Como una Vaca Completamente Satisfecha

“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mateo 5:6).

Corriendo y Bebiendo Agua

“Me acabo de terminar más de 100 onzas de líquidos. Eso es el equivalente a 8 botes de refresco en una mañana. Ni siquiera es aún el mediodía, ¡y todavía tengo mucha sed!”

Me estaba entrenando para una carrera de maratón—26.2 millas (42 kilómetros). Planee una larga carrera cada semana durante el verano, y eso significaba levantarme de la cama antes de la salida del sol para correr 18 millas (poco menos de 29 km.), en lo “fresco” del día. Aún estaba caliente y húmedo. Tomé algo de café y agua antes de salir. Coloqué botellas de bebidas para deportistas y agua con sal alrededor de mi cintura. El día anterior había llevado cuatro botellas a casa de un amigo a la mitad de la ruta de la carrera.

Mientras el sol subía y se incrementaba el calor, yo deseaba beber y beber. Pero tenía qué medirme para tener suficiente durante toda mi carrera.

¿Por qué tenía tanta sed? Correr más de 28 km. con aquel calor. He leído que el cuerpo suda de 27 a 47 onzas (800 ml. a 1.40 ml.) corriendo por una hora. Correr en medio del calor por más de 2 horas produciría algo más de 3 litros de sudor ¡de veras que hacía calor! Podía sentir en mis labios el sudor salado. Por eso tenía qué reponerme con líquidos fortificados con sales y minerales. Por más que bebiera, parecía insuficiente.

¿Estás sediento? ¿De qué estás sediento? Mi sed por los líquidos finalmente fue satisfecha al terminar el día.

Verdadera Sed

Recientemente, en un país sudamericano, la comida se ha escaseado tanto, que la gente se pregunta qué van a comer más tarde. Mis amigos me dicen que tienen que hacer largas filas en frente de las tiendas locales para buscar la oportunidad de conseguir algo. Cuando finalmente logran entrar, encuentran los estantes vacíos.

Cuando les pregunté qué podría llevar al seminario en el que estaría impartiendo clases por una semana, me dijeron: “Trae arroz”; de modo que llené dos maletas con arroz, y algunas piezas de ropa.

Una de las asistentes de mi dentista, que viene de aquel país, me suplicó que llevara tubos de dentífrico. Me dijo que su hermana prefería la pasta dental, desodorantes y champú en lugar de un teléfono inteligente, yo empaqué y regalé 50 muestras de tubos de dentífrico que había recibido como regalo. Era como la mañana de la Navidad cuando les di aquellos regalitos. De hecho, lo festejaron.

Una persona me dijo: “Nada menos el día de ayer yo clamaba a Dios: ´¡Señor! Tú eres Dios de todos. Tú puedes hacer lo imposible. Te lo pido en el nombre de Jesús, envíanos pasta dental´. “Y ahora”, lo dijo con lágrimas en los ojos: “¡Tenemos dentífrico en nuestras manos!” ¡Dios es tan bueno!

Ellos oran desesperadamente por su pan cotidiano, y Dios contesta.

Pero para los seminaristas, estas historias no son solo de hambre de arroz y necesidad de tener dentífrico. Realmente es un hambre espiritual y una sed por las cosas de Dios. Su desesperada hambre física ha disparado una profunda hambre espiritual. Su hambre espiritual encontró fruto espiritual. Los que yo conocí no andaban buscando en tiendas y bodegas vacías, sino en Dios mismo.

Nuestras clases del seminario de esa semana comenzaron con alabanza y adoración. Tanto hombres como mujeres se alegraron mucho de que estuviera con ellos… para sentirse llenos. Tenían tanta hambre de la enseñanza de la Palabra. Oraciones espontáneas, confesión, cánticos y corazones apasionados llenos de alabanza llenaron la semana de clases. Muchos permanecían de pie con las manos levantadas; otros se arrodillaban en adoración y alabanza. Los ojos se llenaban de lágrimas de alegría y gratitud mientras oraban por comida todos los días. Estas personas hambrientas se llenaban con las cosas del Espíritu. Él tenía para ellos mucho más que comida y bebida.

