Bienaventurados los que se Someten a la Voluntad de Dios

“Bienaventurados son los deficientes en espíritu, fuerza y valor, porque ellos heredarán la tierra”

Al leer lo anterior, probablemente pondrás tu mente en acción preguntando quién habrá dicho tal cosa. ¿Te sorprendería si te dijera que fue Jesús? ¿Te sorprendería aún más si añadiera que Pablo describe a Jesucristo, quien murió en la cruz por toda la humanidad, como deficiente en espíritu, fuerza y valor?

A Dios gracias, no necesitas creerlo porque no es verdad; no puede ser verdad. Lo que realmente dijo Jesús fue, “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5 RVR1960). Lo que verdaderamente dijo Pablo fue, “Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y la ternura de Cristo” (2 Corintios 10:1 RVR1960)

Culturalmente, hemos hecho de la mansedumbre un sinónimo de debilidad. De hecho, la idea de ser “deficiente en espíritu, fuerza y valor” viene de la definición de mansedumbre (en inglés: meek, del diccionario en inglés Merriam-Webster. Es claro que no es la definición que Jesús deseaba, entonces ¿qué quiso decir?

La respuesta yace no en nuestra sabiduría convencional sino en la raíz de la palabra originalmente usada por Jesús: praus. Esta palabra, junto con sus variantes, era usada por los griegos para denotar un caballo de guerra cuya energía no estaba mermada, sino controlada, y preparada para los propósitos de la batalla. Como una persona con años de experiencia trabajando y ayudando a entrenar caballos, esto resonó en mí y me provoca a escudriñar un ejemplo moderno para mansedumbre mostrada por medio de los caballos.

Entrenar a un caballo es en algunos aspectos como entrenar a cualquier otro animal. Llegan llenos de energía, excitación y fuerza — todo aquello que tú estás tratando de contener. Al mismo tiempo, un caballo es diferente en que, si un perro que estás entrenando le brinca a un invitado en la puerta, las consecuencias son mínimas, pero si un caballo lo hace, bien, lo que deberías esperar es no estar cerca. Entrenar a un caballo requiere mucho tiempo, energía y paciencia tanto de tu parte como del caballo. Como entrenador, tu meta es no despojar al caballo de su fuerza y energía, sino controlarla. El caballo, a su vez, deberá aprender que tú das instrucciones y qué conducta es o no es aceptable. El caballo debe modelar su conducta a partir de la del jinete. Al progresar un caballo en su entrenamiento, comienza a crecer en fuerza. pero con una fuerza controlada, no dirigida por su propia voluntad, sino por la voluntad del jinete.

La voluntad del caballo es importante en el entrenamiento de un caballo. Todos los caballos tienen fuerzas y personalidades únicas. Algunos caballos son juguetones, otros son tímidos, y otros más son sencillamente malos. He trabajado con caballos que aman el ejercicio; otros, no tanto. Al final, no importa qué les gusta o disgusta. Lo importante es que estén sintonizados con la voluntad del entrenador. Tal como nosotros, los caballos pueden tener días en los cuales no desean hacer ejercicio, o están cansados o malhumorados. Una señal de un caballo bien entrenado es que nada de eso importa. Al contrario, un caballo bien entrenado es sumiso a la voluntad de su maestro, no flaquea al enfrentarse a una tarea desalentadora.

Así también nosotros somos llamados a ser sumisos a la voluntad de nuestro Maestro. Cuando Jesús dice: Bienaventurados son los mansos, Él se refiere a nosotros moderando nuestro espíritu y valor a fin de cumplir Su voluntad para el reino. Debemos aprender las indicaciones de Dios y modelar nuestras vidas conforme a la vida de Jesús. Nuestro espíritu y valor no deben ser debilitados por Dios, sino por el contrario fortalecidos en Él y usados en sumisión a Su voluntad.

Yo entrené y competí en el deporte de salto ecuestre. Entrenar un caballo de salto involucra y adiciona niveles de complejidad que parten del hecho de que los caballos de salto típicamente no son tiernos, inmaduros (sin experiencia). Al contrario, fueron entrenados o trasplantados de otras disciplinas. Muchos caballos de salto de alto nivel fueron originalmente entrenados para deportes tales como la doma de exhibición, en los cuales las instrucciones con las piernas son vitales hasta para el más pequeño movimiento. En el salto, sin embargo el método de control es completamente diferente. De hecho, la persona que controla al caballo incluso no está sentada en su lomo, al contrario, desde 20 pies antes (un poco más de 6 metros) están unidos sólo por una cuerda conectada al freno del caballo sin más ayuda que un látigo colgante. La forma que el caballo debe aprender a pensar cuando se convierte en un caballo de salto es drásticamente diferente. Considerando que antes fue entrenado para reaccionar al más mínimo cambio en la presión de las piernas o al más leve tirón de las riendas, ahora debe ignorar todo lo que sucede en su lomo y poner atención sólo a las instrucciones que le son transmitidas por medio de su freno.

En muchas maneras, en nuestro caminar con el Señor, así es como Cristo nos enseña. Al conocer de Él y Sus enseñanzas, y creer en Su salvación, debido al hecho de que somos humanos, porque somos caídos y porque hay pecado en el mundo, en ocasiones Dios tiene

que reentrenarnos. En ocasiones Él nos enseña nuevas instrucciones, las cuales parecen imposibles de aprender a causa de haber estado atrapados en nuestras viejas formas, pero si somos mansos en espíritu — moderando nuestra fuerza en concordancia con y en sumisión a Su voluntad — heredaremos la tierra.

Bienaventurados son los moderados en espíritu, fuerza y valor, porque ellos heredarán la tierra.

Kaleb Patterson, es estudiante en el Colegio Middlebury, fue competidor en salto ecuestre ranqueado internacionalmente de 2014 a 2017. Asiste a la Iglesia Metodista Libre Warm Beach en Stanwood, Washington.

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