Cuando la obediencia nos lleva a dejar un legado

Soy admirador de los nietos. Marlene y yo tenemos ocho nietos saludables, maravillosos y hermosos, todos ellos por encima de los niños de su edad en cuanto a inteligencia y talento, (en mi humilde opinión). Creo que algunos abuelos que lean esto no estarán de acuerdo conmigo.

Marlene y yo no nos propusimos ser abuelos cuando nos casamos. De hecho, no recuerdo que el tema de los nietos haya aparecido antes de decir “acepto”. Al principio de nuestra relación hablamos de la posibilidad de tener hijos pero nuestro enfoque estaba en la relación presente, en nosotros dos. Un gran paso tras otro nos llevó al matrimonio, la paternidad y en última instancia, los nietos. Sin centrarnos en ser multigeneracionales, ahora disfrutamos el fruto de serlo.

Así es como luce la multiplicación. Es vivir en amor, haciendo lo correcto y viviendo de forma correcta; luego, preparar a otra generación para que viva en amor, que haga lo correcto y que viva de forma correcta. Esa generación, después preparará a otros… es natural en el mundo de la biología y debería serlo en la iglesia.

Así es como se ve en el mundo de la iglesia. Iglesias saludables que aman a Dios profundamente y que le sirven con fe viva y compromiso. Eso llevará a que las personas se amen unos a otros profundamente y dará como resultado, un compromiso para hacer discípulos a todos los que quieran caminar como hijos de Dios.

Los miembros de la iglesia probablemente no tengan el concepto de multiplicación en su mente. Mientras van creciendo, algunas cosas sucederán. La iglesia crecerá, tal vez más de lo que sus instalaciones le permitan, alcanzará y ayudará gente en diferentes contextos, discipulará gente que resulte ser de grandes capacidades, con llamados a ser pastores o líderes y que necesiten dónde servir. Después, la iglesia desarrollará interés en alcanzar personas más allá de su congregación actual. Esto creará oportunidades para muchos líderes para servir y así, naturalmente, dará lugar a nuevas iglesias y ministerios. Eso no es solamente multiplicación, es un signo saludable de vida.

Supongo que hay personas que se convierten en padres con remordimiento y también supongo que habrá gente que se convierten en abuelos con algo de pesar. Yo no cabría en ninguna de esas categorías pero puedo imaginar situaciones en las que la salud, las circunstancias y la madurez pueden causar algo que lamentar para traer al mundo hijos y nietos. También supongo que habrá momentos en que las iglesias no quieran crecer y creo que los mismos factores están en juego: salud, circunstancias únicas o madurez. Algunos tienen miedo de multiplicarse o expandirse a pesar de que el crecimiento y la expansión son inherentes en los mandamientos de Jesús (Mateo 28:18-20, etc.) y lo dice explícitamente en las declaraciones proféticas que hizo sobre el futuro de la iglesia (Hechos 1:8).

Así como la paternidad, la multiplicación en la iglesia no está exenta de desafíos y amenazas. Las más comunes que he visto o escuchado como plantador de iglesias, pastor, superintendente y obispo tienen que ver con finanzas (generalmente es caro y el dinero se nos va de las manos), salidas (los miembros no quieren dejar a los amigos) y servicio (más personas necesitan dar un paso adelante y llenar las vacantes). Todas esas son preocupaciones legítimas, todas hacen crecer nuestra fe, son dadas por Dios y se asemejan mucho a la paternidad: el mayor reto son las finanzas (es caro criar niños), salidas (no queremos que se nos vayan) y servicio (perdemos un par de manos en la casa). Así como la paternidad, la multiplicación de la iglesia es generalmente bien recibida y celebrada después de dar frutos. Al igual que los padres, las iglesias que crecen y comienzan nuevos ministerios se encuentran como parte de un legado vivo que ofrece una gran cantidad de bendiciones y numerables ocasiones para celebrar.

Tal vez, la mejor parte de ser abuelos es ver un legado vivo justo enfrente de nuestros ojos. Nuestra familia no muere con nosotros. Las relaciones son cada vez más amplias. Nuevas vidas nacen y viven enfrente de nuestros ojos. El buen trabajo de Dios en nosotros, continúa en y a través de otros. Eso es digno de celebrar.

Así que ocúpate de amar a Dios contagiosamente, amar a las personas como familia y hacer discípulos de todos aquellos que necesitan al Salvador. Después, observa el natural e inesperado crecimiento, la plantación de iglesias y la propagación  del Evangelio más allá de su alcance normal.

Obispo Matthew Thomas ha sido parte activa de la Iglesia Metodista Libre desde 1979. Sus roles ministeriales incluyen servir como pastor, plantador de iglesias, misionero y superintendente.

Written By
More from Matthew Thomas

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *