Dos Preguntas que Todo Cristiano se Debe Hacer

Todo comenzó con dos sencillas preguntas.

Hace quince años, mi esposo era un médico prestigiado en la cúspide de su carrera. Le gustaba mucho cuidar de sus pacientes, también le gustaba cuidar a nuestros dos hijos, Clark y Emma. Pero algo no encajaba, teníamos todas las cosas buenas que supuestamente debían darnos la felicidad. Sin embargo, nos sentíamos vacíos por dentro.

Luego, durante una vacación familiar, justo después de enviar a los niños a la cama, hice dos preguntas que cambiarían para siempre nuestras vidas.

“¿Cuál crees que es el problema más grande que el mundo enfrenta el día de hoy?”

La respuesta de Matthew fue algo totalmente inesperado: “El mundo está agonizando”.

A nosotros nos preocupa el futuro, de modo que seguí con una segunda pregunta más difícil: “Si el planeta está agonizando, ¿qué haremos al respecto?”

Mi esposo no tuvo una respuesta inmediata. Pero un par de meses después, finalmente retomó el tema – con una respuesta para la que yo no estaba preparada:

“Dejaré mi trabajo”, dijo: “y pasaremos el resto de nuestras vidas sirviendo a Dios y ayudando a salvar al planeta”.

Mi respuesta fue: “¿Estás seguro que tenemos que llegar a ese extremo?”

La sola idea me horrorizaba. Yo entendía que era importante reciclar y poner basura en su lugar. Pero ¿hacer a un lado esa carrera que mi esposo amaba tanto, así como los ingresos seguros y la estabilidad que traían consigo “para servir a Dios y salvar al mundo?”

Se me revolvió el estómago de sólo pensar en lo que podíamos perder—nuestra casa, nuestras vacaciones o nuestro status dentro de la comunidad. La parte egocéntrica de mí comenzó a quejarse: ¿Qué pasará con los diez años de escuela y residencia por los que hemos pasado? ¿Va a echar al bote de la basura todo aquel entrenamiento?

Luego estaban las preocupaciones prácticas: Los hijos estaban llegando a la adolescencia, la universidad ya estaba a la vuelta de la esquina. ¿Qué posibilidad teníamos de ahorrar suficiente dinero para pagar por su educación si nuestros ingresos iban a bajar repentinamente a cero? Por tal razón. ¿Tendríamos comida para poner sobre nuestra mesa?

Lo que siguió fue un tiempo de mucha tensión, lleno de ansiedad y deseos en conflicto. Andar en la fe puede oírse muy bonito—cuando se trata de otras personas y al final todo sale bien—pero me sentía aterrorizada de dar siquiera el primer paso. La gente nos pregunta si tuvimos alguna discusión. ¡Por supuesto que las tuvimos! Mentiría si dijera que no levantamos la voz o que no hubo noches de insomnio, pero gradualmente llegué, si no a la paz, sí a la aceptación de la nueva dirección que tomaría nuestra vida. La transición—tanto emocional como espiritual y física — tomó unos dos años.

Una de las primeras cosas que hicimos fue medir nuestra huella ecológica. Siempre habíamos pensado que éramos buenos mayordomos. Pero cuando llegamos a calcular el uso total de nuestros recursos, encontramos que estábamos en el promedio exacto de los estadounidenses, y que estábamos usando seis veces más energía que nuestros semejantes alrededor del mundo.

Así, seguimos el consejo de Jesús sobre remover primero la viga de nuestro ojo (Mateo 7:3-5, Lucas 6:41-42) y comenzamos a limpiar nuestra casa antes de preocuparnos por limpiar el resto del mundo. Durante los siguientes dos años simplificamos nuestro estilo de vida, deshaciéndonos de la mitad de nuestras posesiones—donamos lo suficiente para llenar un camión de carga, encontramos familias que aceptaran nuestras reliquias sentimentales de familia y regalamos la mayor parte de nuestros libros a bibliotecas que habían sido destruidas por el huracán Katrina.

Como cualquier programa para perder peso, que no lo vuelve a recuperar—pero luego se recupera algo—es la verdadera prueba del éxito, así que borramos nuestros nombres de las listas de envíos por catálogo, evitamos ir a los centros comerciales. Y lo más importante, comenzamos a observar un día de reposo un Sabbath.

El Sabbath no es como cualquier otro día; tienes que prepararte para eso. Los sábados los niños nos ayudaban a limpiar la casa y hacían sus tareas de la escuela. Los domingos caminábamos hacia la iglesia y luego pasábamos el tiempo leyendo, descansando, orando y jugando al aire libre en la creación de Dios. Nos desconectábamos, jugábamos Scrabble, y conversábamos. Posiblemente más que cualquier otro cambio, este ritmo de la vida bíblico de 24/6 redujo nuestro impacto en el planeta ayudándonos a sentirnos contentos.

