Corrijamos esto

 

No nos podemos permitir que este asunto sobre “amar a otros” sea un error.

Es tiempo de que nosotros que decimos vivir bajo la autoridad de la Escritura, renovemos nuestro compromiso del amor bíblico y tomemos nuestros modelos de la Palabra Viva. Pero debemos tener cuidado de tomar en cuenta toda la Palabra de Dios con relación a amar al prójimo. Si amamos como el mundo ama, entonces aceptaremos algunas partes de la Escritura y cerraremos nuestras mentes al resto. Muchas personas del interior de la iglesia leerán la Escritura y dirán: “¿Cómo puede un Dios de amor ser de esa manera? Yo no lo entiendo”. No entendemos el amor de Dios en muchas de Sus acciones porque tratamos de obligarlo a alinearse con nuestra perspectiva mundana. Él es amor—no el mundo. Él es la norma. Nuestros malos entendidos y falsos conceptos nos informan y dirigen nuestro amor por los demás. Para basar nuestro entendimiento del amor a otros en la Escritura debemos considerar el amor y la gracia como un solo agente, no como dos.

Somos un pueblo que cree en la obra santificadora de Dios en nuestras vidas. Esto no nos separa de Su amor, ni es algo opcional. Siendo que Dios es el agente de Su obra, Su poder es suficiente para santificarnos por completo. Hacernos completamente santos, y liberarnos del pecado voluntario. Sí, para perfeccionar nuestro amor por Dios y por el prójimo. Él nunca ha cambiado su mente sobre esto. Su Palabra lo sigue declarando. Pero no es doctrina lo que nos conforma sobre cómo amar al prójimo, es la experiencia personal del amor de Dios y la gracia lo que nos conforma, y por tanto, define nuestro amor y la gracia por otros.

Como puedes ver, solo podemos ofrecer lo que tenemos. Al grado de que hemos experimentado el amor en acción, amor que nos conforma, nos redime, nos transforma, que nos mueve, agudo, convincente, salvador y santificador y la gracia de Dios, anhelaremos ver su obra en nuestro prójimo. Cuando pongamos nuestros pies en el suelo de la Tierra Prometida, querremos que los demás se nos unan.

Veamos a los demás—a quienes Dios ama—y procuremos amarlos con Su perfecto amor. ¿Cómo? Aquí tenemos una fotografía instantánea.

El Amor Decide

Yo decido amar a una persona; la persona nunca fuerza mi decisión. Dios decide amar a cada persona—aún aquellos que lo rechazan. Por tanto, el amor que procede de Dios se inicia con la decisión del que da su amor, no del que lo recibe. Elegir hace que el amor sea incondicional, decidir no amar significa que se han aplicado términos y condiciones. Amar a otros es una decisión que tú y yo tenemos que tomar

El amor requiere algo.

El amor y la gracia vienen con un deseo. Este deseo no es un añadido, o una condición. Está inseparablemente entretejido en Su amor. Es para rescatarnos del pecado, renacidos y transformados de nuevo a la imagen que Él no puede sacar de Su mente—la imagen de llevarnos amorosamente a la vida. Dios quiere de todos nosotros lo que visualizó cuando Sus manos nos formaban del polvo. Nosotros no recordamos la formación pre-edénica, ¡pero Él sí! Él quiere que seamos sin mancha, sin arruga, renovados, restaurados, puros, íntegros y santos—alineados y en armonía con Él. Amar a otros es un acto de gracia preveniente con los mismos anhelos que Dios tiene para ellos.

El amor entra a morar.

La elección siempre precede al movimiento. El amor decide, ¿Verdad? Eso significa que el amor no es ignorante. Si yo amo como Dios ama, luego no puedo restringir ni enclaustrar mi amor. A dondequiera que vaya mi mente, mis pensamientos también van, mi consciencia va—es amor por elección. Jesús dijo que Él nunca nos dejaría ni nos abandonaría, sin embargo, regresó al cielo para preparar un lugar. El amor por elección entra a morar y trasciende la presencia corporal porque hace que nosotros actuemos en beneficio del objeto de nuestro amor.

