¿Cuál es tu verdadero Twitter Bio?

Somos definidos por las cosas que hacemos, no en el sentido de “lo que te lleva al cielo” (Cristo que muere en la cruz hace eso), ni en el de “las cosas que haces son tu identidad” (nuestra identidad como cristianos está arraigada en el amor de Dios por nosotros). Pero somos definidos por lo que hacemos en una especie de biografía de Twitter.

Una biografía de Twitter es la descripción de una persona en su perfil de Twitter. Algunas personas tienen citas; otros destacan sus trabajos. El mío solía decir “beber café, escribir poemas, seguir a Cristo”.

Mis padres tenían un perro llamado Lucas, y cuando pienso en Lucas me vienen a la mente tres cosas. Primero que nada, él no era realmente el perro de mis padres. Él era el perro de mi hermana Caroline. Ella lo recibió como regalo de Navidad hace unos 14 años y hasta que se fue a la universidad e incluso cuando venía a casa después de terminarla, él dormía en su cuarto y se quedaba cerca de ella.

Lucas tenía la costumbre de orinar sobre las plantas o macetas en el porche. No podíamos evitar que lo hiciera cuando era cachorro, y por supuesto, no se le pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo. Sin embargo, no es divertido aferrarte a las cosas que no te agradan, así que permíteme decirte lo que hizo de Lucas el mejor perro que he conocido. Le gustaba corretear una pelota hasta que sintieras que se te caía tu brazo de fatiga por estarla lanzando. Cuando finalmente se cansaba y dejaba caer la pelota, se echaba a descansar. Si le volvías a lanzar la pelota, la miraba alejarse rebotando, él se levantaba y corría tras ella. Si creáramos una biografía de Twitter para Lucas, diría “El perro de Caroline, orina sobre las plantas, buen atrapador”. Las cosas que Lucas hacia llegaron a definirlo.

Antes dije que mi biografía en Twitter era “beber café, escribir poemas, seguir a Cristo”, porque eso es lo que quiero presentar ante el mundo, pero la verdad es que probablemente debería decir algo así como “esposo de Layne, les grita a los demás conductores cuando maneja, se distrae fácilmente con los deportes”. ¿Qué diría el tuyo?

Efesios 4: 31-32 dice: “Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

Nos gusta esa segunda oración. No tanto la primera. Nos gusta pensar que hemos llegado a la segunda oración. Probablemente estamos atrapados en la primera, y es posible que no comprendamos la segunda oración.

La otra palabra en la que compasivo se traduce como bondadoso. Sé amable y tierno de corazón. Mi padre solía decirme: “Puedes enamorarte de quien sea, así que ten cuidado de dónde pones tu corazón”. Aquí yo lo cambiaría a algo así como: “Puedes enamorarte de cualquier cosa, así que ten cuidado de dónde pones tu corazón.”

Pablo escribió a los efesios acerca de la amargura, la ira y el enojo porque sabía que estas eran cosas con las que nosotros, como humanos, tenemos dificultades. Nos convencemos a nosotros mismos de que la amargura, la ira y el enojo tienen que ver con otras personas, pero esas cosas comienzan dentro de nosotros. Endurecen nuestros corazones el uno contra el otro.

La compasión, sin embargo, inherentemente nos llama hacia afuera de nosotros mismos. Tener compasión por alguien es verlo y tener empatía. La compasión requiere vulnerabilidad y un corazón tierno. La compasión suena bien, pero si somos honestos, en realidad da miedo. La compasión significa ponernos en posición de ser lastimados por alguien.

Es como cuando Pedro le preguntó a Jesús: “¿Cuántas veces debo perdonar a mi hermano o hermana que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?  Jesús le responde: “No siete veces, sino setenta y siete veces “(Mateo 18: 21-22). La implicación no es que debamos hacer un seguimiento en un cuaderno como, “Bueno, ese fue el número 67, así que solo me faltan 10 veces más”, sino más bien que debemos perdonar continuamente. La parte que nos da miedo es ponernos en una posición de tener que perdonar a alguien muchas veces.

Tener compasión de alguien es verlo y tener empatía. Pero somos tan ciegos y egocéntricos, que cuando nos miramos, vemos nuestras propias heridas. Ponemos en los demás los rostros de las personas que nos han lastimado en el pasado, ya fueran nuestros padres, hermanos, maestros o los montoneros de nuestra infancia. El comienzo de la compasión es ver con los ojos de Jesús.

Somos llamados a ser amables y compasivos. No somos llamados a actos de amabilidad y compasión al azar. Nuestra biografía de Twitter debería decir: “amable y compasivo”, no “amable cuando decido serlo”. La compasión que surge cuando ponemos nuestros corazones en Jesús tiene un impacto, primero en nosotros mismos y luego en quienes nos rodean, porque la compasión en la relación conduce al perdón. Puede parecer inesperado, pero lo que nos hace vulnerables y tiernos, y que nos pone en posición de ser heridos en una relación es lo que nos impulsa a la relación y, en última instancia, conduce al perdón. La compasión es lo que nos permite ver más allá de los caparazones duros de los demás y ver a la persona como Dios la ve.

La compasión nos impulsa a la relación, y la compasión es un componente clave en el perdón. Hay excepciones en la restauración de las relaciones, como situaciones de abuso, o cuando las personas nos abandonaron o ya han muerto, pero el perdón aún requiere una relación con Dios y con la comunidad. Lo que estamos abordando aquí no son las excepciones, sino las personas en nuestras vidas que nos provocan amargura y nos dejan en vías de convencernos de que tenemos razón y que ellas están equivocadas.

Considera lo que tu biografía de Twitter diría si fueras honesto. ¿Diría: “amable y compasivo, persigue las relaciones implacablemente” O diría: “huye del conflicto, limita el perdón a dos oportunidades”?

Mark Crawford es el editor asistente de Luz y Vida. Reside en Tucson, Arizona.

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