Hambre y Sed

Sigo corriendo, aunque la maratón ya pasó. No tengo tanto deseo por las botellas de agua como entonces. ¿Qué es lo que ahora más deseo? Creo que todos nosotros anhelamos algo que no está dentro de nosotros para saciar los lugares vacíos en nuestro ser interior.

“Jerry, Hay una cosa que me gusta de ti”, me dijo una vez uno de mis mentores. Todos queremos ser afirmados. Esperé algunos largos segundos anticipando la respuesta.

“Tú tienes hambre”.

Pero ¿era eso? ¿La única cosa que le gusta de mí es que tengo hambre? ¿Qué significa eso? ¿Eso fue un cumplido o qué?

El hambre describe un profundo deseo por algo, un anhelo de algo más. Algunos dicen que todos tenemos un vacío formado por Dios, y que sólo Él puede llenar. La sed describe el anhelo de un refresco como el que experimentaríamos en un desierto donde el agua es muy escasa.

“Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas” (Salmo 63:1, RVR).

Aquellos que han participado en safaris saben que la mejor manera de avistar a los animales es esperar en las fuentes de agua al iniciar y terminar el día. Los animales salvajes acudirán diariamente a una fuente de agua que les es familiar, por eso el salmista dice: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42:1, RVR).

Jesús conocía estos salmos. Probablemente los había memorizado en su juventud y los cantaba en la sinagoga. De ellos consiguió el trasfondo para las Bienaventuranzas que leemos en Mateo 5. Puedo imaginarme a Jesús diciéndole a la multitud: “Bienaventurados (dichosos) los que tienen hambre y sed. . .” con el salmo, o cántico dando vueltas en Su cabeza: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas. . .”

Nuestra pérdida más grande en la vida es conformarnos con quedarnos solo “en la orilla” de nuestra hambre y nuestra sed de comida y bebida que nunca nos llenará ni nos satisfará.

Lo que Pertenece a la Justicia

A medida que me voy acercando a mi cumpleaños número 60. Sigo aprendiendo que sólo puede llenar ese vacío dentro de mí.

Aquello que no es parte de eso no me sirve, como:

  • Los chocolates.
  • El sexo.
  • El dinero.
  • El reconocimiento.
  • La vida perfecta que los publicistas dicen que me estoy perdiendo.

Por favor, no me malentiendan. Me gusta todo lo que he mencionado arriba. Pero después no pasa mucho tiempo sin que vuelva a sentirme vacío. Todo lo dicho no satisface por mucho tiempo.

¿Qué es lo que realmente anhelamos? ¿Hambre y sed? ¿Qué hacemos con esa tentación de llenarnos de cosas que no nos duran? Cuando mi necesidad realmente es aquello que Dios tiene para mí, soy tentado a volverme a los chocolates, a esos postres de chocolate caliente que tienen partículas crujientes en los bordes y en su interior. ¿Cómo se llaman? Pasteles de chocolate, para de alguna manera disfrazar esa profunda hambre de intimidad y confort.

Jesús nos anima a tener hambre y sed de Su justicia, Su comida. Hay algo, alguien además de mí que me llenará con aquello que satisface.

Me gusta interpretar la “justicia” como “la conexión correcta con las cosas correctas”, y todas las cosas correctas vienen de Dios. No existe otra fuente de cosas buenas. Él es el autor y la fuente de todas las cosas buenas.

El amor, gozo y paz es lo que satisface nuestros anhelos. Su fe, esperanza y amor es lo que realmente deseo. ¿Qué de ti—en verdad? Puedo tener una gran cantidad de cosas relucientes en mi garaje, pero si no tengo amor, como dice en 1 Corintios 13, solo son como metal que resuena de una manera distractora.

He visto a las personas más ricas y más alegres de Asia, África y Latinoamérica viviendo con menos de $5 dólares al día. En Asia, recientemente estuve en la casa de un pastor en el centro de una ciudad super poblada—tres cuartos pequeños para una familia de cinco en un edificio multifamiliar sobrepoblado. El recibidor, que también servía como recámara, era más pequeño que el baño más pequeño de mi casa. Pero 30 personas cupieron en ese cuarto para escuchar la palabra de Dios, y para alabar y adorar a Dios. Desde el momento en que entré hasta que salí, vi y sentí la abrumadora presencia del Espíritu Santo. Ellos anhelaban el amor, el gozo y la paz de Dios y estaban llenos con el amor, el gozo y la paz de Dios. ¡Esas son las buenas cosas de Dios!

