Discipulado Semana 3: Creciendo en Grupos Familiares

Los padres aman compartir historias acerca del día del nacimiento de sus hijos. Pero para los padres de un niño nacido con discapacidad, ese día puede estar lleno de emociones mezcladas — gozo, temor, júbilo y tristeza.

Cuando nuestra hija, Johana, nació con Síndrome de Down, no teníamos idea a donde acudir en busca de apoyo. Gracias a Dios, nuestro pediatra vio nuestra desesperación y nos habló acerca de otra pareja en una ciudad cercana quienes también tenían un recién nacido con síndrome de Down. “Ustedes deben contactarlos y pueden darse valor unos a otros”. Tal sugerencia fue un cambio de vida porque me movió de una tragedia personal a una misión personal.

En el proceso de conocer a la otra pareja, mi esposa y yo experimentamos el amor genuino, el apoyo y amistad que puede ser encontrado en un grupo familiar Cristiano. Fuimos llevados a dirigir muchos de dichos grupos en la iglesia y en hogares. La meta de un grupo familiar es ayudar a la persona o pareja en apuros, a través del ofrecimiento de apoyo o consuelo en el contexto de relaciones personales cercanas. Además ayudamos a los padres a encontrar buena información y servicios para ayudarles a desarrollar habilidades para resolver problemas.

Creemos que todos los cristianos podemos beneficiarnos de participar en un grupo familiar, no importan sus desafíos. Dios nos diseñó para vivir en comunidad. En 2 Corintios 1:3-4, Pablo explica que Dios nos consuela en medio de nuestros problemas “para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”. He visto y vivido esto una y otra vez en los grupos familiares.

Las Iglesias necesitan formas efectivas para fortalecer a las familias y alcanzar a sus comunidades. Los grupos familiares ofrecen la oportunidad de encontrar las necesidades reales. Aunque hay muchas formas de estructurar los grupos familiares, un elemento clave es tener cosas en común. Compartir problemas o situaciones de vida puede unir y fortalecer a los miembros del grupo.

Han pasado 23 años desde que nuestra recién nacida llegó a casa del hospital. Desde entonces, ha habido múltiples cirugías, cambio de expectativas y de desafíos. Pero el gozo de vivir con Johana es uno de los tesoros de nuestra familia. Nuestro grupo familiar nos ha apoyado en cada paso del camino, y no puedo imaginarme la vida sin ambos.

Dave Deuel, Ph.D., es director de estudios académicos internacionales para Joni and Friends, así como director académico de la Academia Internacional Master´s. Contribuyó para el libro “Detrás del Sufrimiento: Un Punto de Vista Cristiano del Ministerio a Discapacitados” (Joni and Friends, 2011).

PARA DISCUSIÓN EN GRUPO:

[1] ¿Qué nos dicen Filipenses 2:4 y Hebreos 10:24-25 acerca de como deben los cristianos considerar a otros?

[2] ¿Estás conectado con un grupo familiar?  ¿Por qué sí o por qué no?

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