Discipulado Autentico

En las Olimpiadas de 2004, el favorito en tiro al blanco, Matt Emmons, estaba solo a un disparo y 8 puntos de ganar la medalla de oro en la competencia de tiro a 50 metros. El preparó su rifle cuidadosamente, enfocó la mira y puso su vista en el objetivo.

Luego, tomó aliento, y con el dedo colocado en el gatillo, hizo finalmente su disparo final al situar el blanco en las marcas de su mira. Con la confianza de que su disparo había sido bueno para lograr su medalla de oro, Emmons esperó el conteo de puntos en su participación. Después de un buen  tiempo en que los puntos no aparecían, pidió a los jueces revisar el equipo que en su opinión no estaba funcionando bien, una segunda revisión reveló que Emmons había alcanzado 8.1 puntos, pero le había disparado a un blanco que no era el suyo. El se preparó para disparar al blanco 3, pero estaba colocado en la línea 2. Los comentarios acerca del error de Emmons ahora son imposibles de acallar cada vez que hay una competencia de ese tipo.

Cuando entendemos que el discipulado es una prioridad en la iglesia, muchos dirán que “estamos equivocando el blanco” al hablar de nuestra efectividad en la reproducción de auténticos discípulos de Cristo. No tenemos que estar al tanto de los últimos estudios estadísticos para reconocer que el concepto que tiene el cristiano norteamericano promedio acerca del mundo con demasiada frecuencia nos hace pensar más en normas culturales que en el estilo de vida y las enseñanzas de Jesús. Se emplean muchos esfuerzos y recursos para darle mejor calidad  en nuestros programas y comunicación, sin embargo sugiere una pasión cada vez menor en Jesús, y un mayor conformismo a la cultura secular.

La misión de nuestra Iglesia Metodista Libre nos ordena “que amemos a Dios y a nuestro prójimo, y que hagamos discípulos”, así que ¿Qué es y a quien se parece un discípulo? ¿Cómo medimos nuestro éxito en “hacer discípulos”? Es cierto que nosotros  podemos estar creando seguidores de una forma de cristianismo, pero ¿nos estamos convirtiendo, y estamos formando auténtcos seguidores de Jesús? ¿Nos conformamos con el fracaso moral, la amarga división y la adicción que permea la vida de muchos cristianos profesantes? ¿Nuestra pasión por Jesús es igual es del mismo nivel que nuestra pasión por los deportes, la política o los autos nuevos? ¿Vamos tras un gusto del reino sin ofrecer o disfrutar el paquete completo de oportunidad y promesa que Jesús nos proporciona?

¿Barato o Costoso?

En su obra clásica: “El Costo del Discipulado”, Dietrich Bonhoeffer nos hace una advertencia contra una “gracia barata” que él describe como una “predicación sobre el perdón que no requiere arrepentimiento, el bautismo sin disciplina de la iglesia. Comunión sin confesión, absolución sin confesión personal. La gracia barata  es gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado”.

En contraste, Bonhoeffer describe la gracia de alto precio como el tesoro escondido en un campo, por amor del cual un hombre va y vende todo lo que tiene… dicha gracia tiene un alto precio porque requiere que nosotros vayamos en pos de, y es gracia porque requiere que sigamos a Jesús porque tiene el precio de la vida de un hombre, y es gracia porque le da al hombre la única vida verdadera”.

Se escucha mucho acerca del éxodo cada vez más creciente de la iglesia organizada. Se dan muchas explicaciones acerca de este fenómeno. Posiblemente ese éxodo no sería tan prevalente si los cristianos experimentaran de manera regular la gracia tan costosa que se basa en la verdad bíblica alimentada por la libertad empoderada del Espíritu, y que produce una transformación total de la vida. Esto es el verdadero discipulado.

Intencionado

Cuando estudiamos el molde de Jesús y sus enseñanzas del Nuevo Testamento, encontramos al menos cuatro características de auténtico discipulado. El Discipulado es intencionado. Aunque habrá muchas experiencias, influencias y personas que contribuyan a nuestro peregrinaje espiritual, la cambiante realidad de la vida de que somos  seguidores dedicados a Cristo no es algo que vendrá por accidente.

Jesús escogió e invitó a sus discípulos uno por uno. Al empezar a rodearlo las multitudes de seguidores, al final se apartó para una noche de oración antes de escoger a los doce con los que conformaría Su primer círculo. Cada uno de ellos tenía que decidir seguirlo. Mientras que la adoracion corporal es crítica, y tiene poder para nuestro crecimiento y el disfrute de la fe, la sola asistencia a la iglesia no va a producir seguidores devotos de Jesús. Tenemos que decidir acomodarnos a ciertos patrones y prioridades si es que vamos a ser más como Jesús.

Relacional

El discipulado es relacional por definición, literalmente significa ser un “seguidor” o “aprendiz”. Este no es un estudio independiente. Doce hombres siguieron a Jesús por todas partes durante más de tres años, observando sus hábitos y patrones, escuchando Sus doctrinas y recibiendo Su corrección. No había fisuras ni inseguridades. Conocían a Jesús y se conocían unos a otros de manera intima.

El discipulado no se da por filas en las que cada uno mira la nuca del que va adelante. Se da en pequeños círculos y hombro con hombro a lo largo del camino. Requiere que compartamos nuestros corazones, temores y sueños. A fin de cuentas, se trata de desarrollar una intimidad más profunda con nuestro Salvador que luego compartimos con nuestros hermanos y hermanas. Estas relaciones son marcadas por la confianza, el cuidado y la rendición de cuentas.

Transformacional

El discipulado es transformacional. Si soy la misma persona este año como lo fui el año pasado, luego algo no está funcionando. Mientras que algunos de los cambios pueden ser incrementales, y algunas etapas requieren lucha, debe haber evidencias de crecimiento en mi fe, fruto espiritual, y comunión con Jesús y con el cuerpo de Cristo.

Demasiados seguidores profesantes de Cristo son iguales a cómo eran hace 10 años. Se sientan en el mismo asiento todos los domingos y asisten a la misma clase o grupo pequeño, y siguen luchando con los mismos pecados. A menudo viven bajo el mismo yugo de pecado, amar-gura y/o adicción que han llevado a cuestas por décadas. Este no fue el diseño de Dios para sus discípulos. El verdadero discipulado procura la verdad de la Escritura, una rendición de cuentas relacional, y una vida de oración empoderada por el Espíritu, que trae como resultado una transformación de vida.

Carl Brannon es el pastor de discipulado y alcance en la Iglesia Metodista Libre de Greenville (Illinois).

Transferible

El discipulado es transferible. La meta de un discípulo nunca es solo recibir instrucción, atención, responsabilidad y libertad. Es llegar a ser un discípulo y un discipulador. Idealmente, soy seguidor y líder a la vez. Mientras que aprendo y crezco, estoy transmitiendo a otros lo que soy y en lo que me convierto. El desafio de Pablo a la iglesia de los corintios debe ser un mantra en la comunidad cristiana “Imítenme a mí, como yo imito a Cristo”

(1 Corintios 11:1).

Este es nuestro blanco verdadero, demasiadas cosas en nuestra cultura finalmente se refieren a mí. ¿Qué gano yo con todo esto? El discipulado es ante todo saber acerca de cono-cer a Jesús, y luego, al final, sobre otros. No es acerca de mí. La mejor señal de que he dado en el blanco es cuando el Jesús que conozco y amo pasa a otros que experimentan la realidad de la gracia de gran precio que cambia vidas, a través de mi.

 

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