Del Jardín a la Ciudad

La creación se dio en un jardín, y podemos quedarnos con los ojos cuadrados imaginando el prístino escenario donde Adán y Eva caminaron con Dios al aire del día.

Muy a menudo, cuando pensamos en nuestra futura mansión con Dios, nos imaginamos esa misma clase de escenario.

Pero aunque la creación se originó en un jardín, la historia bíblica termina en una ciudad. En Apocalipsis, encontramos que la ciudad de Jerusalén desciende ataviada como una novia a encontrarse con su esposo, Cristo. Indudablemente Dios habitará con nosotros allí, como lo hizo con Adán y Eva. Esta ciudad tiene un río de agua de vida, y árboles con hojas sanadoras, todo es igual que en el Edén, sin embargo, sigue siendo una ciudad.

Los seres humanos crearon las ciudades, pero Dios a todos los redime. Podríamos pensar que las ciudades son como abarrotados bastiones de pecado, y la descripción de Babilonia que el Apocalipsis hace ciertamente se ajusta a esa descripción. Pero, en realidad, una ciudad no es más que una simple acumulación de personas, reunidas para el bien común, para el intercambio de trabajos y recursos.

Más de la mitad de la población mundial ahora mismo vive en ciudades, según el Banco Mundial. En 2010, cerca del 81 por ciento de nuestra nación vive en áreas urbanas, de acuerdo al Buró del Censo de los Estados Unidos. Me imagino que Dios en su presciencia sabía de esta transición y planeó vivir en el futuro con nosotros, como lo hizo en el principio.

Los obispos Metodistas Libres nosh an convocado a alcanzar las ciudades. Como denominación, debemos hacer lo que nos corresponde para alcanzar el mayor número de áreas de nuestra nación—áreas que abundan en seres humanos—y los problemas que acompañan a la sobrepoblación.

Demasiado tiempo hemos cerrado los ojos ante el cambio del rostro de nuestras ciudades, en lugar de cavar en nuestros talones y comprometernos con las necesidades que nos rodean. Los que enfrentan los desafíos del ministerio urbano con frecuencia lo hacen en medio del aislamiento y la falta de comprensión. Sin embargo, los problemas que las ciudades urbanas siempre han enfrentado—tales como la indigencia, el abuso de las drogas, pobreza y falta de empleos—surgen de entre los suburbios y áreas rurales. Haríamos bien nosotros en unir fuerzas, combinando lo que sabemos con los recursos para impactar a los desvalidos de una manera positiva.

Katherine Callahan-Howell es la pastora de la IML comunitaria, de Winton, en Cincinnati y una editora que contribuye en el Periódico de Liderazgo.

DISCUSIÓN DE GRUPO:

[1] ¿Cómo afecta el lugar en que vives tu concepto acerca del cielo?

[2] ¿Cóm puedes ayudar a alcanzar la ciudad, aunque tú no vivas en ella?

[3] ¿Con cuál iglesia podrías participar para incrementar tu impacto en la ciudad?

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