Asociándonos Con Otros Que la Ciudad Prospere

Caldwell, Idaho es una ciudad bien cuidada, con un gran alcalde. La ciudad alberga exitosamente nuevos negocios. La población de Caldwell creció en forma explosiva en 78% durante la última década. 50,000 personas ahora consideran a Caldwell como su casa.

Una viuda llama a la oficina del alcalde cuando le es imposible salir de su casa a barrer la hojarasca. La ciudad hace casi todo para evitar aplicar los reglamentos en los barrios más pobres. Hay algunas organizaciones de servicio que ayudan a la gente, sin embargo, no existe una forma sencilla de conectar voluntarios dispuestos a colaborar con proyectos locales.

Una tragedia nos pone en mo-vimiento. Un pequeño de 5 años que jugaba con un encendedor prendió fuego a la casa de su familia hasta convertirla en cenizas. El niño fue trasladado por aire a la ciudad de Salt Lake en condiciones graves. Al ver el reporte noticioso, yo pensé: “Eso no sucedió lejos de la iglesia. Debemos conectarnos con ellos”.

Tres días después, el vecino que había sido entrevistado en las noticias llamó a la iglesia. Yo acepté reunirme con él en su casa al otro lado de la calle en donde se había producido el incendio. Mientras conversábamos acerca de lo que podíamos hacer para ayudar, le pregunté cuántas iglesias se habían puesto en contacto, sin perder su tono de voz, me contestó: “Todas”.

“¿Y cuántas de ellas están prestando ayuda?” Pregunté, yo había pensado coordinarme con algunas de ellas.

“Ustedes son los únicos”, dijo.

Esta tragedia puso al descubierto simas enormes en el reino. Estoy tan orgulloso de mi iglesia por dar un paso al frente y ver que la generosidad reina, pero durante meses de estar auxiliando a su familia, pensábamos cuál sería la razón de que éramos los únicos. ¿Había llamado el vecino efectivamente a las otras 51 iglesias? ¿Realmente habían respondido todas ellas: “No, muchas gracias?”

Mi esposa Sharon y yo comenzamos a darnos cuenta de cuán pocos compañeros pastores conocíamos. Habíamos sido co-pastores durante casi 7 años y conocíamos a un puñado de ellos. A ninguno conocíamos bien. Estábamos totalmente desconectados en dos frentes importantes de nuestra fe.

Primero: Tuvimos qué descubrir la manera de hacer encajar al creyente “encontrado” con el “encontrado”. En el contexto de Caldwell, la mayoría de las iglesias, se veían unas a otras como la competencia en lugar de considerarse como aliadas. La “Iglesia” de Caldwell estaba muy ocupada protegiendo el individualismo en lugar de promover nuestro vínculo común en Cristo. La justicia estaba engranada por la distinción denominacional en vez de estarlo con los actos de servicio desinteresado. Los pastores necesitaban ser unidos, amigables, asociados y transparentes.

Segundo: La ciudad tenía necesidad de siervos — no solo de organizaciones de servicio — vinculados con oportunidades de involucrarse en el trabajo con otros.

En oración, comenzamos a crear un movimiento cooperativo entre las personas no alcanzadas, sin una fe básica, una fe formal, una fe antigua, y una fe al rojo blanco. Estábamos convencidos de que tendríamos un espíritu de unidad que vendría mediante el servicio a otros y sirviendo a nuestra ciudad unidos. La idea — si funcionaba — podía partir en dos no solo las ba-rreras y desviaciones denominacion-ales, así como las divisiones sociales, económicas y culturales. Concluimos que si creábamos otra entidad Cristiana de no lucro podríamos hacer más mal que bien. Especialmente si nuestra meta era atraer siervos de fuera de la iglesia y mostrar a nuestra ciudad lo que es el corazón de un verdadero discípulo. Un discípulo es un siervo.

