Cuando el Amor nos Visita

“Dios es Amor” (1 Juan 4:8)!

Juan declara esto al ver el regalo que nos envió Dios, ofreciéndose a si mismo por nosotros (1 Juan 4:9–10). Juan describe el amor en términos de cuidado y atención hacia otros, ofreciéndolo a quien lo necesite a nuestro alrededor (1 Juan 3:16–17; 4:11). De hecho, insiste fuertemente en que el que no ama con actos concretos de cuidado hacia otros, no conoce a Dios, no lo ama o no le pertenece a Él. (I Juan 4:8, 19–20)

Jesús revela a la persona de Dios en su forma humana. Sus seguidores forman familias, sociedades y culturas de amor: no el amor abstracto, sino el amor en servicio; no el amor cuando nos conviene o dentro de la zona de comodidad, sino amor en su máxima expresión… siempre. No el amor cuando sus resultados pueden traernos bendiciones, pero sí el amor verdadero, al que verdaderamente le importa, solo por el placer de amar. Estas personas, compañeros de Jesús, forman familias, sociedades y culturas de amor para todos, cuando estén lastimados, vulnerables, al precio que sea, siempre que lo necesiten.

En todo el mundo, las personas que siguen a Jesús se convierten en comunidades y familias de ese tipo de amor. Sus familias naturales (las que se encuentran en el árbol genealógico) profundizan en el amor de Dios. Ellos profundizan tanto en el amor, que incluyen a los lastimados y a los ancianos para cuidarlos, protegerlos y bendecirlos.

Las personas que caminan con Jesús en este “Andar de amor” pueden ser reconocidas por la ayuda y el respaldo que ofrecen a otros. Por su dedicación a Dios, se comprometen unos a otros, y mantienen su compromiso con la ayuda de Dios.

Los padres cuidan de sus hijos que tienen alguna discapacidad. Los esposos se mantienen fieles, hasta cuando alguno de ellos ni siquiera puede reconocerlo. Los hijos aman a sus padres ancianos, aunque ahora se han cambiado un poco los roles.

Desafortunadamente, no siempre funciona de esa manera. En el mundo, el amor es condicional y contractual, “haz esto por mí y yo hago eso por ti”. Los compromisos se acaban cuando ya no son “útiles”. Los padres niegan a sus hijos, a su sangre. Los cónyuges se dan “libertad” cuando la situación es muy difícil de soportar. Los hijos desprecian a sus “infantiles” padres. En el mundo, todos entienden esas dolorosas “necesidades” de la vida.

Las personas están cegadas ante el Dios que es todo amor, excepto cuando Él los visita a través de los compañeros de Jesús, quienes aman incondicionalmente. Cuando Dios, que es amor, los visita, todo se vuelve hermoso y las personas son ayudadas para prosperar.

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