¿Cómo Responderás al Cambio Cuando Llegue?

Todos experimentamos cambios. Eso es inevitable. Es una palabra que produce emociones encontradas. Para algunos la palabra causa la respuesta de escarbar en nuestras cicatrices y gritar: “¡no!” Para otros, es un desafío a responder con gozo y expectación. Infortunadamente, la mayoría de las veces somos tan tercos en rechazar el cambio que nos rehusamos a ser obedientes al llamado de Dios. Nos perdemos de Su “gran aventura” para nosotros.

Mi familia está bien familiarizada con el cambio. En Julio del 2006, nos mudamos a México para convertirnos en misioneros. Fuimos enviados a un nuevo país, sin habilidades para el idioma, dejando atrás a nuestra familia y amigos. Seré franca; no me gusta el cambio. Es fácil cuando las cosas permanecen igual. Ese no fue el caso.

Cuando comenzamos una vida llena de obstáculos, encontramos algunas cosas cómicas en el camino — experiencias de aprendizaje que nos equiparon mejor. Mi esposo y yo entramos en una panadería. Cuando él preguntó a la mujer el precio de un baguette y ella le respondió, se quedó anonadado por el excesivo precio. Pensamos que había subido el precio porque no hablábamos bien el español y éramos estadunidenses. Él le preguntó por qué costaba tanto. La amable pero confundida mujer se encogió de hombros mientras nos marchábamos. Al proseguir nuestro viaje (sin la baguette), comenzamos a hablar sobre la conversación que acabábamos de tener con ella.

Finalmente pensamos en lo que realmente había dicho. Nos dimos cuenta que su panadería era literalmente la más barata de todas las que previamente habíamos visitado y que nosotros le habíamos entendido incorrectamente. La baguette costaba menos de 10 centavos. Ah, el dulce cambio del idioma.

Diariamente se nos recordaba que estábamos en una cultura que no nos era familiar y que todo era un poco diferente. Durante los días festivos, estábamos emocionados por haber sido invitados por amigos a su celebración de Navidad. Cuando llegamos después del servicio de la iglesia, comenzamos a ver que la Nochebuena era la noche de gran celebración, no el Día de Navidad. La fiesta de Navidad con pavo y todos los acompañamientos estaba preparada para la medianoche, seguida por la apertura de los regalos, el quebrar la piñata, y hacer sopa y tamales para el día siguiente.

¡Fue una celebración de toda la noche sin dormir! Aguantamos hasta la 1:30 de la madrugada solamente. Esta manera de celebrar fue un gran cambio de la manera como lo habíamos hecho normalmente en Navidad, pero fue divertido establecer nuevos recuerdos.

Lo irónico del cambio es que te ves a tomar una de dos decisiones: ¿Vas a hacer lo mejor en dónde te encuentras en tu “nueva normalidad”, o te vas a encerrar en una concha y luchar contra el cambio, pateando y gritando? He hecho ambas cosas. Los primeros dos años en México, constantemente le preguntaba a Dios cómo podría Él jamás usarme, una mujer que no podía entender una oración en español más que una niña de tres años.

En un momento dado, llegaron tantos cambios simultáneamente que no estaba segura de poder mantener mi cabeza fuera del agua. Mi autoestima, mi seguridad en mí misma cayó a plomo. Finalmente, después de mucho luchar con Dios y conmigo, hice una decisión. No permitiría que estos cambios me paralizaran. No era una experta en cómo moverme a través de ellos, pero estaba apegada a la Biblia y a las promesas de Dios para lograrlo.

El cambio no era nada nuevo para el Apóstol Pablo. Cuando escribió el libro de Filipenses (el libro acerca del gozo), estaba en prisión. ¿Cómo podía alguien que había pasado a través de tantos cambios escribir estas palabras? Estaba enfocado en la persona correcta. En Filipenses 1:27 Pablo escribió, “Pase lo que pase, compórtense de una manera digna del evangelio de Cristo”.

Recientemente leí una cita de Charles Swindoll que los Tigres de Detroit habían pintado en su estadio: “La vida es 10 por ciento lo que me sucede, y 90 por ciento de cómo reacciono ante ello”.

Filipenses 2:14 lo dice muy claro: “Háganlo todo sin quejas ni contiendas”.

Si alguien tenía motivos para quejarse de su cambio, ése era Pablo, quien permaneció día tras día en una sucia prisión infestada de ratas, con comida que ni siquiera a los animales satisfacía. ¿No crees que él querría quejarse al menos un poquito? Por supuesto, él podía, pero escogió no hacerlo, por el amor de Cristo. Con frecuencia, quiero quejarme sólo un poco… o un mucho. A decir verdad, soy muy buena para eso, y he tenido mucha práctica. Pero los versículos 15 y 16 siguen diciendo, “para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada. En ella ustedes brillan como estrellas en el firmamento, manteniendo en alto la palabra de vida.”

Pablo fue un ejemplo de alguien que tiene la perspectiva correcta acerca de lo que estaba pasando a su derredor. Al final de su carta a los Filipenses, Pablo escribe una sentencia maravillosa. En Filipenses 4:12, escribe, “He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez”.

Que desafío para nosotros. ¿Tenemos la fuerza y el valor para vivir vidas de satisfacción dondequiera que Dios nos haya puesto? Sin Él, estaremos buscando constantemente la siguiente cosa que aparentemente nos conduzca a la paz. Sólo cuando mantenemos nuestro enfoque y confianza en Cristo y Sus propósitos para nuestras vidas, que podemos, en medio del cambio, tener ese contentamiento pleno de paz.

El cambio no tiene que ser algo malo. Siempre habrá cambios en nuestras vidas; algunos de esos cambios serán más fáciles de aceptar con los brazos abiertos, y otros cambios nos harán sentir como si nuestros corazones se estuvieran rompiendo. Los cambios pueden ser nuestra más grande aventura. Los cambios pueden engrandecernos y darnos profundidad. ¡Acepta la aventura! ¡Acepta los cambios!

 

LAURIE L. YOST es autora de “Stumbling Along: One Woman’s Journey of Falling into Embarrassing and Hilarious Moments (Tropezando: El Viaje de una Mujer Cayendo en Momentos Embarazosos e Hilarantes)” (fmchr.ch/lauriey). Visita laurieyost.com para conocer más acerca de sus charlas y escritos

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