Dadores Alegres

¡”Es hora de dar nuestra ofrenda”!

Al dar este anuncio, la Primera Iglesia Metodista Libre de Indianápolis aclama – con todo y aplausos, gritos y risas. Esta tradición no siempre ha sido nuestra historia, pero durante los tiempos más económicamente difíciles de PIML, se convirtió en parte de nuestra adoración.

El Apóstol Pablo escribió a la iglesia en Corinto animándolos hacia tales comportamientos y actitudes: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2Corintios 9:7).

Un espíritu alegre tiene poco qué ver con cuánto tenemos para dar o qué tenemos para dar. Tiene todo qué ver con el Espíritu por el cual damos. El Espíritu Santo, que mora en nosotros, es el mismo Espíritu del Dios viviente quien, por naturaleza, eternamente existe para dar. El Padre no dio al Hijo porque tenía que darlo (aunque uno pudiera argumentar que no había otro camino), pero Dios dio porque nos amó, y dar para nuestro beneficio es el resultado de Su carácter. Nosotros agradecemos que servimos a tal Dios.

Invitación

Cuando Jesús se encontró en el camino con Simón Pedro y Andrés y por siempre les cambió sus vidas, Él les extendió una invitación. Jesús dijo, “Venid en pos de mí” (Mateo 4:18-19, Marcos 1:16-18).

Esta invitación era una oportunidad para los dos discípulos de entrar en el misterio de Dios. Esta invitación no fue una invitación forzada. De hecho, todas las facetas del camino cristiano funcionan de esta forma. Esto incluye dar, lo cual sirve como una invitación, no como una obligación para entrar más profundamente en nuestro camino con Cristo.

Nuestra iglesia considera la ofrenda de esta manera. Se ha convertido en una práctica espiritual de facto, permitiéndonos como comunidad conectarnos con Dios en un nivel más profundo aceptando la invitación a dar, soltar y confiar en Dios. Nuestra iglesia no es de ninguna manera un cuerpo de gente rica. Sin embargo la voluntad de dar libremente es un ejemplo de la alegría de aceptar esta invitación.

Relación

Cuando Zaqueo inesperadamente recibió a Jesús en su casa, no fue forzado a regresar todo lo que había robado. Pero por esta nueva relación con Jesús, Zaqueo se paró y anunció, “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8).

Lucas omite la emoción de describir la actitud y comportamiento transformados de Zaqueo, pero todos los que leen este pasaje verdaderamente detectan el entusiasmo de Zaqueo de dar más allá de lo que le era requerido. Me imagino a Jesús respondiendo con una gran sonrisa de sorpresa y satisfacción, y rodeando a Zaqueo con un gran abrazo y diciendo, “¿ves? ¡esto es de lo que estoy hablando”!

Queremos que nuestra ofrenda llena de adoración haga que Jesús se sienta de la misma manera.

Disciplina

Lo que el dar hace que sea diferente de otras prácticas espirituales es que nos llama a evaluar lo que típicamente es nuestro más buscado y protegido recurso – nuestras finanzas. El acto de dar alegremente – no importa cómo se vea – ofrece aún nuestras billeteras como una ofrenda para que la use Cristo. Cuando celebramos y practicamos esta disciplina cada semana, ofrecemos esta parte de nuestro corazón para que Cristo reine sobre ella.

Esto no es fácil para la mayoría de las congregaciones. Para algunos en nuestra congregación con seguridad no es fácil. Nos da temor, cuando las finanzas están ya inestables o inciertas, tener nuestro dinero con la mano abierta. Pero dar con alegría y gratitud re-calibra nuestros corazones, liberándonos de confiar en el dinero que tenemos o tememos perder. En vez de eso, esto nos recuerda que Dios es nuestro proveedor y la fuente más alta de nuestra provisión, y no alguna cantidad de ingresos.

Celebración

Cuando damos juntos semanalmente como un cuerpo de creyentes, celebramos que Dios nos ha dado gracia para dar. Todo lo que tenemos le pertenece a Dios en primer lugar. Nosotros simplemente le devolvemos a Dios lo que por derecho es suyo. Respondemos a cómo ya nos ha dado y proveído.

Algunas personas en nuestra iglesia dan monedas sueltas. Algunos dan cheques más grandes. No importa lo que se da, lo celebramos y damos gracias. La respuesta de celebración libera nuestras manos y corazones de aferrarnos a nuestro dinero. La celebración nos recuerda que hemos aceptado la invitación de seguir a Jesús con todo lo que somos y todo lo que tenemos, y seguir a Jesús nos da una inmensa alegría.

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