Eventualmente vendimos nuestra enorme casa y nos mudamos a una del tamaño de nuestro antiguo garaje. Sembramos algo menos un cuarto de hectárea con flores silvestres en lugar de sembrar césped. Instalamos un tendedero para secar ropa y desechamos la secadora eléctrica. Nuestro jardín se duplicó, luego se triplicó en tamaño; enlatamos vegetales y plantamos cebollas y patatas suficientes para el invierno. Captamos el agua de lluvia del techo e instalamos válvulas aspersoras de baja presión. Nuestro uso de energía bajó en más de dos tercios, y nuestra producción de desechos en nueve décimos. Al mismo tiempo, la vida de fe de nuestra familia se unificó. Mientras más “renunciamos” a otras cosas, más ricos nos hicimos.

Ha sido muy interesante la manera en la que nuestros hijos, ya adultos, han adoptado el cuidado de la creación. En muchos aspectos, de una manera más profunda que nosotros. Clark se casó con su novia de la Universidad Asbury, puesto que ambos se están preparando para servir en el campo misionero médico, él y Valerie viven vidas muy sencillas—no tienen TV ni esos artilugios llamados aplicaciones, su consumo de electricidad es aún más bajo que el nuestro. Clark utiliza una bicicleta para llegar a su trabajo. Casi todo el tiempo secan su ropa al sol. Con sus ojos puestos en Dios. Intencionalmente, ellos han limpiado la dirección del típico estilo de vida médico, Nunca he conocido a nadie que ame a los árboles más que Clark.

Emma trabaja para nuestra organización no lucrativa: “Tierra Bendecida”. Estando su esposo en el Seminario. Ella se ha vuelto una experta en salvaguardar lo verde mientras adopta lo verde. Emma ha envasado miles de litros de productos cultivados en su jardín, pero la mayor parte de sus ahorros provienen simplemente de hacer a un lado la cultura consumista estadounidense—no tener internet significa no hacer compras impulsivas en línea; no vacaciones o hobbies costosos significa más tiempo para la familia, amistades y Dios. Es una cocinera mucho más paciente que su maestra (o sea, yo), Emma prepara una excelente pasta de pan de comunión para la iglesia cada domingo con una cruz grabada en la corteza.

Matthew y yo ahora vivimos en el pueblo, en una casa de 6 metros de ancho, lo que significa que hay menos necesidad de limpieza y mayor libertad para responder al llamado de Dios. A través de nuestra organización no lucrativa, nosotros enseñamos y escribimos acerca de la sencillez, la sustentabilidad y el Sabbath. Nuestros hijos, la oficina, el mercado, la estilista, el dentista, la biblioteca y casi todo lo demás están a corta distancia de donde nosotros estamos. Todas las semanas nos reunimos para cenar juntos los viernes, (literalmente) abriendo nuestra mesa a amigos, antiguos y actuales.

Hace años, dos preguntas—hechas por Dios—lanzaron a nuestra familia a esta aventura.

Hoy, al tomar cualquier decisión o hacer alguna compra, nos hacemos de nuevo dos preguntas: ¿Con esto me acerco más a Dios? ¿Me va a servir para amar a mi prójimo?

La respuesta siempre nos conduce al camino correcto.

Consejos prácticos para una Navidad más Tranquila, Sencilla y Sana           

El primer paso para celebrar la Navidad de modo que respetemos la creación y honremos al Creador es cambiar nuestra mentalidad. En efecto, la publicidad puede hacernos creer que la celebración de una verdadera Navidad requiere una montaña de regalos debajo de un árbol hermosamente adornado. Aún nuestros amigos y familiares nos pueden presionar para que seamos indulgentes con los excesos de las fiestas solo porque así es como lo hemos hecho siempre.

Si eres como yo, de seguro has experimentado en carne propia el estrés navideño—enfrentándote a las tiendas en busca del regalo perfecto—corriendo de cena en cena, y sintiendo pánico por los pagos del mes de enero para las tarjetas de crédito. Según estudios, la “temporada de la alegría” se ha convertido en el tiempo más depresivo del año para algunas personas.

Para recuperar el corazón de la Navidad, comienza simplificando. Siéntate con tu familia antes de la locura de la temporada y conversa sobre la clase de celebración navideña que realmente capture el significado de la fiesta. ¿Qué actividades han tenido siempre un mayor significado en los años pasados? ¿Quién te ha ayudado a experimentar el amor de Cristo durante la temporada de Navidad? En lugar de crear una lista de posibles regalos de Navidad, piensa en la manera de alcanzar a otros. Tu meta debe ser pasar las fiestas con relaciones más profundas en lugar de montañas de papel de regalo, listones y lazos. Gastarás menos dinero, tendrás menos desperdicios qué tirar y más experiencias qué contar en el futuro.

