Disfunción y Salvación

Imagínate a una madre y a su hijo haciendo un complot en contra de otros miembros de la familia, o un padre que desea causarle daño físico a su hijo. Imagínate a un hermano mayor que maltrata brutalmente a su hermano más pequeño, o a un hombre que sufre una depresión tan severa que se lamenta de haber nacido. Considera a un hombre que padece de paranoia aguda, de tal manera que tiene deseos suicidas, o alguien que tiene tan gran complejo de culpa que hasta tiene deseos de morir.

Como terapeuta que soy, especializada en el tratamiento de niños, adolescentes y familias, estoy viendo estos escenarios de manera constante. Consulto el “Manual de Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales”, y diagnostico desórdenes de estado, desórdenes personales o sicóticos. Cito síntomas tales como disfunción emocional y conducta desadaptada para describir síntomas visibles de quebrantamiento. Veo a una persona a quien la sociedad considera como inadecuada, y la etiqueta como disfuncional.

Cuando alguien con trastornos evidentes llega a la iglesia, le ponemos barreras. Preparamos ministerios para “ayudarlos”. Protegemos a nuestros hijos y validamos nuestra incomodidad con la etiqueta de “preocupaciones  de seguridad”. Nos preocupa que personas con problemas visibles dañen la imagen de nuestra iglesia. Si sufrimos de ansiedad, depresión u otras formas de trastorno mental, nosotros ocultamos nuestros síntomas a fin de buscar aprobación. Pasamos por alto el propósito de la iglesia, de ser un lugar seguro de amor y aceptación para todos los afectados físicamente por  problemas mentales y emocionales.

Si tan sólo tuviéramos el entendimiento y discernimiento de nuestro Creador. Él no abandona a los que sufren. Él no deja de lado a los que tienen luchas con trastornos, fobias o limitaciones. Él no abandona a los que sienten paranoia o temores irracionales, que puedan no comprender sus propias conductas, o se pregunten por qué escuchan voces cuando no hay nadie a la vista. Él  no abandona a aquellos que han causado daño irreparable a las personas que aman, o a aquellos cuya conducta se sale de los límites comúnmente aceptados por la sociedad. Él no deja aquellos que se sienten asfixiados por la depresión. Él no se aleja de los que no tienen esperanza.

 

De hecho, Él los abraza y trabaja con ellos por medio de su quebrantamiento. Observamos al rey Saúl, quien luchó con la depresión y la ansiedad. Su paranoia era tan aguda que hasta llego a cometer suicidio (1 Samuel 31:4). Con todo, Saúl era parte del plan de Dios. Conocemos acerca de Job, quien sentía una autoestima tan baja que maldijo el día en que había nacido (Job 3:1-19). Sin embargo, la fidelidad de Job a Dios recibió su recompensa (Job 42:10-17).

Algunas personas que pudiéramos considerar inadecuadas fueron inclusive escogidas por Dios para su designio maestro. El utilizó sus aflicciones y disfunción como ingredientes históricos para el nacimiento de Su Hijo. Como podemos darnos cuenta por la genealogía (Mateo 1:1-17) de Cristo, el que se ofreció en sacrificio amoroso por nuestra eterna salvación, vemos a un hombre llamado Abraham, que estaba dispuesto a causarle daño físico a su hijo (Génesis 22:1-18). Vemos a Jacob, quien se puso  de acuerdo con su madre Rebeca para perjudicar a otros miembros de su familia (Génesis 27). Vemos a Judá, quien conspiró con sus hermanos para vender a su hermano José como esclavo, y hacer creer otra cosa a su padre (Génesis 37:18-36). Podemos observar a David, a quien Dios llamo: “un hombre conforme a mi corazón”(Hechos 13:22). La vida de David estuvo plagada de múltiples periodos de sufrimiento (2 Samuel 1:17-27, 13:36, 18:33), y culpa (2 Samuel 12:13; Salmo 51).

En medio de todas de todas esas disfunciones nació el Señor. La gracia y la salvación nacieron del quebranto.

Al leer todas estas historias, nos damos cuenta que la gracia del Señor muchas veces se entiende a través de la volatilidad emocional, la falta de adaptación social y la inestabilidad mental. Sabemos que Dios puede tomar lo “inadecuado” y transformarlo en lo increíble. Él usa lo débil para demostrar Su amor y Su gracia. Por medio de esa gracia inmerecida. Nuestro quebranto es sanado.

Jennifer Nead Finley, consejera clínica profesional certificada, es directora de pacientes externos de un hospital psiquiátrico. Es miembro de la Iglesia Metodista Libre de St. Charles (Illinois)

DISCUSION DE GRUPO:

1] ¿Ha discriminado o abrazado tu iglesia a personas de la comunidad de salud mental?

2] ¿Cómo ha sido demostrada la gracia de Dios a través de tus limitaciones o imperfecciones personales?

More from JENNIFER NEAD FINLEY

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *