Con Dios en la Cuarentena

Cuando habíamos cumplido seis semanas de la orden de “Quédate en Casa” en el estado de Nueva York, mi esposo oraba: “Señor, ayuda a Roberta a enfocarse y no quedarse todo el día en su escritorio organizando sus lápices de colores todo el día”. Aunque me reí, quedó en mi mente la pregunta: “¿Cómo sabe que yo hago eso?”

Como tenemos dos oficinas en casa a unos 7 pies (2.14 mts.) por el pasillo una más abajo que la otra. Yo aprecié su oración porque había estado sufriendo de pandemia cerebral. Me di cuenta que era un desafío enfocarme y concentrarme, y me tardé mucho en admitir el impacto que estaba teniendo en mí. Según un profesional en salud mental con el que hablé por internet, esto era normal. Situaciones como la de la pandemia causan un ligero estrés, aunque tú no hayas sido golpeado por el virus. Hay muchas buenas maneras de hacer frente cuando el mundo se siente fuera de control. Organizar mi colección de colores restauró el orden y belleza en mi mundo que se me había salido de control. Esta vida de cuarentena para mí casi no tenía sentido.

Interrupciones como estas nos invitan a enfrentar la manera en la que estamos viviendo. ¿Hemos estado viviendo descuidadamente el día a día con la fuerza de la costumbre? Si es así, vivir en la cuarentena probablemente nos dé la oportunidad de examinar nuestros hábitos. Las maneras saludables y las no tan saludables de enfrentar dando puntapiés frenéticamente cuando las crisis como las pandemias nos atacan. Aun esas maneras de enfrentarlas tienen sus raíces en nuestra vida ordenada. La mente humana es la fuerza más poderosa en la creación. Es en la mente donde todas las conductas tienen su principio.

Jesús ilustra esto señalando un árbol y diciendo: “Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da fruto bueno el árbol malo” (Lucas 6:43). Las noticias realmente grandes son que Dios está en el negocio de hacernos tener buenos pensamientos. Llevar el ejemplo de Jesús aún más allá, si las raíces y el tronco de mi vida pensante fueran saludables y produjeran fruto ante la crisis, probablemente significa que se está produciendo un buen fruto. No sólo quiere Dios responder a mis oraciones de enfocarme en tiempos de estrés. Él puede rehacer mi mente con el paso del tiempo. Si tengo el deseo de escuchar y obedecer al proceso, el resultado será tener la mente de Cristo.

Preparando Nuestras mentes

Pablo hace la audaz afirmación de que es posible tener la mente de Cristo (1 Corintios 2 y Colosenses 2:1-3). En Filipenses, Pablo nos enseña a ser “de una misma mente” como Cristo (Filipenses 2:1-3 NRSV). Él también hace la comparación entre los que viven como enemigos de la cruz de Cristo como aquellos cuyas mentes se enfocan en las cosas terrenales con los que son ciudadanos del cielo (Filipenses 3:19-20). En resumen, El Espíritu de Dios puede recrear nuestras mentes. Somos participantes activos en el proceso.

Tenemos la habilidad de “preparar” nuestras mentes. Existen para esto algunas maneras bien probadas por el tiempo; el estudio, la memorización y la meditación en las Escrituras son tres de ellas. Estas prácticas, igual como cualquier otro hábito, se pueden sentir al principio como que es demasiado trabajo. Sin embargo, es críticamente importante recordar que cuando es difícil de concentrarnos, Dios desea unirse con nosotros y puede aclarar el desastre de nuestras mentes a fin de ayudarnos a ver y encontrarlo en la Escritura. Por ejemplo, cuando yo reconocí que clasificar mis lápices de colores era mi manera de ordenar el universo, fui honesta con Dios.

¿Qué si yo tomara cada uno de mis lápices de colores y con ellos recordara al gran Dios que en verdad es el que tiene el control del caos? Con cada lápiz de color, y le permito representar mis pensamientos de ansiedad, los coloco en una pila y dejo mis preocupaciones a Dios. Yo le digo: Dios, con este color violeta, recuerdo tu promesa de mostrar Tu poder, así que te ruego que vengas ahora y pongas tu paz en mi angustiado corazón. Dios, con este laser limón, recuerdo que Tú sanas, así que te pido ahora mismo que vengas y sanes mi amiga que tiene COVID-19. Dios, con este color azul de batería cargada, yo recuerdo que Tú creaste un mundo hermoso y que, al final, Tú harás nuevas todas las cosas, así que ¡comienza con mi mente ahora mismo!”

Este tipo de recuerdo, de oración, de meditar en la bondad de Dios, y la grandeza trae calma porque yo sé que puedo confiar en este Dios.
Hay algunos Salmos que he memorizado, y estoy agradecida por eso. En cualquier tiempo y en cualquier lugar, puedo traer a la mente lo grande que es Dios, porque he memorizado el Salmo 145: “Grande es el Señor, y digno de toda alabanza, su grandeza es insondable. … Se hablará del esplendor de tu gloria y majestad, y yo meditaré en tus obras maravillosas” (Salmos 145:3-5).

Puedo poner rápidamente mi mente en el cuidado íntimo de Dios por mí mientras recuerdo el Salmo 23: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Salmo 23:1)

Cuando me levanto de mi cama en una noche de insomnio, recuerdo lo que dice el Salmo 16: “Bendeciré al Señor. que me aconseja; aun de noche me reprende mi conciencia. Siempre tengo presente al Señor; con él a mi derecha, nada me hará caer” (Salmos 16:7-8).
Cuando hemos memorizado la Escritura, tenemos libre acceso a la verdad de Dios en cualquier momento. Nos daremos cuenta de que esa práctica llevará fruto para nuestra vida de meditación. Tendremos mucho material para ordenar nuestras mentes, y, con la práctica, se vuelve algo natural.

Si eres un principiante en esto, te recomiendo que te sumerjas en los Salmos. Estos poemas y cánticos nos presentan la verdad acerca de Dios. Tenemos presente un Dios poderoso, glorioso, misericordioso y tangible. Estudiamos, meditamos y memorizamos estas palabras a fin de poder tener la mente de Cristo. Se requiere tiempo y dedicación. No se dará simplemente por accidente. Puede ser tentador rendirnos si no vemos resultados rápidos.

Es posible que esta sea una de las razones de que Jesús usara un árbol como ejemplo de lo que es la bondad auténtica. Los árboles recién plantados necesitan irrigación lenta y profunda. De manera similar, los creyentes recién plantados en Cristo necesitan largos períodos de tiempo con la Palabra de Dios. No es suficiente escuchar un sermón a la semana y pensar que eso sea todo lo necesario. Tener que permanecer en casa puede darle tiempo como nunca antes para desarrollar hábitos de estar en la Palabra de Dios que la vida anterior no tenía. Como cualquier hábito saludable, la práctica y más práctica son lo que se necesitará para formar el hábito. Pídale a Dios técnicas creativas que se adapten a su vida particular.

Borrando los Desengaños

Tú y yo somos diferentes a aquellos que no están en Cristo. Las mentes que continuamente están siendo transformadas llevan fruto en todos los aspectos de la vida. Las mentes que se están nutriendo en la Palabra de Dios notarán los sutiles desengaños que nos atrapan y los borrarán. Los pensamientos de cuán grande y bueno es Dios dan como resultado mentes que de manera natural regresan a lo que es real y más confiable. Si nuestras mentes están puestas en cosas terrenales, nos veremos llenos de ansiedad, temerosos, irascibles y negativos. Estamos orientando nuestras vidas en cosas, dinero, seguridad y el control de otros. La Escritura claramente establece que esto significa autodestrucción (Filipenses 3:19).

Sucede todo lo contrario para aquellos que están en Cristo. La exhortación de Pablo de “concentrar sus mentes en las cosas de arriba, no en las de la tierra” dará como resultado una vida que se derrama en “afecto entrañable (compasión), bondad, amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:2, 12).

Las cualidades que proceden de tener mentes puestas en Cristo nos hacen totalmente diferentes. Imagina lo que sería si te parecieras a Jesús de manera tal que otros te vieran con asombro. ¿Qué si tuvieras una mente renovada que te hiciera tan fructífero en amabilidad y paciencia que después de interactuar contigo, aún tu enemigo se rascaría la cabeza y dijera: “¡No creo que esa persona sea real, pero con toda seguridad me gustaría descubrirlo!”

Roberta Mosier-Peterson, D. Min., es pastora principal de la Iglesia Metodista Libre de Gerry (Nueva York). Su disertación doctoral en el Seminario Northeastern fue adaptada a la “Experiencia Viva”, una película documental que cubre las experiencias del ministerio de mujeres pastoras. Visita fmchr.ch/lived para el documental, y, pastortiedye.blogspot.com, para otros de sus escritos.

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