El Don de la Gracia

La gracia sacó una vez a una familia de nuestra iglesia. No porque la gracia se les haya negado; más bien fue, por lo contrario: Ellos habían sido recibidos y aceptados, recibidos en la comunión y ministerios de la iglesia. Pero cuando prediqué que la gracia de Dios literalmente no tiene límites más allá de nuestro deseo de recibirla, dejaron de asistir.

De acuerdo, la historia que acabo de contar, insiste en que creamos en un Dios tan perdonador, que, en nuestra humanidad, nosotros respondemos con sorpresa, maravillados por el poder de la gracia explosiva.

Pocos criminales han recibido la repulse de loa Estados Unidos tanto como Jeffrey Dahmer. Probablemente no ha habido jamás nadie más. Entre 1978 y 1991, Dahmer asesinó al menos a 16 jóvenes. Para el final de sus horribles asesinatos seriales, cayó en el canibalismo. Después de su captura, juicio, y de haber sido declarado culpable. Dahmer vivió en la Prisión Correccional Columbia, en Portage, Wisconsin, su sentencia fue tan grande que nunca recuperaría ya su libertad. Yo no he podido localizar una sola voz que protestara por la sentencia de Dahmer.

Estando dentro de la prisión, Jeffrey Dahmer encontró a Jesús y Su gracia.

Preston Sprinkle, en “Caris, la Gracia Escandalosa de Dios por Nosotros” (fmchr.ch/charis), cuenta la historia. María Mott vio una entrevista de televisión con Dahmer y comenzó a enviarle estudios bíblicos. Pidió más estudios, y le envió más; también le envió a Roy Ratcliff, un ministro local de la Iglesia de Cristo No pasó mucho tiempo para que Ratcliff guiará a Dahmer a Cristo y lo bautizara.

Una Antigua melodía de la iglesia habla de que Jesús proclama: “¡Regocíjense! He encontrado mi oveja”, pero la iglesia no celebró en forma unánime las noticias de la conversión de Dahmer. Según dice Sprinkle: “Muchas personas se portaron cínicamente, incrédulas, y hasta furiosas—como el profeta Jonás, del Antiguo Testamento—sobre la experiencia religiosa de Dahmer en la prisión. Roy Ratcliff recuerda con desánimo que muchas personas con las que habló no creían en la conversión de Dahmer. Y la mayoría de estos incrédulos eran cristianos”.

Cuando conté esa historia en un sermón, una familia decidió dejar de asistir. No podemos ser una iglesia que cree en la gracia e incluye asesinos seriales, y al mismo tiempo sean miembros también de la iglesia.

No me gustaría que seas demasiado crítico de esa familia. La gracia en el nivel de Dios nos desafía.

En “¿Dónde está lo Maravilloso de la Gracia”? (fmchr.ch/yancey),  Philip Yancey cuenta de una conferencia en la que C. S. Lewis identifica la gracia como la doctrina más singular del cristianismo.

La gracia coloca a los creyentes en Jesús aparte de los creyentes de cualquiera otra religión.

La gracia nos cuenta una maravillosa historia: la historia de Dios rechazado por las criaturas que Él formó en amor y sopló aliento de vida en sus pulmones. Rechazado de una manera que ninguna venda espiritual puede enmendar, Dios se dio a Sí mismo para darle fin a la separación.

Habiendo recibido el encargo de multiplicarse y llenar la tierra, estas criaturas obedecieron esa directiva con fervor, ahora todos separados de su Creador. Algunos separados solamente de manera interna, invisible, viviendo vidas que no demuestran una rebelión abierta. Algunos fueron tan reprensibles en carácter y acción que otros humanos vieron su depravación y los odiaron. Los números eran muy grandes, la separación era completa.

¡Pero Dios nos llena de Su gracia!

Es tan lleno de Su gracia, que la extendió a todas las criaturas distanciadas, por todo el

planeta, a través de todos los años del tiempo: “Porque así es todo cuanto Dios amó al mundo—Él dio a su único Hijo como un regalo. Para que todos los que creen en Él nunca perezcan, sino que experimenten vida eterna” (Juan 3:16 TPT, traducción libre).

El pueblo de la iglesia comúnmente comparte esta definición de la gracia: El favor inmerecido de Dios, dice Sprinkle: “La gracia agresiva de Dios va en busca de, se deleita en, la gente alocada y tonta”. Como la Traducción de la Pasión nos lo dice adecuadamente, Jesús fue dado como un regalo—y la palabra griega traducida como gracia en nuestro Nuevo Testamento, de hecho significa muy adecuadamente, regalo.

Una vez los Martin fueron invitados a pasar la Nochebuena con una familia de nuestra iglesia. Las grandes fiestas de la familia de la fe, con frecuencia hacen imposibles las visitas de pastores, si la familia no vive cerca—y la nuestra no era de las que vivían cerca. Nuestros hijos, jóvenes y niños, deseaban ir a aquella reunión. La matriarca que nos había invitado era una magnífica cocinera.

