Cambios, Cambios y más Cambios

Estoy convencido que buena parte de las Iglesias en Estados Unidos, incluida la Iglesia Metodista Libre, necesita cambios, cambios y más cambios. Un rápido vistazo a lo que está sucediendo alrededor de nosotros y entre nosotros debería ser razón suficiente para convencernos de que la iglesia simplemente necesita cambiar. En los Estados Unidos, la mayoría de las denominaciones van en declive y algunas de ellas tendrán que “levantar la cabeza” pronto o van a “estrellarse y a arder”.

Las denominaciones que están creciendo en los Estados Unidos, como la Iglesia Metodista Libre, en el mejor de los casos muestran un crecimiento moderado. Sin embargo, si miramos más de cerca, esto no es tan alentador. La mayor parte de estas iglesias están creciendo gracias a las nuevas instalaciones, ministerios “externos” y el alcance a un número creciente de grupos étnicos. Al mismo tiempo, un alarmante número de iglesias existentes (la mitad o más) están “estancadas” o van en serio descenso. Por lo tanto, incluso para denominaciones que están “creciendo”, muchas Iglesias locales se dirigen a la clausura, a menos que algo cambie, a menos que ellos cambien.

¿Por qué esto es tan alarmante? ¿Qué hay de malo con solo mantenerse? ¿En qué parte de la Biblia dice que el cambio es bueno y que más cambio es aún mejor? Bueno, retrocedamos un paso hacia atrás, respiración profundamente y observemos cuidadosamente estas preguntas.

Primeramente, tengamos en cuenta lo que ha sucedido en otras partes del mundo. En África, por ejemplo, al inicio del siglo XX, el 2% del África Sub-Sahariana se podía llamar cristiana en cierta forma. Luego, inició el movimiento de los misioneros modernos y en menos de 100 años, más del 50% de esa misma región se ha convertido al cristianismo. El movimiento de Jesús ha experimentado un crecimiento exponencial. La misma historia sucedió con América del Sur y gran parte de Asia en el mismo periodo.

En otras palabras, durante el siglo 20 en la mayor parte del mundo, la “iglesia” se multiplicó increíblemente. Sin embargo, en nuestra parte del mundo, la “iglesia” cojea. Esto produce otra pregunta: ¿Qué experiencia de nuestra iglesia sigue más fielmente la historia de la iglesia que leemos en nuestras Biblias? Revisa el internet si así lo deseas, pero pienso que la respuesta es obvia. Cuando comparamos la historia del mundo y la historia de la Biblia con lo que está sucediendo en América, podemos darnos cuenta que la iglesia en América debe cambiar y después cambiar un poco más.

No estoy hablando de cambiar por cambiar, ni estoy asumiendo que cualquier cambio sería bueno. Tampoco lo hace la Biblia, que describe el tipo de cambio que la iglesia—nuestras iglesias— debe hacer.

Por supuesto, empezaremos con Jesús. Cuando fue el tiempo correcto, Jesús entró en escena e hizo un gran llamado al cambio. Él declaró que el tiempo había llegado, que el reino de Dios había llegado y en respuesta, Él hizo el llamado a todas las personas en todos los lugares al “arrepentimiento”. El “arrepentimiento” nunca ocurre sin un cambio. Cambio en la manera de pensar, en la dirección que toma la vida y en el corazón, no solo en los primero pasos sino en la obediencia continua en un camino de vida totalmente diferente. Cambio, cambio y más cambio.

De inmediato Jesús empezó a invitar a las personas a seguirle. Las personas no vinieron a él, al contrario, Él fue a ellas, interrumpiendo sus vidas con un llamado para seguirlo. Imagina los cambios de aquellos primeros seguidores que habían estado pescando con familiares y amigos, que nunca pensaron que harían algo diferente hasta que escucharon “sígueme”. Más de una vez hemos leído algo como esto: “se levantaron, dejaron sus trabajos, sus amigos, y hasta a sus familias y le siguieron”—no solamente por una hora o una tarde, sino por todo su futuro. De hecho, ellos empezaron un viaje con más cambios de los que podemos contar.

Una vez que un grupo pequeño empezó a seguir a Jesús, siguieron los cambios. El grupo de seguidores se convirtió en un grupo compacto. Unos de otros, empezaron a aprender para el trabajo y la vida, recibieron enseñanza y practicaron nuevas formas de relacionarse con amigos y enemigos, por mencionar solo algunos de los cambios.