Experimentar la Navidad en una manera diferente, sin embargo, no significa que tienes qué abandonar todas las tradiciones que le han dado tanto significado a la Navidad. Ver hacia atrás, priorizar y eliminar algunos de los excesos es la clave.

A continuación algunas sugerencias prácticas que te serán útiles para comenzar.

Inicia una conversación familiar sobre qué regalar en Navidad. Una familia decidió que cada persona recibiría cada años tres regalos que simbolizaran el oro, el incienso y la mirra que los magos le dieron a Jesús. Cada persona recibió alguna cosa que necesitaba, alguna cosa que deseaba, y una pequeña sorpresa.

Deposita los nombres de los miembros de la familia extendida dentro de un sombrero para que cada adulto reciba solamente un regalo navideño especial. U opta por darles regalos solamente a los niños.

Gasta menos. Se necesita un promedio de seis meses para que el usuario de una tarjeta de crédito termine de pagar las cuentas de la última Navidad.

Compra artículos locales. Revisa tu ciudad en la búsqueda de artículos fabricados localmente. Tu regalo será menos costoso pues no incluirá gastos de transporte. Apoya a los artesanos locales y darás pie a una memorable historia.

Regálales a los que necesitan. Pregunta a tu pastor si hay alguna familia que tenga problemas para pagar sus cuentas de luz, calefacción, etc.

Llena una caja de zapatos con regalos y envíalos mediante alguna organización de beneficencia para niños. Toma un ángel de un árbol de regalos. Escucha historias de alguien que se haya quedado sin empleo o que tenga que pagar facturas médicas y envíale un regalo anónimo.

Regala a ministerios. Selecciona un ministerio que sea importante para todos los miembros de la familia, envía una tarjeta diciendo que una contribución ha sido hecha en su honor. En muchas familias este es el regalo de Navidad más esperado. Es grandemente gratificante cuando alguien se da cuenta qué ministerio está más cerca de tu corazón.

Envía menos tarjetas de Navidad. Si cada familia dejara de enviar una sola tarjeta navideña se podrían ahorrar 45,000 metros cúbicos de papel.

Reduce los adornos, si cada familia tan sólo medio metro de listón, los casi 50,000 kilómetros de listón ahorrado podría servir para rodear el planeta entero con un gran lazo.

Utiliza envolturas ya usadas, como bolsas de tela o bolsas de regalo recicladas. Si cada familia en los Estados Unidos envolviera sólo tres regalos, ahorraría papel suficiente para cubrir 45,000 campos de futbol.

Celebra cerca de tu casa. Si cada familia en los Estados Unidos consumiera un galón menos de gasolina durante la temporada navideña (reduciendo la distancia recorrida en 32 kilómetros de viaje) reduciría la emisión de gases de efecto invernadero en un millón de toneladas.

Considera comprar un árbol natural de algún invernadero local y replantarlo cuando pasen las fiestas. O compra un árbol artificial y ahorra combustible en viajes anuales a los ranchos de árboles; los árboles artificiales tampoco requieren pesticidas.

En lugar de añadir nuevos ornamentos este año, opta por productos comestibles o composta, como cuerdas tejidas de hoja de maíz o de arándano para las guirnaldas. Elaborar las decoraciones de Navidad puede ser una actividad divertida para la familia.

Cambia a luces de Navidad LED. Utilizan energía hasta menos de 100 veces menos y duran unos diez años, o 100,000 horas cuando se usan en interiores.

Haz regalos con propósito. Muchas personas aprecian regalos personalizados hechos en casa en lugar de opciones adquiridas en tiendas. Otra buena idea es regalar un “kit de arranque ambiental”, con productos como focos de alta eficiencia, un cargador de baterías, botellas rellenables, bolsas de tela para el mercado, etc.

Combina los viajes de compras para usar menos combustible. Y recuerda llevar tus bolsas reusables.

Lleva a cabo una acción de servicio. Limpia de nieve alguna entrada de garaje. Haz de niñera para una pareja joven que lo necesite. Regala cupones para limpiar un patio a la llegada de la primavera y del verano. Prepara y lleva a domicilio una comida o una pieza de pan fresco.

NANCY SLEETH, de Lexington, Kentucky, es la autora de “Almost Amish: One Woman’s Quest for a Slower, Simpler, More Sustainable Life” (Casi Amish: La Búsqueda de una Mujer de una Vida más Tranquila, Sencilla, más Sustentable), y cofundadora de Blessed Hearth, una organización ambiental no lucrativa. Newsweek y Christianity Today la han elegido como una de las “50 mujeres evangélicas dignas de ser vistas”.

 

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