Después de la cena, todos nos reunimos en derredor de su árbol navideño, y nosotros queríamos ver cuando ellos abrieran sus regalos. Habíamos instruido a los niños a exclamar “Ooooh”, y “aaaah” en el momento oportuno. Los Martin estaban sorprendidos. Nuestros anfitriones repartieron regalos para todos—incluidos nosotros, y nosotros no éramos miembros de aquella familia.

Tenemos que ser cuidadosos de no pensar que Dios es sólo la versión posible de nosotros, como nos advierte William Paul Young en “The Shack” (La Choza, fmchr.ch/shack). Pero cuando vemos la gracia extenderse por uno de nosotros, es al menos un cuadro tenue y borroso de la gracia perfecta extendida por un Dios perfecto quien nos da ese don—caris, gracia—a quien quiera que la reciba. El don de la gracia está en la base de Su árbol, la cruz, y tiene tu nombre escrito en él—no importa cuál sea tu nombre.

Dios preparó y trajo el don de la gracia para ti antes de que existieras. En 2 Timoteo 1:9-10, Pablo escribió: “Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y trajo a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio”.

Un conocido aforismo evangelístico nos dice que el pecado nos llevará más allá de donde pretendíamos ir. Los cristianos de acuerdo con su carácter afirman esto: sabemos cuán bajo pudimos haber caído—excepto que Jesús nos guardó de caer en los abismos.

Prevención

Wesley enfatizó la gracia preveniente,o gracia preventiva, en su predicación, La gracia permea el proceso de la salvación—y vemos en 2 Timoteo 1 que la gracia precede al proceso. Testimonios de conversiones milagrosas nos prueban que Dios tiene un gran alcance, Jerri, una miembro fiel de la primera iglesia que yo pastoree, me acompañó en tratar de crear una descripción física del Dios indescriptible. Él tiene brazos muy largos, fue nuestro razonamiento, porque Él tuvo que alcanzar lejos para alcanzarnos.

Sabemos que algunos caminos para regresar a Dios son más difíciles de encontrar, más difíciles de negociar, y más difíciles de recorrer. Puede que una persona pueda regresar al Salvador desde el fondo moral y conductual del barril, otra persona puede no hacerlo. Y por lo tanto, Dios concede la gracia preventiva que impide que el fondo del barril sea el punto al que todos lleguemos. Pero la gracia precede al pecado, la gracia llegó primero, la gracia nos dice la verdad de que nadie necesita llegar al fondo; pero si lo hace, encontrará la gracia de Dios por debajo de él, podrá levantarlo y llevarlo de regreso.

Conocí una joven que se hizo amiga mía en la conferencia pastoral de alcance a la comunidad LGBTQ. Ella creció en Chicago, era miembro de un hogar moderadamente religioso (según sus palabras), y se identificaba a sí misma como gay desde que tenía 13 años, hizo amigos que habían llegado a la misma conclusión sobre su propia sexualidad. Pero en su grupo de jóvenes, ella aprendió que buscar intimar con relaciones del mismo sexo era una violación de las Escrituras.

Ella decidió continuar intimando con personas del mismo sexo hasta que llegó a estudiar en la universidad, allí ella intentó hacer a un lado todas las objeciones espirituales que había aprendido de su familia e iglesia, encontrar a alguien y tener su primera relación seria. Pero durante su último año en la preparatoria, la gracia preventiva de Dios invadió su vida.

Su grupo de jóvenes programó un fin de semana especial de “Acércate a Dios”. Ella asistió. Dios se mostró. Y aunque era lo último en su mente cuando accedió a ese fin de semana, ella le dijo sí a una invitación de Jesús para hacer un nuevo compromiso con Él. Mi amiga dice que el orador no había dicho nada acerca de su problema secreto, y ella nunca se lo dijo, pero “él sabía exactamente qué decir para llegar a mi corazón. Él habló acerca de mí, y acerca de mi relación superficial con Dios”.

Ella regresó a casa de aquel fin de semana siendo una muchacha diferente, y el grupo con el que se identificaba en su Universidad era la rama de InterVarsity Christian Fellowship (Confraternidad Cristiana InterUniversidad). Ella ha salido con algunos jóvenes, pero tiene problemas en sentir una verdadera atracción por ellos. Ella decide no intimar con ninguno, porque sabe que la Biblia enseña que la intimidad sexual se reserva para el matrimonio entre dos personas de diferente género.  El gran milagro en su historia, la gran verdad anunciada desde el cielo: Dios llega primero. La gracia de Dios penetró en su vida primero, antes de irse por un camino del que es más difícil abandonarlo que comenzar a recorrerlo. Dios hizo posible que su vida siguiera una trayectoria que la llevara hacia Él, por su gracia preventiva, preveniente.

Convincente

La gracia convincente posibilita que nosotros creamos lo increíble: Primero, la historia de Jesús. Un hombre perfecto, sin pecado. Dios, presentándose en cuerpo humano. Completamente Dios. Completamente humano. Asesinado por Sus contemporáneos. Muriendo como el pago de nuestros pecados. Resucitado de entre los muertos en el tercer día. Estas creencias que rompen los acuerdos, que con frecuencia predico. Creencias que no podemos abrazar sin la ayuda de Dios por medio de la gracia convincente, y creencias que debemos mantener para ser perdonados por nuestro maravilloso Dios.