Uno de los cambios más profundos fue el llamado de Jesús a unirse con Él en su ministerio público, que con el tiempo se extendería hasta los confines de la tierra. En otras palabras, su “conversión” no sólo les trajo a una intimidad con Jesús y sus seguidores— sino que tomó prioridad incluso por encima de sus familias naturales e incluyó participación en la misión de Jesús. Jesús vino a hacer algo y seguirlo a Él significa unírsele en lo que sea que vaya a hacer. Así que, nuevamente, imagina los cambios envueltos en el aprendizaje para orientar y organizar la vida en torno a lo que Jesús vino a hacer. ¿Puede haber algo que permanezca por tanto tiempo? Esos cambios fueron pensados no sólo para los primeros discípulos.

 

Enviados por Jesús.

En Lucas 10:1-20, Jesús envió a 70 (o quizá fueron 72) a varios lugares. Estos no eran los 12 apóstoles, que fueron enviados antes (Lucas 9:1) sino otros que fueron después. Yo creo que Jesús los envió a hacer las cosas que Él espera que la iglesia haga—no solamente los pastores y misioneros sino todos los miembros de la iglesia. No les puedo dar una relación completa de los que les manda a hacer pero observa lo siguiente:

  • Él los envió de dos en dos a decir y hacer lo que Jesús dijo e hizo. A donde fueran, su misión era dar a conocer el mensaje de Jesús entre las personas.
  • No había suficientes recursos para hacer lo que Jesús les pedía: ni suficientes obreros ni suficientes recursos. No había lo suficiente de nada. Pero eso no debía desalentarlos, aun así ellos debían ir. Evidentemente, la falta de los recursos suficientes no es una excusa, ya sea personas o dinero. Esa es la realidad.
  • Cuando ellos experimentaban su falta de personas o recursos, debían orar que el Señor les supliera lo necesario. Ellos cumplían su misión dependiendo totalmente del Señor.
  • Ellos encontrarían oposición, peligros y amenazas. Jesús dijo que los enviaba como ovejas en medio de lobos, sabiendo que las ovejas les temen a los lobos. Aun así, los envió y esperaba que ellos fueran.
  • Se les dijo que esperaran cierto rechazo. Si los lobos no les dañan, otros podrían hacerlo.
  • Ellos tendrían el poder, la autoridad, por no mencionar los recursos, los van a necesitar, si van orando por ellos y dependiendo del Señor de la mies.
  • Elos fueron en esas circunstancias y volvieron maravillados y con regocijo, reportando que incluso los demonios se les sujetaban.

Notemos los elementos de cambio, declarados o implícitos en todo lo que Jesús dijo. Imaginemos estar sin recursos, enfrentando lobos, ser rechazado por algunos o por muchos. y aun así, ir. Los cambios en la típica psique humana como las privaciones, un miedo genuino al peligro de muerte, el probable rechazo y posibles lesiones y muerte no los detuvo de seguir las instrucciones de Jesús.

Probablemente estarás pensando que estas palabras no son para todos los cristianos en todos los lugares y todos los tiempos. Aun así, los evangelios terminan en que las palabras de Jesús se aplican a todos los seguidores de Jesús en todo momento y en todo lugar. Estas palabras hablan de hacer discípulos y enseñarles a hacer todo lo que Jesús les enseñó a los primeros discípulos.

Los detalles pueden variar pero en general, el perfil que se requiere es de cambios, cambios y más cambios.

Por su misma naturaleza, entonces, seguir a Jesús conduce a continuos cambios de uno u otro tipo y por lo tanto, de vez en cuando, es de esperar que la iglesia necesite cambios, cambios y más cambios. El punto de dichos cambios no es solamente engrandecerse y hacer un espectáculo— sino de encontrar maneras de declarar y demostrar la realidad de la vida bajo el señorío amoroso de Dios. Jesús los envió a llamar a otros a su reino siguiéndolo. En el proceso, las personas y los lugares fueron cambiados. De hecho, a lo largo de la historia de la iglesia, las personas que han cambiado han llevado los cambios a dondequiera que van. Eso siempre ha sido la norma y el plan de Jesús nuestro Señor para Su pueblo llamado iglesia.