He visto a las personas más pobres y más descontentas en más países desarrollados con grandes cantidades de recursos tangibles. He ingresado en grandes casas con garajes llenos de juguetes sólo para saber cuán “pobremente” los tienen, y cuán “terriblemente” son tratados por la vida. ¡Mmmm! Probablemente están tratando de ser llenos con cosas equivocadas.

Totalmente Llenos

Recuerdo cuando yo era niño, las cenas de Acción de Gracias eran una gran celebración en nuestra familia. Mis tías, tíos y primos vendrían a nuestra casa para la fiesta más grande del año. Pavo, patatas, gravy, verduras, panes hechos en casa, ensaladas, y lo mejor de todo: pasteles de nuez y calabaza. Se pasaba la comida por la mesa hasta que nadie quería comer más. Luego, ¡Llegaban los pasteles! No era ningún problema hacer un poco más de espacio para una tajada de cada tipo de pastel.

La mitad de los 16 versículos en el Nuevo Testamento que incluyen la palabra griega chortazó (“alimentar, engordar, llenar, satisfacer” y con animales: “darles forraje, saciarlos”, tiene que ver con la alimentación de los 4,000 y los 5,000. “Todos comieron hasta quedar satisfechos (llenos)” (Mateo 14:20). Todos comieron y fueron completamente satisfechos como en una cena especial. Al final se recogieron canastas repletas. Cuando alguien les preguntaba si querían más, la respuesta era: “No, gracias”.

Con pan y peces, Jesús les mostró a las multitudes lo que Él nos quiere mostrar a ti y a mí el día de hoy. Él desea que nos llenemos hasta el punto de que cada uno de nosotros podamos decir: “¡Estoy lleno de las cosas de Dios!” “¡Casi no puedo comer más!” “¡Gracias!” “¡Estoy satisfecho con las delicias de las comidas!”

Jesús nos invita a Su mesa. ¿Tú lo quieres invitar a la tuya? Prueba por permanecer a la mesa. Él tiene más qué servirte. La Palabra y la Oración son dos senderos principales: El Pan de Vida/El Agua de Vida te satisfarán.

Él nos quiere llenar. . . ¡tal como lo hacemos en una cena especial! Él tiene mucho más para ti y para mí. Él te quiere satisfacer totalmente si tienes hambre y sed de Él. ¡Pruébalo y verás!

En el Salmo 23 dice: “En pastos delicados me hará descansar”. Los únicos momentos en que las ovejas descansan sobre el pasto verde es cuando están satisfechas, llenas de comida. Están satisfechas y contentas con buen pasto verde rodeándolas por todos lados.

Verás, esta es mi versión de esté versículo: “Tenemos la garantía de que si tú realmente buscas las cosas de Dios, te llenarás de ellas, como una vaca que está totalmente llena”.

Entrega de Pizzas

Jesús está tocando a tu puerta. Es como si llegara a entregarte una pizza que te llenará y te durará. Él está tocando a tu puerta con una comida buena y caliente. Jesús dijo: “Mira que estoy a la puerta y llamo” (Apocalipsis 3:20).

¿Quién no abriría la puerta si hay una pizza caliente del otro lado? Yo me he sentido tan desesperadamente hambriento que me detengo a ver por mi ventana, esperando a que llegue el pizzero. Cuando al fin llega, le abro la puerta de par en par, y lo recibo con una gran sonrisa y una propina. ¡Ya llegó la pizza!

Jesús continúa diciendo: “Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20) con una conexión real y una total satisfacción.

Jesús está tocando. . . con buenas cosas. . .para ti y para mí. Y más que eso. Él mismo es el Pan de Vida. Cuando tengamos hambre, Él vendrá con su entrega.

“Tenemos la garantía de que si tú realmente buscas las cosas de Dios, serás saciado con las cosas Suyas, como una vaca totalmente llena”.

Jerry Coleman es un presbítero Metodista Libre y director de oradores de la sociedad Francis Asbury. Anteriormente sirvió por 17 años como misionero de la Iglesia Metodista Libre, los últimos 11 de los cuales fue director del área de Europa.

 

 

 

 

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