Un pastor bautista comprendió nuestra incertidumbre y sugirió una solución — crear una organización cívica formada con creyentes. Una organización externa en la que los miembros de la iglesia pudieran experimentar la libertad de ser verda-deramente la iglesia.

Jeremías 29:11 es una porción bien usada de la Escritura que abunda en la promesa: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes — afirma el Señor —, planes de amistad y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. Pero raramente citamos Jeremías 29:7: “Busquen el bienestar de la ciudad a la que los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad”.

Evangelismo con Sudor

Se convirtió en nuestro más fer-viente esfuerzo reintroducir la ciudad (aka perdida) a los verdaderos creyentes (aka encontrados) por medio de la participación en actos de servicio que hicieran prosperar la ciudad. Llamémosle evangelismo con sudor, para un cristiano ferviente. ¿Qué mejor oportunidad hay de trabajar al lado de una persona que no tiene fe mientras que convierten a la ciudad en un mejor lugar en dónde vivir y trabajar?

Amar a Caldwell es un patrón que no se puede comparar con Amar a Portland, en Oregon, y amar a Modesto, en California. Posiblemente lo que hace diferente Amar a Caldwell es que no es un evento anual, o un “énfasis” sino un continuo llamado, sutil, abierto a cualquier persona a servir a la ciudad con amor. Aprovechamos las oportunidades de trabajo y servicio, y animamos a las personas a dar de su tiempo y energías para convertir a Caldwell en una mejor ciudad. Los ciudadanos se acercan de buena voluntad cuando (a) se les toma en cuenta (b) cuando hay un motivo razonable, y (3) se dan cuenta cuando el trabajo ya está terminado.

Según dice el Pastor Timothy Keller: “Si buscas el poder en lugar de servir, nunca conseguirás el poder. Pero si buscas servir en lugar del poder, el pueblo te dará el poder. Te pedirán tu opinión. Te darán influen-cia. Tienes que estar presente en lugar de apropiarte del poder”
(fmchr.ch/timkvid).

Lo estamos viviendo. Servir — en colaboración con los de adentro y afuera de la iglesia — sin duda abrirá puertas que nunca pensaste que se abrirían. Amar a Caldwell funciona bien con la oficina del alcalde. Cuatro de cinco comisionados nos han buscado porque han visto en nosotros personas dispuestas a servir.

Nosotros adoptamos proyectos para la Oficina del Condado Canyon, para ancianos. Inclusive nos han solicitado servir en la Junta de la Asociación de Negocios de Caldwell. Este año, la ciudad nos ha pedido a Sharon a mí que seamos parte del jurado para el desfile de la Navidad. Toda oportunidad orquestada por Dios es una conexión potencial y una oportunidad de servir a Jesús.

Comiendo Juntos

Amar a Cadwell organiza una comida gratuita de caldos y panes caseros el último miércoles de cada mes. Aunque su meta no es para alimentar a los indigentes, la fecha fue escogida estratégicamente porque al fin de mes las vitrinas casi siempre están vacías. Se ha convertido en un atractivo increíble entre ricos y pobres, los que tienen educación formal y los que no la tienen, los tomadores de alcohol y los que solo disfrutan la vida. No hay nada que pueda unir a una comunidad de manera más rápida que comer al lado de desconocidos.

Tú puedes quejarte de la cultura. Puedes comprometerte con la cultura. Puedes inclusive tratar de controlar la cultura. O puedes trabajar para formar una nueva cultura.

Si eres llamado a una asociación que aún no existe, fórmala tú mismo, si te desanimas, lee a B. T. Roberts, y luego “Iglesia Descalza”, de Brandon Hatmaker.

Estamos experimentando nuevas amistades con personas muy alejadas de Dios y con nuestros hermanos creyentes. Servimos hombro con hombro, y lo disfrutamos.

Visita fmchr.ch/idahopress para leer la información de la prensa sobre Ama a Caldwell.

 

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