 

Un Seguir Verdadero

¿Qué debemos hacer cuando la iglesia no participa o falla en la misión de Jesús? ¿No es cierto que literalmente debamos elegir entre cambiar o morir? Bajo esas circunstancias, ¿no te parece que la iglesia necesita cambios, cambios y más cambios?

¿Cómo podemos comenzar a cambiar hacia un verdadero seguimiento y hacia la visión que Jesús tiene para cambiar el mundo mediante su pueblo que ya ha sido cambiado?

Jesús comenzó con un llamado al arrepentimiento. ¿No deberíamos nosotros hacer lo mismo? Si tu iglesia está muriendo, ¿no te gustaría que fuera diferente? Si es la misma vieja historia domingo a domingo, si los visitantes raramente aparecen, y hay visitantes que rara vez regresan ¿No te gustaría que algo cambiara? En serio, considera la necesidad de un cambio y pregúntale al Señor de la Iglesia dónde debes empezar con los cambios.

Jesús envió a las personas por delante de donde el intentaba aparecerse. ¿A dónde te envió Jesús? Una buena pista sería, ¿Dónde te desenvuelves regularmente? ¿Podrías no estar ahí por casualidad o accidente? Otra buena pista sería considerar a las personas a tu alrededor que están más necesitadas, rechazadas, en pobreza, lastimadas o que tienen alguna desventaja. Jesús los ama tanto como a nosotros así que pídele al Señor que te ayude a ver, después toma un paseo. Pídele al Señor que te ayude a escuchar, luego empieza un “paseo para escuchar” dondequiera que vivas, trabajes o juegues y ve lo que sucede.

Jesús envió a las personas juntas, así que la iglesia necesita cambios, cambios y más cambios. Comparte tu carga (tendrás una carga cuando empieces a considerar todos estos cambios) con otros seguidores de Jesús. ¿Qué pueden ver entre todos? ¿Qué pueden escuchar? ¿Qué pueden hacer juntos? Conversen acerca de esto y luego inviten a Jesús a ser parte del conjunto. Y miren lo que pasa.

Jesús dijo que hiciéramos de nuestra incapacidad nuestra agenda de oración frente a lo inmenso de la misión. Oremos que el Señor de la mies envíe… lo que haga falta. Conozco personas e iglesias que se tomaron a Jesús en serio y los cambios empezaron a notarse. Eso hizo toda la diferencia.

Jesús les dio su poder y autoridad. Les dijo que anunciaran su presencia y poder. Podemos hacerlo de muchas maneras, por ejemplo, contando el testimonio de nuestro encuentro con Jesús, buscando oportunidades de hacer nuevos amigos y orar por ellos y bendecirlos, y encontrando lo que las personas que nos rodean necesitan y luego hacer algo con eso. ¡Mira lo que sucede!

¿Qué pasaría si tú, junto con otros comenzaran a pensar seriamente en abrazar dichos cambios a fin de orientar sus vidas más plenamente en torno a la Persona y obra de Jesús?

Hace un par de años, nuestra iglesia en Erbil, Irak, estaba “atascada”. La iglesia era un pequeño grupo de cristianos luchando por mantenerse en una cultura hostil. Era evidente que no tendrían éxito por mucho tiempo. Luego, luego, ante la fuerte insistencia de sus superiores, decidieron mudarse. Literalmente, se trasladaron al lado opuesto de la calle donde estaba un campamento de refugiados lleno de personas expulsadas de sus hogares por el ejército islámico (ISIS). La iglesia se movió y comenzó a hacer lo que pudiera con esas personas. Hicieron amigos, conocieron sus necesidades, ofrecieron ayuda. Se convirtieron en “siervos” para los necesitados. La iglesia cambió, cambió y cambió en respuesta al llamado de Jesús de unírsele en el ministerio con gente necesitada. Mientras escribo, acabamos de tener un servicio en un nuevo edificio lleno de gente, nuevas vidas y todo tipo de esperanzas para esa parte de la ciudad.

Eso puede pasar en donde tú vives. Podrían ser esos tipos de cambios que mencioné anteriormente los que nos lleven a más y más. Puedes cambiar, las personas de tu iglesia pueden cambiar, y los que están al cruzar la calle pueden cambiar. Tú y tu iglesia podrían ver lo que sucede.

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