El amor ve

Dios me vio antes de siquiera yo conocerlo, y lo vio todo—cada grieta y cada mancha de pecado—sin embargo, vio algo más. El amor redentor, anhelante, visionario, ve lo que el ojo humano no puede ver. El amor de Dios ve profunda y proféticamente. Ve el futuro en el presente, pureza en la impureza, sanidad en el quebranto, y florecimiento en lo profundo. Amar a otros es ver a los otros como Dios los ve.

El Amor obra, la Gracia obra. ¡Están activos! ¿Por qué está la Palabra de Dios viva y activa? Porque está enlazada con el amor. Es un martillo suave, una cirugía confortable, un esmeril amable para el alma. El amor d Dios por mí, ha cincelado y martillado mi alma con el mayor cuidado y gracia. Amar al prójimo no va a dejar de obrar y de querer lo mejor para todos hasta que la obra esté terminada. Esta clase de amor se extiende a la gracia salvadora y santificadora de Dios. Él no ha terminado con nosotros hasta que “esté consumado”.

El amor da un paso atrás

¡Un momento! ¿Qué no dijimos que el amor entra a morar? ¿Por qué daría un paso atrás? El gran misterio y la paradoja del amor de Dios, que no tiene nada de paradójica, es que sigue engranada, sin embargo permite elegir a otros para estarlo. ¿Puedes imaginar el daño causado al corazón de Dios cuando Eva y Adán comieron del fruto que Dios les había mandado evitar? ¿Puedes imaginar la restricción autoimpuesta por Dios cuando se abstuvo de hacer otras advertencias? ¡Cómo Dios debe haber detenido Su lengua mientras la serpiente les mentía y torcía Su verdad! Te has dado cuenta del dolor que causa el objeto de tu amor—no significa remover nuestro amor. En ocasiones es lo más difícil y doloroso. Dar un paso atrás no significa ninguna remoción de tu decisión del amor por el prójimo—es reconocer la decisión del otro. Ama a tus enemigos. Eso es lo que significa.

El amor esperará

El amor es paciente. Amar al prójimo requiere paciencia. El amor de Dios por ti y por mí requiere de Su longanimidad. Esperar pacientemente mientras  ve lo que puede haber en la otra persona no es amor muy cómodo. El anhelo en la espera—y esperar por decisión propia—esa es la clase de amor por el prójimo y el amor que debemos reflejar en otros.

El amor no compromete al yo

Por el hecho de que la Palabra Viva se haya convertido en vida para mí, yo no puedo dar pasos atrás por el “amor” mismo. Lo que ha sido entretejido en mí y que nunca lo abandonaré aunque alguien me haya abandonado a mí. “El amor a Dios” es lo primero que va dirigido a ese primer amor—pero amar a Dios es mi primer amor. Nosotros, como nuestro Padre, seremos acusados de no amar a otros si nos negamos a unirnos en sus prácticas y cultura pecaminosas. Podemos estar en la proximidad de ellos, pero alejados de su posición—en su presencia, pero no en su postura. Amar a otros significa que nosotros realmente, de manera auténtica, con un amor que ama, aún en medio de la acusación de no amar. Cuando somos desafiados a llamar al mal bien, y al bien, mal, con amor hablaremos la verdad. Jesús fue acusado de ser un hereje cuando estaba lleno de puro amor. Ellos aman—nosotros amamos. Nos mantenemos firmes, pero sin arrogancia, fuertes, pero no escandalosos.

Corrijamos este asunto de amar a otros. Al menos en lo mejor que se pueda en este momento.

Comencemos rechazando cualquier definición mundana de lo que significa amar a los demás. Incluye toda la Escritura y mira al amor en acción en la gracia preveniente, salvadora y santificadora. Recibe esa clase de amor en acción en tu propia vida como base de cómo amas a los demás. Decide amar antes de que nadie sepa que lo amas. Clama sobre algún objeto de tu amor. Ve en pos de lo mejor en todo.

¿Qué así sea?

¡Sí, que así sea!

Brett Heintzman es el director de LUZ Y VIDA por medio de su rol como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre—USA, a la que también sirve como vicedirector del Ministerio Nacional de Oración. Visita freemethodistbooks.com para solicitar sus libros “Llegando a ser una Persona de Oración”, “Pueblo Santo” (Volumen 1 de la serie “Vital”). “Jericó: Tu Peregrinaje a la Liberación y Libertad”. Y “Encrucijadas: Preguntando por las Sendas Antiguas”.

 

 

 

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