transforme tu corazón (3:13-18)? ¿Estás pidiendo ayuda y dirección al Señor en el rumbo que lleva tu vida, o estás permitiendo que el orgullo gobierne tu vida (4:11-10)? Y una vez más, qué surge de tu boca (4:11-17)? Todo lo que tú digas viene de tu corazón.

“El que es Bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

¿Entonces cómo podemos domar nuestra lengua? ¿Cómo podemos llegar mejores oidores en este mundo lleno de oportunidades para compartir nuestras opiniones?

Primero yo creo que necesitamos practicar las pausas. Algunas veces lo más prudente que podemos hacer es detenernos antes de responder. Después de detenernos, considerar. Piensa: ¿será verdad, útil, inspirador, necesario y/o incluso amable de mencionar? Luego, ora. Ora para que Dios hable por medio de tus palabras que necesitas pronunciar. No las palabras que te gustaría pronunciar, sino las palabras que Él quiere que tú profieras.

Mientras mi amigo Santiago hablaba, no puedo decir cuántas veces quise interactuar con mis ideas en la conversación. Pero haciendo las preguntas correctas y proveyendo un ambiente que le permitiera sentir la libertad de compartir, pude conocer más acerca de quién era Santiago, descubrir sus dones, talentos y habilidades, y conectarlo en un lugar dónde los pudiera utilizar para causar el mayor impacto para el reino de Dios por medio de nuestra iglesia local. Como pastor—Seré honesto—Me gusta hablar, pero he aprendido que mi tarea no es ser el estudiante en la terapia de lenguaje. Soy llamado a ser el maestro. Hacer las preguntas correctas, y escuchar.

Jeff Fullmer es el pastor principal de la Iglesia Nueva Vida, de Lynnwood, Washington. Es graduado del Colegio Bíblico Portland, y luego pasó nueve años como pastor juvenil en la Iglesia Cuadrangular SouthLake, en West Linn, Oregon, antes de ser el pastor del campus de la Iglesia Timberlake en Washington y dirigir el campus Duvall por tres años y medio. Tiene 11 años de matrimonio con su amada de la escuela preparatoria, Natalie. Tienen tres hijas: Charlotte (de 6 años), Evelyn (de 4) y Julianna ( de 2).

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