Vivimos en la época más escéptica de la historia humana. La fe, una vez anclada en el buen carácter de líderes cristianos, de líderes de gobierno, de héroes de muchas facetas de la experiencia y actividad humanas, separadas por las malas conductas públicamente reveladas, y la credibilidad del evangelio mantuvo las profundas heridas.

Andrew Thompson nos dice que John Wesley igualó la gracia convincente con el arrepentimiento, y cita como el principal ejemplo de la Escritura al ladrón penitente “quien se regocijó de ver” a Jesús como el Hijo de Dios, como su Salvador. “El arrepentimiento no se debe atribuir a la voluntad humana, porque la voluntad humana aparte del poder de la gracia de Dios nunca será capaz de hacerlo” (fmchr.ch/convincing). Ninguna parte de nuestra salvación se puede atribuir a nada que no sea la gracia de Dios—la gracia que va delante de nosotros, y la gracia que nos convence de “arrepentirnos y creer las buenas nuevas (Marcos 1:15)

Salvífica + Santificadora

La gracia convincente de Dios precede a Su gracia salvífica y a Su gracia santificadora. Aún en los tacones de la creencia y el arrepentimiento, un Dios santo tiene que ver al alma arrastrada por el pecado, y perdonarla a pesar de sus fallas, no a causa de sus éxitos. En su descripción de su encuentro con la gracia salvífica de Dios el 24 de mayo de 1738, Wesley escribió: “Como al cuarto para las nueve, mientras [el líder] describía el cambio que Dios obra en el corazón por la fe en Cristo. Sentí en mi corazón un calor extraño. Sentí que confiaba en Cristo, sólo en Cristo para salvación y me fue dada una seguridad de que él había quitado mis pecados, aún los míos y me había salvado de la ley del pecado y de la muerte”.

Extraño las invitaciones al altar donde veo a hombres y mujeres de todas las edades, con la misma experiencia que tuvo Wesley—aunque Wesley no tuvo la experiencia después de una invitación al altar.

La cosa es que, en nuestra era, estamos tan hastiados, tan entumecidos por nuestro mundo, que una experiencia así ya no es común en la iglesia. Y no hay manera de despertarla con una predicación ferviente o con fuertes “Amenes”. Sólo la gracia de Dios puede levantar nuestros corazones a la verdad espiritual y convencer a las personas de algo que ellas no pueden ver.

Recientemente, dirigí una sesión sobre el Principio 2 de nuestro capítulo de Celebrando la Recuperación. El segundo principio de CR desafía al individuo que se recupera a “creer fervientemente que Dios existe, que soy importante para Él, y que Él tiene el poder para ayudarme a recuperarme”. El segundo elemento del principio puede ser una meta difícil deanzar también: creer que yo le importo a Dios. Aunque lo escuchamos desde nuestra más tierna infancia (“Cristo me ama, bien lo sé…”), algunos de nosotros tenemos la tendencia a albergar una certeza de que si Él conocía a mi verdadero yo, cómo he sido lastimado y las decisiones que he tomado, todas las canciones y la teología, y los versículos bíblicos serían puestos aparte en nuestro caso. Lo sabemos y nos menospreciamos con intensidad.

Si Dios me conocía, ¿Cómo es que me pudo amar?

La pregunta quedaría major así: ¿Qué me puede convencer del amor de Dios?

La respuesta sigue siendo la misma: la gracia de Dios.

Porque Él conoce el verdadero tú y el verdadero yo: heridas, decisiones y todo.

¡Qué tan ponderosa debe ser la gracia!

Cuestionado muchas veces sobre la conversión de Jeffrey Dahmer, Roy Ratcliff expresó su seguridad de que el asesino serial había conocido a Jesús y había sido cambiado. Si alguna vez existió alguien que pensara estar más allá del alcance de Dios, de seguro Dahmer sería uno de los más probables. Pero Dios siguió buscándolo, y Dahmer tomó la mano extendida de la gracia.

Dahmer no vivió mucho tiempo después de su conversión. Un compañero interno lo mató a golpes con un palo de escoba. En el tiempo transcurrido entre su encuentro con Jesús por fe, y su encuentro con Jesús cara a cara en el cielo, Dahmer se aferró a Jesús y Jesús no lo soltó. Yo no creo que la gracia viviente sea realmente un término teológico, pero sí creo que es una realidad junto con la gracia cotidiana para seguir caminando con Aquel que ha querido caminar con nosotros desde antes del principio de los tiempos.

Y eso es maravilloso.

 

Chet Martin ha sido pastor principal de la Iglesia Metodista Libre Luz y Vida, en las afueras de Indianápolis desde 2007. También ha servido a congregaciones en Columbus, Indiana, y Griffith, Indiana, además de ser el superintendente de la Conferencia Wabash. Él es un novelista que busca un agente y también un maestro en línea de inglés de nivel preparatoria.

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