El Plan de las Cenizas a la Belleza

Era Agosto de 1991, y yo no podía dejar de reír mientras observaba a nuestros hijos jóvenes trabajar junto a un grupo de estudiantes universitarios que nos mudaban a nuestra nueva casa. El cambio, esperado durante mucho tiempo, a la casa donde había crecido mi esposo al fin había llegado. Yo hice muy poco además de dirigir el tráfico,  alimentar bocas hambrientas y expresar mi incontenible gratitud.

Habíamos planeado durante once años comprar esta casa a mis suegros. El plan original para la compra sería seguido por grandes renovaciones. Sin embargo, Dios tenía un plan muy diferente – uno al que llamé el “plan de las cenizas a la belleza.” Dios sabía que en 1991 estábamos en medio de un floreciente ministerio entre los estudiantes universitarios en el cual no había tiempo para renovaciones en una casa. Dios permitió que la casa fuera renovada de una manera inusual, antes de que nos mudáramos.

La mañana del domingo 7 de Julio de 1985, despertamos sobresaltados por el timbre del teléfono. Mark, mi esposo, corrió al teléfono para oír la noticia de que la casa de sus padres se incendiaba. Sus padres estaban de viaje en Alaska para pasar dos meses de vacaciones. Vistiéndose rápidamente y dándome los pocos detalles que sabía, salió con su hermano, quien rentaba un departamento con nosotros. Llegaron al mismo tiempo que los bomberos para encontrar la casa completamente consumida por las llamas. Mark alcanzó a sacar del garaje el tractor John Deere, el cual había estado con la familia durante varias generaciones. Casi todo lo demás se perdió.

Paz después del incendio provocado

En casa con dos pequeños niños, antes de los días del teléfono celular, yo tenía muy poca información valiosa de lo que estaba sucediendo. El recuerdo de mi suegro compartiendo que había recibido una amenaza escalofriante de una persona diciéndole que su casa se ​​quemaría mientras estaban en Alaska, volvió a mi conciencia. ¿Era posible que esta persona hubiera cumplido su amenaza?

Temprano en la tarde, llegué a la casa con nuestros pequeños hijos. Varios departamentos de bomberos permanecían en el lugar así como el departamento del sheriff. Nada podía haberme preparado para lo que vi. Me esforcé para permanecer de pie. Aunque la casa no me pertenecía y lo que contenía no era mío, el dolor que sentí ante la enormidad de la pérdida fue abrumador. La causa fue incendio provocado, haciendo la pérdida más devastadora. La angustia y la pérdida pueden arremolinarse juntas y amenazar hasta consumir a una persona. Pero para mí, había este penetrante sentimiento de paz, una paz que trasciende el entendimiento. Ciertamente Dios estaba presente.

Comunidad cuidadora

Nuestra comunidad es pequeña y rural. Yo no estaba verdaderamente preparada para lo que presencié ese domingo. Las personas comenzaron a llegar con sus carros llenos. La noticia se había extendido por medio de los servicios de la iglesia. Granjeros locales trajeron tractores y remolques para que los usáramos. Para el crepúsculo, todo lo que había en la casa, había sido paleado sobre carros para heno, todas las ventanas tapiadas, los hoyos en el techo tapados, el hueco de la puerta tapiado, y todo el perímetro e interior de la casa limpiado de escombros. La mayor parte del tiempo lloré. Hablé y di instrucciones pero no lo recuerdo, recuerdo haber paseado y observado gente que no conocía dando gozosamente de su tiempo y recursos. Vi a personas orando juntas. Ese día experimenté la comunidad en una forma más maravillosa, diseñada por Dios.

En el transcurso del siguiente año, la gente trabajaría al lado de mi esposo y de mí mientras reconstruíamos la casa de la familia de mi esposo. Tres constructores se ofrecieron para nivelar el terreno, pero no había dinero en el seguro para esa actividad. El único camino para nosotros era hacerlo nosotros mismos. Reconstruimos con la ayuda de mucha gente maravillosa.

Bendición inesperada

En 1991, cuando nos mudamos a esta casa, era completamente nueva. Dios tomó algo hecho para mal de nuestra familia y lo cambió en una maravillosa bendición. Dios además supo que en 1991, debido a nuestro ministerio con estudiantes universitarios, probablemente no podríamos haber comprado esta casa. No podríamos haber tenido el tiempo necesario para hacer las renovaciones necesarias.

Dios puede hacer cosas maravillosas de las cenizas. Yo vivo en un perfecto ejemplo de Su artesanía. Cuando camino diariamente en nuestra casa, sonrío, recuerdo cómo Dios ha hecho de las cenizas algo hermoso para nosotros. Hemos decidido plantar algunos robles alrededor de nuestra casa. Su presencia me ayuda a recordar el llamado a “confortar a los dolientes de Sión. Me ha enviado a darles una corona en vez de cenizas, aceite de alegría en vez de luto, traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento. Serán llamados robles de justicia, plantío del Señor, para mostrar su gloria.” (Isaías 61:3).

Cindy Anderson de Bergen, N.Y., es una terapeuta ocupacional que sirve como maestra de niños en la Iglesia Metodista Libre en Brockport, N.Y. cuando el incendio, Anderson residía en Batavia, N.Y., y asistía a la Iglesia Metodista Libre Northgate, en Batavia.

DISCUSIÓN DE GRUPO:

[1] ¿Cómo trabajó Dios las cenizas de tu vida para traer belleza?

[2] ¿Hacen algo tu iglesia o comunidad para ayudar juntos a personas que han sufrido un incendio u otras circunstancias difíciles?

[3] ¿Puedes pensar en alguna ocasión cuando Dios creó bendición de una situación en la cual una persona actuó con mala intención?

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